La Coctelera

Caffè Reggio

Un lugar de encuentro, para leer juntos

28 Diciembre 2006

Un poco más de humor en 2007, de Cristina Peri Rossi en El Mundo de Cataluña

BULEVAR

Los años setenta y ochenta fueron los años de Mafalda, el inolvidable cómic de ese genio del dibujo y del humor llamado Quino. Mafalda, con su lógica implacable (la lógica de los niños) ponía en tela de juicio el mundo en que le había tocado vivir, las instituciones, el gobierno, la familia. Con un guiño cómplice nos hacía sentir acompañados: no le gustaban ni la sopa, ni los militares, ni los dictadores, ni las injusticias, ni las desigualdades. Mafalda era progre e izquierdista espontáneamente, no como ideología: lo era en tanto que buena personita. Pero un día -no podía faltar- Quino se hartó de su personaje, que lo había devorado, y se dedicó a hacer otros dibujos, tan hermosos y corrosivos como ella, pero sin continuidad. Quienes los consideramos uno de los mayores dibujantes del siglo XX pudimos seguir disfrutando de su arte, de su humor, aunque ya no hubiera una protagonista.

Maitena también es argentina, también es dibujante y humorista, pero su protagonista es el género femenino. El género femenino de clase media (como la familia de Mafalda), con sus contradicciones, sus conflictos, sus paranoias, sus debilidades, sus fragilidades y también su fuerza. Tiene una mirada irónica y tierna sobre esas mujeres siempre al borde de un ataque de nervios.

Ahora, editorial Lumen ha publicado en un gran libro ilustrado la serie completa de esas mujeres agobiadas, tensas, preocupadas por su aspecto físico, por los michelines, por el novio de su hija, por el marido o por el marido de su mejor amiga. Son tiras llenas de ingenio, de agudo sentido de observación. El humor suele ser una forma de la sociología, la más dinámica. Es sociología porque quienes protagonizan las tiras son de la misma clase social, tienen los tics genéticos y culturales de la clase media y sus preocupaciones. En este caso, además, pertenecen al mismo sexo.Este humor es sociológico, también, porque demuestra que más allá de los giros coloquiales o de las diferencias de léxico, las clases sociales son iguales. La clase media porteña se parece a la clase media de Barcelona o de Córdoba.

El humor nos hace la vida más soportable y nos enseña a reirnos de los otros pero también de nosotros mismos. Y reconocer los modismos, las neurastenias y los conflictos que tenemos es la primera condición para reirnos sanamente. Freud decía que el humor era imprescindible para disminuir el ego, que no el yo (la mayoría de las personas confuden ambas cosas y así nos va).

La primera condición para el humor es la inteligencia, la capacidad de observación. La segunda, el desdoblamiento que nos permite mirar un poco a la distancia aún aquellas cosas que más nos conciernen. La tercera, unas gotas de ternura para perdonar nuestros errores y los ajenos, para sentirnos viajeros del mismo barco sometidos a las mismas mareas, a los mismos peligros y sinsabores. La cuarta, saber reirse aun de lo que nos duele.

Bien por Maitena que sabe observar su propio género, el femenino, desde la ironía y la ternura.

© Mundinteractivos, S.A.

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