La Coctelera

Caffè Reggio

Un lugar de encuentro, para leer juntos

31 Diciembre 2006

¿Una política hermafrodita?, de Muriel Casals en La Vanguardia

La normalidad con la que se aceptan hoy las mujeres profesionales de la política y que una mujer tenga vocación política va a implicar sin duda un cambio en la concepción de la actividad política entendida en su sentido más amplio.

Thorstein Veblen (1857-1929), el economista americano que estudió la civilización capitalista desde una perspectiva antropológica, propone la distinción entre unas actividades que clasifica como proezas o hazañas, por ejemplo cazar o guerrear, y aquellas otras actividades que son trabajos humildes y rutinarios como ensamblar materiales, cocinar. En el contexto, la explicación de Veblen se basa en la observación del comportamiento de las tribus primitivas de las que habíamos heredado la división sexual de las actividades.

Los machos estarían destinados a a realizar hazañas porque "son más fuertes, más corpulentos, más aptos para la tensión repentina y violenta, poseen una mayor propensión a la autoafirmación, a la emulación y a la agresión". Las actividades femeninas son consideradas "de industria o de aplicación" y consisten en un esfuerzo manual realizado por un sujeto, a partir de unos materiales brutos, para crear un objeto nuevo, algo destinado a satisfacer un objetivo. En cambio, la proeza masculina busca un desenlace beneficioso para el agente que la lleva a cabo y consiste en desviar hacia los propios fines unas energías previamente dirigidas a otros objetivos por otros agentes.

Esta sugerente distinción entre actividades (más o menos) épicas que se proponen forzar la voluntad de otros y los trabajos de aplicación que buscan mejorar la vida cotidiana nos sirve para juzgar la actuación política; ¿la gestión es femenina mientras que la ideología es masculina?

Las mujeres que ocupan cargos en los distintos niveles de Gobierno están ahí, en muchos casos, para asegurar la gestión ordenada de la cosa pública. En la asignación de responsabilidades les suelen corresponder aquellas relacionadas con el gasto social, como si las tareas que tienen que ver con la distribución de la renta fuesen femeninas y aquellas otras ligadas al crecimiento económico fueran masculinas. Así, las mujeres han llegado a los ministerios de Bienestar Social y también a los de Defensa mientras los ministerios de Economía o de Industria siguen en manos masculinas. Pero del mismo modo que la calidad del crecimiento depende del esquema de distribución de la riqueza, la política necesita de una visión que reúna la doble perspectiva; no hay gestión sin ideal y la ilusión sin aplicación queda en nada. En la práctica, los valores tradicionales están hoy bastante mezclados: Ségolène Royal y Hillary Clinton están utilizando a fondo su feminidad para emprender la hazaña de conquistar la presidencia de sus países, Tony Blair hace algo parecido para retrasar su retiro. Felizmente, la política se hace hermafrodita.

MURIEL CASALS, profesora de la UAB.

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