Pasado mañana, de Xosé Luís Barreiro Rivas en La Voz de Galicia
LOS GOBIERNOS, como los coches, se devalúan a una velocidad de vértigo. La idea de compararlos con el Ejecutivo -o con el coche- anterior, pierde interés, y lo que hace la gente para recomprarlos es echar mano a las tablas y consultar el mercado de segunda mano. Pasado mañana, cuando empiece el 2007, el Gobierno de Touriño ya no habrá nacido «este año», ni el «año pasado», sino en el remoto 2005, y nadie aceptará que Fraga -¡borrado casi de la política y de la sociedad gallega!- sea responsable de nada.
Los hechos van confirmando poco a poco esta línea, y ya todos tenemos por cierto que la Ciudad de la Cultura es cosa de Ánxela Bugallo, que el Estatuto es cosa de Touriño, que los incendios forestales son cosa de Suárez Canal, y que los trenes, la sanidad, el urbanismo o la vivienda constituyen éxitos o fracasos -según se mire- del Gobierno bipartito. «Galicia es -dijo el presidente- un queso gruyer». Pero desde pasado mañana será ya «su» queso gruyer. Porque se han asumido proyectos muy dudosos con un continuismo exasperante. Porque no se ha levantado ni una sola alfombra de esas que los altos cargos de la Xunta comentan a diario, con enorme escándalo de los oyentes, en los cenáculos del país. Porque el vaso del poder está lleno de agua y aceite -a partes desiguales- que no acaban de transmitir su adhesión a un único proyecto de gobierno. Y porque los hábitos parlamentarios y los comportamientos administrativos -incluyendo la limitación de los altos cargos y la moderación de ciertos gastos- no transmiten la certeza de que en Galicia se haya instalado una nueva cultura política y un sentido más ético y más próximo al ciudadano en el ejercicio del poder.
Sigue siendo cierto que el paso por la izquierda era necesario, y que el aireo de las estancias de San Caetano no se puede hacer en sólo cuatro años. Y también sigue siendo verdad que el PP está haciendo muy poco por llevar a cabo su propia metanoia, para desprenderse de un modelo de gestión que está quedando por los suelos y que pronto se evidenciará como el momento de nuestra historia en el que se despilfarró más dinero público.
El año que viene ya es electoral, y víspera, si las generales no se adelantan, de otro año electoral. Por eso puede decirse que, en materia de grandes proyectos, ya hemos llegado adonde podíamos llegar. Y eso es tanto como reconocer que tenemos un balance del cambio ciertamente magro, en hechos, culturas y costumbres, y que sólo el noqueo del PP explica la euforia indisimulada de los actuales gobernantes. Pero, aunque las cuentas cuadran mal, el poder se asienta y consolida, y lo que ya no se puede hacer en cuatro años, podemos esperarlo en ocho. Feliz 2007.
