EL CONFIDENTE

Como no parece que los buenos oficios del Rey de España, Juan Carlos I, estén dando resultado para solventar el conflicto que enfrenta a argentinos y uruguayos a cuenta de la construcción de dos plantas de celulosa en Fray Bentos, la orilla uruguaya del río del mismo nombre, las partes han recurrido a los obispos de la zona para, en plan chamán, intentar resolver con una misa las diferencias entre vecinos.

Recordarán los lectores de este diario que durante la reciente XVI Cumbre Iberoamericana celebrada a primeros de noviembre pasado, el argentino Kirchner pidió al Rey que mediara ante el presidente uruguayo en el conflicto de “las pasteras”, como en Argentina se denomina a la guerra planteada por el proyecto de la finlandesa Botnia y la española Ence de construir dos plantas de celulosa en el Río Uruguay.

Las lenguas de doble filo españolas dicen que quienes en realidad pidieron la mediación del Rey fueron sus amigos los Albertos, accionistas de referencia de Ence, para quienes el permiso para construir esa planta en Uruguay sería, ante la práctica imposibilidad de hacerlo en España, algo así como el premio gordo de la Lotería, una noticia que haría subir como la espuma la acción en Bolsa.

De momento, los esfuerzos de altos funcionarios del Ministerio de Asuntos Exteriores, a su vez mandatados por el Rey, no parecen haber dado resultado. Y es que la situación no está para juegos florales: el puente que une ambos países sobre el Río Uruguay está cortado al tránsito por los bloqueos permanentes realizados del lado argentino por activistas del movimiento en contra de las pasteras, a las que ven como una amenaza para el medio ambiente.

De modo que allí donde parece haber fracasado la Corona, la mitra ha intentado el milagro. En efecto, el pasado 22 de diciembre, los obispos de Salto, Pablo Galimberti, y de Gualeguaychú, Jorge Lozano, se encontraron en mitad del puente General San Martín y concelebraron una misa con el propósito de fortalecer la hermandad entre los pueblos de ambos países.

En el curso de la ceremonia religiosa, ambos prelados destacaron los vínculos de fraternidad entre argentinos y uruguayos, y llamaron a la reflexión para cerrar la herida abierta por la celulosa. Para monseñor Lozano, “la excesiva prolongación del conflicto está deteriorando seriamente las relaciones entre uruguayos y argentinos”. El obispo Galimberti, por su parte, pidió a los miembros de la Asamblea Ambiental de Gualeguaychú, los más combativos del lado argentino, que levanten el bloqueo que mantienen desde finales del 2005 en los pasos entre ambos países, como una demostración de buena voluntad navideña.

A lo que los ecologistas de Gualeguaychú respondieron que “tururú”, y que seguirán con los cortes de carreteras e incluso de vías fluviales. Pero la Asamblea Ciudadana Ambiental de Gualeguaychú ha ido más lejos: ha decidido pedir al presidente de Venezuela, Hugo Chávez, que intervenga en el conflicto, lo que supone un claro desaire al Rey de España.

La idea ha surgido de Alicia Castro, la embajadora de Argentina en Caracas. Para los ecologistas argentinos, Chávez es un tipo de rompe y rasga “que no se acobarda a la hora de enfrentarse al poder económico mundial y a los que manejan el dinero”. Éste es el avispero en el que Juan Carlos I de España se ha metido.