LA TRASTIENDA

Definición de la verdad plural: aquella que no tiene una única respuesta. Las verdades siempre son relativas. Mejor planteárselo así para, con tu verdad en la mano, intentar perfeccionarla.He escrito mucho sobre la verdad. Se ha convertido en el gran debate de la prensa: cuando la verdad se esconde, para dar paso a la verdad de otro, que igual es medio verdad. O no.

Hay muchas definiciones sobre la verdad. Hagamos una lista y usted, lector de Nochebuena, elija. Albert Camus escribe en La peste que «siempre llega el momento en la historia en el que aquel que se atreve a decir que dos más dos son cuatro es condenado a muerte». El biólogo y escritor Jean Rostand (no me gustan los moralistas pero este era ateo) decía que no tenía verdades, «sólo convicciones». U otra mejor: «Esperando que una, nada desune tanto como la verdad». Aristóteles decía de Platón, que le tenía estima pero «aprecio aún más la verdad»; y miren que Platón dijo unas cuantas verdades. Mi preferida es la frase de Pablo Picasso: «Si hubiera una sola verdad, no se podrían hacer cien lienzos sobre el mismo tema».

No existe una única verdad y si alguien intenta demostrar lo contrario es que miente. Particularmente creo que la verdad hace daño. Mucha gente prefiere vivir en la mentira para sentirse más tranquilo. Ocurrió durante la dictadura de Franco. Nadie tuvo la culpa, pero la sociedad optó por vivir mejor después del horror soportado, que enfrentarse a una dictadura que firmaba sentencias de muerte. Y así el general murió en su cama, a pesar de la lucha clandestina, que hay que agradecer y recordar, como una genuina forma de batallar por la libertad.

Escribir en EL MUNDO en Cataluña te da una fortaleza intelectual a prueba de cualquier embestida. Es muy reconfortante. Cansado, pero reconfortante. Nuestros lectores también están a prueba de ataques, críticas, incomprensión y otros detalles que cada uno conoce en su experiencia personal. Es fácil encontrar a un amigo o compañero de trabajo que te interrogue con la siguiente frase: «¿Cómo siendo tú un tipo inteligente lees un diario como ese?». La respuesta es sencilla: «Probablemente, porque soy inteligente».Pero, a costa de dar explicaciones, la respuesta se desgasta en un simple «porque me gusta» o radicaliza en un «porque es el único que cuenta la verdad de lo que pasa».

Cada uno de nosotros somos prisioneros de nuestra realidad. A veces ésta es muy amplia. En ocasiones, se empequeñece. Si somos conscientes de que nuestra cotidianidad se estrecha y tenemos ganas, intentamos agrandar miras. Si no es así, nos dejamos llevar por lo de cada día. Quiero decir: lo que levante menos sospechas, lo políticamente correcto. Sobre la comunicación, cuanto más abundantes sean los canales que podamos utilizar, mejor. Los diarios no son muy amigos de dejar que opinadores contrarios a las ideas editoriales del mismo medio expongan sus argumentos.Afortunadamente, usted está leyendo un diario que no tiene esos problemas. En estas páginas, usted lee de todo. Desde Losantos a San Abrams; de Manuel Milián Mestre a Enrique Murillo.

Viene al caso sobre muchas de las cuestiones que se están debatiendo estos días en Cataluña. Porque, aunque el president Montilla intente marcar un ritmo algo anodino sobre los temas de debate de la calle, la ciudadanía sigue manteniéndose alerta. Los temas concretos son más fáciles: la vivienda, la inmigración o la seguridad, a pesar de su complejidad, están relacionados con políticas que no forman parte de la filosofía. Las cuestiones de identidad o de lengua son diferentes. Aquí la teoría política es más fácil de usar y, por lo tanto, difícil de contestar.

Desde espacios nacionalistas o independentistas consideran que la mayoría de las informaciones que nuestro diario publica sobre la lengua son falsas. Es una idea generalizada, pero equivocada.Quiero decir: cuando este diario publicó que en un colegio de Badalona la asignatura de castellano había desaparecido, se nos tildó de enrarecer a la sociedad catalana con un enfrentamiento entre lenguas. Sin embargo, nadie pudo negar la mayor: que en un colegio de Badalona no se impartía castellano. Cuando este diario explicó que la Generalitat había contratado a una empresa privada para conocer qué idioma utilizaban los médicos con sus pacientes, y por ello cometía una grave irregularidad en protección de datos, se nos dijo, ante nuestro asombro, que era normal que la institución quisiera conocer el grado de conocimiento del catalán. Pero, al poco tiempo, la Agencia de Protección de Datos sancionaba esta práctica. Cuando se explicó desde este diario que Educació incumplía la Ley de Normalización Lingüística al obviar en los papeles de preinscripción la casilla del castellano en caso de querer este idioma para los dos primeros cursos de Primaria, se nos acusó de que la lengua era nuestra obsesión.Pero la irregularidad se mantiene desde el día que se aprobó la ley, la penúltima jornada del 97.

Esto es una democracia. La gente es libre para hablar lo que quiera en la calle. No tanto en las instituciones. Puede que Camus tenga algo de razón. Te condenan por explicar la verdad, que no es única, claro. (Feliz Navidad).

alex.salmon@elmundo.es

© Mundinteractivos, S.A.