La Coctelera

Caffè Reggio

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29 Diciembre 2006

Europa secuestrada, de Casimir de Dalmau en La Vanguardia

Desde que franceses y holandeses decidieron aparcar la Europa política rechazando en referéndum el tratado por el que se establece una Constitución para Europa, la integración europea ha entrado en una fase de aletargamiento en la que aparecen síntomas alarmantes de impotencia y desorientación en aquellos países que hasta ahora habían ejercido un liderazgo firme y comprometido con la causa europea.

Hoy por hoy, existe un claro vacío a la hora de fijar los contornos definitivos del edificio comunitario. Las sucesivas y frenéticas ampliaciones de la UE, necesarias aunque mal digeridas, han puesto de manifiesto la falta de cohesión política del proyecto comunitario. La incapacidad de la UE para fijar posiciones comunes en temas clave pone en evidencia la inoperancia comunitaria. Son ejemplo de ello la división provocada por la intervención militar en Iraq; el titubeo inicial en atender la llamada de la ONU para acudir a Líbano; la desgana para afrontar el problema de la inmigración; el estancamiento de la política mediterránea o la ambigüedad y la improvisación en relación con Turquía. La tímida presencia o incluso la ausencia europea de las grandes decisiones internacionales relegan la UE a la gestión de un espacio económico integrado, potente, pero a todas luces insuficiente, ante la dimensión de los desafíos globales.

Son muchos los diagnósticos avanzados sobre la situación presente, cercana al colapso europeo. Pero hay uno que no por reiterado me parece menos relevante: los gobernantes europeos, incluso los que en su momento supieron asumir un liderazgo responsable, han actuado siempre desde arriba y a puerta cerrada. Europa la han hecho entre unos pocos al considerarla demasiado complicada o demasiado importante como para dejarla en manos de sus ciudadanos. Pero ahora, la Europa de los comités de embajadores, de las reuniones ministeriales, de las conferencias intergubernamentales, apenas funciona. Menos aún la Europa del Comité de Regiones y del principio de subsidiariedad. En este contexto, la Comisión y el Parlamento Europeo se ven superados por las dificultades. Hoy, los grandes temas se deciden al margen de las Instituciones, entre los cinco o seis grandes. Duele decirlo, pero el tratado constitucional europeo, aunque adornado de una cierta ambición a la francesa, más retórica que real, aparece ahora como la prolongación forzada de un modelo ya exhausto. El rechazo de la Constitución Europea por dos países fundadores hay que verlo también como el acta de defunción del método de integración auspiciado por Monnet, basado en la política "des petits pas". Sin duda, el camino recorrido hasta ahora constituye un éxito enorme. Extraordinario. Si queremos preservarlo, se impone un golpe de timón.

Acercar Europa a los ciudadanos, implicar a éstos en la elección de un auténtico gobierno europeo y en la definición de sus políticas, va a requerir una enorme dosis de audacia política y determinación. Audacia para actuar con una sola voz en la ONU, en la OMC, en el FMI y, por qué no, en la OTAN. Determinación para aportar muchos más recursos al presupuesto comunitario destinándolos, por ejemplo, a la formación, al intercambio de jóvenes, a la cultura, a la innovación y también a la defensa común. Esto y mucho más. No se trata de un problema de imaginación: básicamente, ya sabemos lo que hay que hacer. Las estructuras gubernamentales, gestionadas por políticos y diplomáticos, deberían abrirse de una vez por todas a la sociedad y a los ciudadanos. Sin miedo. Y así liberar Europa para que levante de nuevo el vuelo con fuerza y ambición. Ya no se trata de alinearse con un eje u otro, aunque sea el menos malo. Demasiado fácil. En esta nueva etapa, que habría que iniciar cuanto antes, los ciudadanos también debemos asumir nuestra propia responsabilidad. Con o sin la aquiescencia de unos partidos políticos que, lamentablemente, están mostrando un escaso interés por el futuro de Europa.

CASIMIR DE DALMAU, Abogado. Cercle Europeu de Barcelona.

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