El presidente del Gobierno ha tensado la cuerda de su partido aprovechando su carisma personal hasta límites insospechados. El PSOE es una balsa de aceite y actúa como tal, pero dentro hay sectores que ‘esperan’ a Zapatero. Iniciativas suyas como las reformas estatutarias, la ruptura de puentes referidos al consenso con el PP para los asuntos de Estado o la negociación con ETA y Batasuna han provocado tensiones internas en el PSOE. Si fracasa en los próximos meses, se revelará el grave problema que tienen los socialistas: la sucesión y la ausencia de líderes que puedan reemplazarlo, aunque escala posiciones la vicepresidenta del Gobierno María Teresa Fernández de la Vega.

El presidente del PP tiene a su partido en una situación constante de estrés desde que perdió las elecciones en 2004. Su militancia está movilizada, de manifestación en manifestación, pero las encuestas revelan que su mensaje no alcanza a la población en general. Le auguraron su fracaso en convocatorias anteriores, como las europeas, pero ha sabido superarlas y abordar la renovación interna de su formación. Los próximos meses serán decisivos para su futuro. Rajoy intenta girar la nave del PP hacia posiciones moderadas, de ahí que haya llamado a su lado al catalán Josep Piqué o haya pactado con el PSOE el resto de las reformas estatutarias. Pero en el PP conviven dos concepciones y la más ruidosa, la que representa la órbita mediática situada más a la derecha, tensa su estrategia. A diferencia de Zapatero, este partido sí que tiene dentro a políticos capaces de suceder a su líder, como Esperanza Aguirre y Rodrigo Rato.

De campaña en campaña hasta el resultado final. El 2007 será un año electoral por excelencia. En los próximos doce meses no se adoptará ni una sola acción de Gobierno, y de oposición, que no reporte votos. Es la consigna no escrita. Para muestra, un botón: el frenazo y marcha atrás de la subida de la tarifa eléctrica ordenado por Zapatero, aplazando el pago de la deuda que los consumidores tienen con las compañías productoras.

El año del ecuador de la legislatura es clave para las estrategias políticas. La primavera traerá consigo la sonrisa del partido ganador de las elecciones municipales y autonómicas. Los politólogos solían defender que un vuelco en estos comicios precede a otro semejante en las generales, pero el antecesor de Zapatero en el PSOE, Joaquín Almunia, demostró la falacia de ese augurio: ganó las autonómicas y perdió las legislativas. Aun así, el resultado que arrojen los comicios de mayo inquietará de cara a una posible alternancia en el poder entre socialistas y populares. Será todo un toque psicológico.

Adelanto de elecciones

Si todo se mantiene igual, en enero de 2008 se disolverán las Cortes Generales, por lo que en el próximo otoño las maquinarias electorales echarán humo. Zapatero no ha expresado intención alguna de adelantar las elecciones, aunque ésta sea la tesis que baraja la oposición. Unos creen que será tras el verano, pero Rajoy ha dado la orden de estar preparados para esta primavera.

En primavera se dilucidará la incógnita del eje de la legislatura de Zapatero: El ‘Proceso’ encaminado hacia el fin de ETA entra en fase resolutiva, porque el 10 de abril es el último día que tienen Batasuna y sus trasuntos para presentarse a las elecciones. Para entonces tendrán que haber condenado la violencia si quieren participar. O no, todo depende de cómo actúe el Estado en el caso de que pretendan eludir la Ley -sólo dispone de seis días para detectar batasunos embozados-. Además, en enero queda visto para sentencia un juicio clave, el 18/98, sobre el entramado político-social-financiero de la banda. Lo que haga allí la Fiscalía dependerá si salta por los aires cualquier atisbo de consenso con el PP.

Zapatero y Rajoy no se han dado tregua en este asunto. No confían el uno del otro y saben que el proceso para afrontar el fin de ETA se ha convertido en eje de las próximas campañas electorales. Zapatero sube en apoyos en el País Vasco y Cataluña, mientras que Rajoy, que actúa por convicción, pierde votos entre los catalanes pero los gana en las autonomías que, hasta ahora, eran nichos socialistas.

La maquinaria del PP está en marcha. Mientras, el Gobierno se apresta a exhibir músculo tras dos años de gestión. "Tenemos el 80% del programa electoral cumplido". Orgulloso, un asesor socialista exhibe los logros de su partido. Ministerio a ministerio, casi todos ellos responden que su cuaderno de deberes está bastante completo. Ya puestos, algunos, como el titular de Trabajo, Jesús Caldera, han cumplido su programa en un 120%, pero otras promesas, como las expectativas creadas con la vivienda, mejor no mentarlas, más que nada para no aguar la Navidad.

El 2007 será una añada peleona en el Parlamento. La Ley de Memoria Histórica divide a derecha e izquierda, y a la izquierda entre sí, al eludir la anulación de las condenas de la dictadura franquista. En el primer trimestre llegará allí algo aún más atávico -si cabe- que la Guerra Civil: la reforma de la Ley de Aguas, donde los dos partidos tienen similares problemas con el enfrentamiento entre territorios. El PSOE ha rechazado la última tocada de esencias de Cristina Narbona: evitar la muerte de los toros durante la lidia. Blanco, al quite, paró el debate al decir que no está en el programa electoral y declararse "aficionado visual". Un tercer morlaco es la financiación de los partidos, que boquea en el Congreso y a la que no se le quiere dar mucho aliento. "Es un Gobierno de efemérides". Así critica al Ejecutivo, en privado, un líder sindical español.

La Ley de la Dependencia, el llamado Tercer Pilar del Estado del Bienestar, comenzará a implantarse a partir de 2007, con la negociación entre Caldera y las comunidades autónomas de los casos más urgentes. El vicepresidente Pedro Solbes aporta para el nuevo año 400 millones de euros de los Presupuestos y se pretende que las autonomías ponga, por su parte, una cuantía similar. A ocho años vista, esta Ley movilizará 26.000 millones de euros.

El círculo abierto el 11-M

A medida que avance el próximo año, el 1428 de la Hégira musulmana, se sabrá si ha tenido éxito la política exterior desplegada para resolver la avalancha de inmigrantes desde África, o si le estallarán nuevas crisis humanitarias. Aquí también el PP incidirá en las contradicciones que detecte en el Ejecutivo, aunque no se descarta que alcance un pacto con el PSOE para resolver este drama.

El año 2007 será también el año de las desaladoras, la alternativa socialista a los trasvases. La pelea entre ambas formaciones está asegurada. Zapatero dará en enero el pistoletazo de salida a la gran estrella inversora del Estado, por encima del AVE. Está previsto que ese mes inaugure la primera de ellas, San Pedro del Pinatar II (Murcia). El próximo año se colocarán las primeras piedras de otras quince más, por un coste total de 1.500 millones de euros. También arrancará en 2007 la primera Unidad de Emergencia Militar, un cuerpo asemejado a la Guardia Nacional norteamericana para luchar contra las catástrofes naturales, como los incendios, que estará a pleno rendimiento en 2008.

El Tribunal Constitucional será la estrella del año. En sus manos están asuntos claves: los diversos recursos contra los Estatutos de autonomía aprobados, el matrimonio de homosexuales, la Ley de violencia de género -cuenta con cien cuestiones de inconstitucionalidad-, el recurso de amparo presentado por los Albertos (Cortina y Alcocer) -condenados a tres años y cuatro meses por el caso Urbanor- y, ya puestos, si admite a trámite o no la suspensión de dos años de dopaje impuesta a Carlos Gurpegui, jugador de Athletic de Bilbao.

El Alto Tribunal tiene la intención de resolver hacia el verano la madre de todos los recursos, la presentada por el PP contra el Estatuto catalán. Es llave, además, de futuros acuerdos. El líder de CiU, Artur Mas, tiene la intención de apoyar un Gobierno del PP en el caso de que este partido empate con el PSOE, bajo la condición de que Rajoy retire su recurso contra el Estatut.

Y en febrero de 2007, por fin, llegará un esperado juicio: el de los atentados del 11 de marzo de 2004 que aportó el vuelco electoral del 14 de marzo y llevó a Zapatero a la presidencia del Gobierno y a Rajoy a la jefatura de la oposición cuando ninguno de los dos, ni sus partidos respectivos, estaban realmente preparados para ese cambio. El juicio sobre esa masacre provocará más tensiones entre las dos corrientes del PP pero también hará reflotar el papel del PSOE y de Zapatero en aquellos días. Este año que comienza supone también un regreso a aquellos días de tragedia que ambos líderes tendrán que superar si quieren seguir al frente de sus partidos.