A Sadam Husein lo van a ahorcar en las próximas horas, quizás el día 2 de enero, antes de que el Partido Demócrata americano asuma el control del Congreso de los Estados Unidos. Así lo quiere el presidente George W. Bush y así lo necesita para que su fracaso en la guerra de Iraq no sea total si Sadam consiguiera escapar y salir con vida de este trance.

No es verdad que Aznar pidiera clemencia para el dictador como decíamos ayer, en el Día de los Santos Inocentes, pero debió hacerlo como católico y presunto enemigo de la pena de muerte, como debió reconocer los errores y mentiras de esa guerra que con toda seguridad ha provocado más muertes inocentes que los propios desmanes del dictador. Hasta el punto que posiblemente en Iraq deben de ser muy pocas las familias que no hayan perdido uno de sus miembros por causa de las guerras que los Bush, padre e hijo, han llevado a cabo en ese territorio. A Bush padre le costó la presidencia a manos de Clinton, y a Bush hijo le está costando una despedida con una derrota flagrante y una retirada que recordará a aquella otra ignominiosa de Vietnam.

Ahora se trata de ahorcar al dictador, de convertirlo, según el propio Sadam, en mártir del Islam, y posiblemente en acicate de nuevos atentados terroristas en Occidente. Y todo ello después de un juicio títere sin las garantías judiciales mínimas, y en un país que está bajo la ocupación militar americana y al borde de la guerra civil, con una media de 50 muertos diarios.

Naturalmente, Aznar no va a decir nada ni va a rectificar, entre otras cosas porque por sus errores y responsabilidades en el lanzamiento aquel de la guerra de Iraq en las islas Azores han pagado con sus vidas miles de inocentes —posiblemente más de 300.000 personas—, de la misma manera que su propio partido pagó con la derrota electoral, una vez que el terrorismo islámico decidió vengarse en Madrid por el apoyo español a la guerra de Iraq, como todo el mundo lo sabe y ha quedado acreditado en el sumario de la masacre del 11M.

Aznar no rectifica y se va derrotado, como se irán sus amigos Bush y Blair, este último camino de dejar a su propio partido con otra derrota electoral en las espaldas por causa de la misma guerra de Iraq y con otro atentado en el Metro de Londres por la misma razón, que aun siendo una sinrazón para los terroristas tiene sentido porque esa guerra fue a todas luces mentirosa e ilegal, como lo es ahora el ahorcamiento planificado de Sadam Husein, que seguramente será vengado en Occidente, con más sangre de otros inocentes.

Es verdad que la guerra la inició Al Queada desafiando al imperio con los salvajes atentados suicidas en Washington y Nueva York el 11S, pero la respuesta de Bush fue equivocada, desproporcionada e inútil porque no sólo no ha conseguido sus objetivos sino que además ha provocado más muertes, destrucción e inestabilidad en el Oriente Próximo, y también más terrorismo. Y ahora, antes de iniciar la retirada, quieren dejar colgado a Sadam, el que hace años fuera su aliado contra Irán. Una ejecución que va a retumbar en el mundo islámico y que tendrá dolorosas réplicas, amén de producir aún más heridas en el casi destruido Iraq.