La Coctelera

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29 Diciembre 2006

Zapatero y el solsticio de invierno, de Luis María Anson en El Mundo

CANELA FINA

Zapatero I el de las mercedes proyecta convertir el Jueves Santo en día del orgullo gay, atizando la riada de manifestaciones, carrozas carrozonas, desnudos radiantes y jolgorio colorista para combatir la superstición cristiana de la pasión y muerte de Cristo y las procesiones que sus seguidores organizan, colapsando el tráfico en toda España. «El día del amor fraterno» se convertirá así en «El día del despelote gay».

En un desayuno mano a mano en noviembre de 2003, Zapatero me dijo que ganaría las elecciones de 2004. Así fue. En el Palacio Real, me aseguró, hace año y pico, que vencería en 2008 por mayoría absoluta. Si esto ocurriera, el entorno zapateril, encabezado por el presidente sonrisas, tiene prevista una política de fondo para descristianizar España, como Dios manda.

Lo primero, naturalmente, es terminar con la Navidad, que pasará a llamarse oficialmente Fiesta del Solsticio de Invierno, dedicándose las encuestas del CIS y los espacios de las televisiones oficiales y de las adictas a celebrar el nacimiento del socialismo marxista encarnado en Marx, Engels y Lenin, que ocuparán lugar preferente en las luces y adornos callejeros llamados navideños. Los irritantes belenes quedarán terminantemente prohibidos en todos los colegios y lugares públicos. La «Cabalgata de Reyes», descristianizada eficazmente desde hace unos años por Delia Piccirilli, pasará a llamarse «Cabalgata de los tres presidentes: Castro, Chávez y Evo». Bien en carne mortal, bien representados por actores de la movida contra la guerra de Iraq, los tres presidentes recorrerán las calles de Madrid repartiendo caramelos cubanos y libros de Marx y Lenin, para ofrecer en la nueva sede del ayuntamiento, en la plaza de Cibeles, el oro, el incienso, la mirra, la caña de azúcar y el petróleo al alcalde Gallardón. Tras los tres presidentes, desfilarán las tradicionales ovejas, es decir, el rebaño socialista, siempre tan dócil, pastoreado por Pepiño Blanco y Rubalcaba.

Con mayoría absoluta, Zapatero dará el mismo tratamiento a los templos que a las sexshop. El presidente ordenará por decreto la eliminación en todas las iglesias de los símbolos externos de la superstición cristiana. En cúpulas, fachadas, pórticos y campanarios se suprimirán cruces, cristos, vírgenes, apóstoles y santos, tanto en piedra como en madera, reduciendo la práctica religiosa al interior de los templos, como en las sexshop, evitando molestar a los ciudadanos con la contemplación de símbolos tan abominables como los cristianos y sustituyendo el decadente signo de la cruz por el de la hoz sin martillo. Naturalmente, un decreto-ley terminará de raíz con las procesiones de Semana Santa y fiestas religiosas populares, liquidando en primer lugar las más dañinas, que son las marianas, como la Macarena, el Rocío o el Pilar, que serán prohibidas igual que las hamburguesas.

Finalmente, se apartará a la Iglesia de la educación, para que los curas dejen de intoxicar a los niños, suprimiendo de una vez por todas el concierto y estableciendo, además, el laicismo en las diversas asignaturas. En los textos de literatura, por ejemplo, se evitará mencionar a autores tan nefastos como Lope de Vega, Tirso de Molina o San Juan de la Cruz. La religión es el opio del pueblo. Conviene a la salud pública extirparla de raíz, como en Cuba o como se hizo en la añorada Unión Soviética y en las naciones democráticas que se sumaron espontáneamente, como todo el mundo sabe, a la órbita del Moscú comunista.

Y aquí no pasará lo que ocurrió en Polonia, que, tras cuarenta años de glorioso laicismo socialista, el pueblo polaco, sobre todo los mineros, tan cabroncetes como siempre, derribaron el socialismo real, refugiándose en las tinieblas cristianas, para restablecer todas las viejas prácticas supersticiosas. Aquí, el think tank zapatético garantizará, con una tenaz política laica, la liquidación de los ritos cristianos, atendiendo así delicadamente, como Pepiño Blanco manda, al bien común de los españoles.

Luis María Anson es miembro de la Real Academia Española.

© Mundinteractivos, S.A.

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