La Coctelera

Caffè Reggio

Un lugar de encuentro, para leer juntos

23 Diciembre 2006

La buena gente, de Remei Margarit en La Vanguardia

Si contemplamos el mundo tal como está ahora, con la infame guerra provocada en Iraq, la grave situación de los palestinos, la arrogancia del Gobierno de Israel, las matanzas en Darfur, el hambre de África, el desprecio por el medio ambiente, la contaminación que provoca esa vida irresponsable de los países ricos y esa constante presencia de la violencia en películas y juegos de guerra mal llamados de ocio. Cuando las fábricas de armamentos hacen su agosto cada día; cuando algunos que se autoproclaman líderes y lanzan soflamas a favor de cualquier guerra por cualquier causa; cuando la locura del desprecio por la vida de las personas se convierte en un fenómeno cotidiano, hombres contra mujeres y niños, jóvenes contra los viejos.

Cuando ocurre todo eso y va ocurriendo a lo largo de la historia de la humanidad, una se pregunta dónde está la buena gente. Pues la hay, y mucha. Si en la Tierra sigue habiendo cosechas, frutos, árboles y animales es porque hay una buena gente que se preocupa de que ello ocurra. Gente que siembra, que replanta, que fertiliza los campos, que cuida de los animales, gente que cuida a la gente, de su salud, de su enseñanza, de los servicios esenciales para una vida digna. Gente que piensa, que valora, que dedica su tiempo a tareas que fomentan la paz, la cultura, el entendimiento, la convivencia. Gente que pacta en vez de confrontar, que habla en vez de gritar, que cree en que los demás tienen las mismas vulnerabilidades que ellos mismos, que comprende, que aprecia y que agradece.

Y gente que crea, que de la casi nada crea nuevas perspectivas; que abre ventanas al conocimiento a través de las artes y las ciencias; gente que descubre lo escondido para mejorar lo que ya hay; gente generosa que de su tiempo hace un recorrido para ser y estar con los demás, con lo mejor de los demás, y también con sus penas.

Mujeres y hombres que cuidan de sus hijos día a día y cada hora mientras ellos lo necesitan y que a la vez son cuidados por ellos cuando envejecen, esas gentes que pasan desapercibidas por su modesto estar en el mundo, como si ellos no fueran la base sobre la que el mundo se sostiene. Y creo de verdad que el mundo se sostiene - a pesar de todo el dolor y el sufrimiento que unos cuantos desalmados de camisa blanca provocan sin tregua- por el trabajo constante de esas gentes de buena voluntad, por la mansedumbre de la inmensa mayoría de los humanos, por la prudencia y la valentía de ese vivir cotidiano.

La inmensa mayoría de las gentes del mundo quieren vivir en paz, tan sólo unos pocos señores de la guerra enconan los ánimos para que la guerra continúe en cualquier frente; aunque sean relativamente pocos, los violentos pueden hacer mucho daño, precisamente porque a los no-violentos les cuesta mucho entender que alguien gane algo con la guerra. En las guerras todos pierden, tan sólo ganan dinero quienes comercian con las armas, pero dinero ¿para qué?; si en el mundo estallan guerras, ¿adónde ir?, entonces ¿para qué sirve el dinero que ese comercio aporta? Detrás de esos negocios multimillonarios de la venta de armas late la loca idea de una inmortalidad comprada con dinero. Eso no lo imaginó ni siquiera Goethe en su Fausto,lo único que pudo vender Fausto fue su alma, lo único que para Mefistófeles tenía valor. Tal vez esos belicistas ya no tengan alma, tal vez la vendieron ya hace mucho y puede que ahora tan sólo les quede el pozo sin fondo de la avaricia.

La buena gente, la que salió a la calle por millones en todo el mundo oponiéndose a la guerra de Iraq, ese clamor que se sintió en el mundo entero era el deseo de vivir en paz, tal vez el único auténtico deseo de la humanidad.

servido por caffereggio sin comentarios compártelo

sin comentarios · Escribe aquí tu comentario

Los comentarios están cerrados


Sobre mí

Lector de artículos de opinión, sobre política y economía, que cree que este mundo podría tener arreglo si dialogásemos más

Estadísticas

Fotos

caffereggio todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera