EL abogado de Sadam Husein ha vaticinado una fecha en la que su cliente puede ser ejecutado: el próximo martes, 2 de enero. Justo el día en que Granada conmemora la toma de la ciudad por parte de los Reyes Católicos. Ese día de 1492, jornada de reconquista y liberación para unos, fecha de amargura para otros, Boabdil entregó las llaves de la Alhambra a sus conquistadores. La leyenda cuenta que el último rey nazarí capituló entre lágrimas, lo que le valió el histórico reproche de su sultana madre: "No llores como mujer lo que no supiste defender como hombre". Pues bien, el letrado del presidente iraquí prevé que, justo ese día, la soga de la horca se cierre sobre el cuello de su defendido. Causar lesiones irreversibles en las cervicales, con un mortal y asfixiante dolor de cuello, creíamos que era tarea reservada a tiranos como Sadam. Esos personajes siniestros con los que se salpimenta la historia, capaces de matar moral y físicamente a quienes consideran sus esclavos. La gran revolución burguesa por excelencia, la francesa, se cimentó sobre la guillotina, cuya cuchilla acabó descabezando a sus propios hijos, los jacobinos. Otra revolución, la bolchevique, empezó a morir muy pronto: el primer día en que otro iluminado como Stalin propuso ejecutar también a los comunistas de quienes desconfiaba. No deja de resultar desalentador que a estas alturas de la clase aún haya personas que ignoren que los estados y los sistemas políticos jamás triunfan de la mano del verdugo.
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