PALESTINA AL LIMITE

Presa de la desesperación, Mahmud Abas, presidente palestino y jefe del movimiento nacionalista Al Fatah, anunció el sábado pasado su intención de convocar de forma adelantada elecciones presidenciales y legislativas. Abas ha negociado durante semanas con Hamas la formación de un gobierno de unidad nacional capaz de poner fin a las sanciones económicas internacionales e israelíes y al aislamiento diplomático que le fueron impuestos al Gobierno de la Autoridad Nacional Palestina (ANP) tras la negativa de Hamas, en marzo pasado, a satisfacer tres condiciones de la comunidad internacional: el reconocimiento de Israel, la aceptación de los acuerdos previos firmados por la ANP y la OLP, y la renuncia a la violencia. Si su objetivo es presionar a Hamas para que muestre flexibilidad de cara a la creación de un gobierno unitario, el presidente de la ANP podría tener éxito; sin embargo, si la meta es utilizar unas elecciones anticipadas para revisar el resultado de la última cita electoral, que culminó con una apabullante victoria de Hamas, es muy probable que la medida fracase. Aun cuando tenga éxito en la modificación de la victoria parlamentaria de los islamistas, unas elecciones adelantadas no proporcionarán soluciones rápidas a los graves problemas internos ni a los problemas que acosan a las relaciones palestino-israelíes.

A pesar de su fracaso en la consecución de un acuerdo sobre la formación de un gobierno de unidad nacional, Abas e Ismail Haniye, primer ministro de la ANP, han realizado grandes progresos. Hamas ha modificado su posición y aceptado formar un gobierno de unidad con profesionales y jóvenes figuras políticas. Ha llegado a un acuerdo con el presidente acerca del proceso de selección del primer ministro, que será una persona cercana a Hamas pero no un miembro de la organización. También ha llegado a un acuerdo sobre una distribución de las carteras ministeriales que no le concede una mayoría automática. En las cuestiones relacionadas con el proceso de paz y las relaciones con Israel, ha aceptado respetar las competencias presidenciales, tal como se estipula en el llamado documento de Conciliación Nacional, que otorgó a Abas un mandato para negociar con Israel. De un modo igualmente importante, Hamas ha facilitado el trabajo del presidente en la obtención de una tregua con Israel por parte de todas las facciones palestinas. Aunque ha rechazado efectuar un giro estratégico en su posición relativa a las exigencias de la comunidad internacional, Hamas se ha mostrado dispuesto a hacer gala de una moderación limitada. Por ejemplo, algunos de sus dirigentes no han descartado entablar negociaciones con Israel acerca de una paz permanente tras el establecimiento de una tregua a largo plazo, ha aceptado a Israel como una realidad y ha mostrado una disposición a establecer relaciones normales con el Estado de Israel. No obstante, las negociaciones tendentes a la formación de un gobierno de unidad se han roto a causa del control de ciertos ministerios concretos, como Economía e Interior, que Hamas deseaba obtener.

El anuncio por parte del presidente palestino de sus intenciones de convocar unas elecciones presidenciales y legislativas anticipadas ha exacerbado tensiones internas existentes y ello ha conducido a episodios esporádicos de violencia entre fuerzas y grupos leales a Al Fatah y Hamas. De no contenerse de forma rápida, semejantes episodios podrían conducir a unos enfrentamientos mayores e incluso a una guerra civil. Es de lo más improbable que una situación así permita celebrar nuevas elecciones.

Si se atenúa la violencia y se celebran las elecciones parlamentarias, no es seguro que su resultado sea diferente del obtenido en enero del 2006, cuando se produjo la victoria de Hamas. Una encuesta realizada a mediados de diciembre por el Centro Palestino para Investigaciones Políticas y Demoscópicas muestra que la diferencia entre Al Fatah y Hamas es de seis puntos porcentuales en favor de Al Fatah. Sin embargo, la encuesta también pone de manifiesto la existencia de un 10% de votantes potenciales indecisos. En las elecciones anteriores, la mayor parte de los indecisos acabó votando a Hamas. Para empeorar las cosas, el sondeo indica un empate entre Abas y Haniye en su lucha por la presidencia, con un 46% de apoyo para el primero y un 45% para el segundo. En caso de que se presentara un solo candidato más, lo cual es muy posible, Haniye tendría garantizada la victoria. Así, en lugar de invertir el resultado de las elecciones de enero, unos comicios anticipados consolidarían ahora el control de Hamas sobre la Autoridad Nacional Palestina.

Supongamos, a modo de hipótesis, que Al Fatah gana en estas elecciones anticipadas y consigue controlar el Parlamento y la presidencia. ¿Se produciría algún cambio sobre la realidad en la que viven hoy en día los palestinos? Es muy probable que la respuesta sea negativa.

Hace un año, Al Fatah controlaba ambas instituciones, pero se mostró incapaz de proporcionar servicios vitales, garantizar el cumplimiento de la ley, luchar contra la corrupción o mejorar de modo significativo las condiciones económicas. Y, no hace falta decirlo, fracasó a la hora de conseguir que funcionara el proceso de paz. En ese momento, Israel declaró que los fracasos internos de Al Fatah ponían de manifiesto que Israel no tenía un socio para la paz; en consecuencia, Israel insistió en tomar medidas unilaterales en lugar de negociar con la ANP.

Al margen del resultado de estas nuevas elecciones, la legitimidad del propio proceso se verá puesta en entredicho o incluso negada por Al Fatah o por Hamas. Ambos poseen la capacidad para hacer imposible un gobierno eficaz y estable. Sólo una amplia coalición que los agrupe podrá alterar esta realidad. Al señalar que la formación de un gobierno de unidad sigue siendo su opción preferida, Abas parece indicar que el uso de la amenaza de elecciones anticipadas es sólo un medio de presión sobre Hamas para que acepte sus condiciones en la formación de dicho gobierno. Sólo esa coalición nacionalista-islamista podría dar lugar a un gobierno central fuerte capaz de garantizar el cumplimiento de la ley, proteger y consolidar el incipiente experimento democrático, poner fin a la violencia contra Israel y entablar unas conversaciones serias con ese país.

JALIL SHIKAKI , director del Centro Palestino de Investigaciones Políticas y Demoscópicas, con sede en Ramala. Traducción: Juan Gabriel López Guix.