Navidad. Es la época en que, como mucha gente, marcho a mi tierra natal para pasar las fiestas con mis familiares. Habrá muchos de los elementos de una navidad tradicional: villancicos, hogares con leña, un buen whisky.
Pero habrá también algunos cambios: conforme vayan pasando los años habrá menos nieve. Es quizás un mensaje del espíritu de la navidad como en la novela clásica de Dickens Cuento de Navidad. Esto es tan solo la antesala de lo que nos depara el futuro si, como nos advertía Mr Scrooge, no cambiamos.
De igual manera ha habido cambios en lo que traemos a nuestra mesa desde los productos que consumimos hasta los que regalamos. Cada vez más gente busca la etiqueta de Comercio Justo en la comida, la bebida y la ropa que compra, hecho que se hace más patente durante las navidades. Las tiendas y las cadenas de grandes almacenes han respondido A esta demanda incrementando la oferta de productos de Comercio Justo.
Honestidad
Hace unos meses, por ejemplo, el Consejero Delegado de Tesco, una de las cadenas de supermercados más importante del mundo, señaló que “la batalla por ganar clientes en el futuro no dependerá simplemente en ofrecer una amplia selección de productos a buen precio, sino en aferrarse a la máxima de ser justo y honesto en todo lo que hacemos”. Otra gran cadena de supermercados acaba de anunciar que, a partir de ahora, todos los plátanos vendidos en sus tiendas –alrededor de un millón cada semana– serán de Comercio Justo.
Comercio Justo significa que los productores tienen un salario garantizado que les puede ayudar a salir de la pobreza. Las ventajas para muchas comunidades en algunos países en vías de desarrollo han sido importantes. En las últimas décadas, los precios de ciertas materias primas han bajado notablemente, situación que ha acarreado problemas considerables para los países cuyas economías se basan en la producción agrícola.
Los consumidores en países desarrollados han sacado provecho de unos precios cada vez más bajos, mientras que los productores han visto sus ingresos caer en picado. El Comercio Justo, sin embargo, les ofrece una salida. Los consumidores pagan precios marginalmente más altos pero que permiten a los agricultores asegurar un salario. En consecuencia, pueden permitirse gastar más en educación, sanidad y medio ambiente, lo cual revierte en su economía de forma positiva.
Sorprender que el Comercio Justo haya sido criticado por la revista The Economist. Ésta argumenta que el precio del café ha bajado por problemas de sobreproducción. Los consumidores, por muy bien intencionados que estén, al pagar por encima del precio de mercado incitan más producción por lo que, al final. la competencia abarata los precios del café –agravando aun más el problema.
Pero este argumento es tan erróneo como decir que dar limosnas a los sin techo aumentaría el número de mendigos. En realidad, la compra de productos de Comercio Justo es un ejemplo del poder del consumidor: es decir, el consumidor deja claro que tiene intereses más allá que el de su propio beneficio inmediato.
Adam Smith, el bisabuelo de la economía del libre mercado no habría cometido el error de The Economist y probablemente habría apoyado el movimiento de Comercio Justo. En la actualidad, Smith ha sido adoptado como hijo predilecto de los partidarios del libre mercado por su libro La Riqueza de las Naciones. Pero en su día Smith fue mucho más conocido por otro libro, un best-seller llamado La Teoría de los Sentimientos Morales.
En él Smith sentencia que “todo para nosotros mismos dejando nada para los demás es una máxima repugnante”. Argumenta que la mano invisible que guía el mercado debería exigir también una mano tendida para ayudar a los más necesitados.
Mejorar la calidad de vida
Lo bueno del mercado libre es que quita poder a los gobernadores y nos lo da a nosotros, los consumidores. Podemos usar este poder para que la economía produzca los bienes y servicios que más deseamos. Y a la vez, podemos usar nuestro poder adquisitivo para mejorar la calidad de vida de otra gente, acabando así paulatinamente con la explotación. Muy lejos de ser algo inútil deberíamos tener presente el Comercio Justo cuando compremos. Y para ello, no hay mejor momento que la Navidad.
David Mathieson. Fundación para las Relaciones Internacionales y el Diálogo Exterior (FRIDE)

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