LA Junta General del Principado ha aprobado los Presupuestos para el próximo año. Las cuentas regionales crecen un 8%, tal como exigía IU, hasta ascender a un total de 3.898 millones de euros. Las 147 enmiendas presentadas por el PP han sido rechazadas por los grupos de izquierda. El 65% del Presupuesto está dedicado a gasto social y la inversión asciende a 1.169 millones.
Jaime Rabanal glosó las virtudes del Presupuesto, del que destacó su elevado gasto social. Con una visión global de lo que ha sido la práctica presupuestaria de esta legislatura, Rabanal llegó a decir que se ha producido el cambio estructural de la economía asturiana. Sin embargo, la oposición, tras contemplar los mismos números, asegura que se trata de un Presupuesto ineficaz, lleno de ocurrencias, que no aborda los problemas. La distinción entre ideas y ocurrencias viene de la época de los enfrentamientos de Álvarez-Cascos con Sergio Marqués. Hace ocho años se calificó de ocurrencia la autovía minera del consejero Juan José Tielve; por desgracia, no hubo luego otras ocurrencias similares.
Es normal que el Gobierno y la oposición discrepen en todo o en casi todo al discutir sobre el Presupuesto. Pero lo verdaderamente singular del caso asturiano estriba en que los argumentos y las críticas son exactamente los mismos todos los años. En torno al día de los Santos Inocentes, el Gobierno de Areces dice que presenta un Presupuesto de gran contenido social para el siguiente año, que de forma milagrosa siempre tiene su cuota social fijada en el 65% del total de las cuentas. El PP lleva ocho años diciendo que el Gobierno de Areces carece de ideas, lo que pone como prueba de que su modelo está agotado. La izquierda se emociona con unas cuentas expansivas, inversoras y solidarias, que son mera prolongación de las de años anteriores. Ante tal hecho, la oposición se indigna repitiendo los argumentos de los ejercicios precedentes. Falta por explorar una tercera vía, que empiece por reconocer que el Presupuesto ya no tiene la importancia de antaño en la economía asturiana, que reconozca que el gasto social está al límite y que, por desgracia, el cambio estructural de la economía asturiana no tiene nada que ver con el Presupuesto.

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