Durante el debate estatutario hizo fortuna la referencia al federalismo asimétrico. Olvídenlo. La nueva situación política ha liquidado todo planteamiento asimétrico en la relación de Catalunya con España porque, como anticipó E. Juliana, todas las comunidades autónomas van a intentar equipararse con el nuevo Estatut. ¿Quién se acuerda, por ejemplo, de las balanzas fiscales? Pero no se han acabado las asimetrías. El único cambio es que ahora las asimetrías se han trasladado al interior de Catalunya. Veamos algunas de ellas.
1. La asimetría de lo identitario y lo social. Estamos en un proceso cuyo destino final es que lo nacional tenga por definición una connotación negativa y lo social tenga por definición una connotación positiva. Debemos ser el único país del mundo en el que lo social y lo nacional se presentan como un juego de suma cero.
Las políticas concretas que se llevan a cabo en nombre de lo nacional son siempre un riesgo, y las que se llevan a cabo en nombre de lo social son siempre un acierto, pero nunca al revés. Sorprende que se valore peyorativamente el estatuto como algo identitario.
¿Acaso un buen estatuto no permite hacer mejores políticas sociales? Más bien nos tememos que se trata de desactivar lo que subyacía al debate estatutario, que no era lo identitario sino el poder político de Catalunya. El pospujolismo fue el Dragon Khan. ¿Qué será el sosiego posnacionalista?
2. La asimetría de los ejes políticos. Siempre se ha dicho que la complejidad y la pluralidad política catalana eran debidas a que los planteamientos políticos se situaban en relación a dos ejes: derecha-izquierda y Catalunya-España. Se trata de disolver el segundo en beneficio del primero. Es sospechoso decir que el binomio derecha-izquierda ya está superado, pero también es sospechoso decir que el binomio Catalunya-España todavía es relevante. Esto nos lleva a la asimetría de la normalidad: reducirnos al eje derecha-izquierda nos convierte por fin en un país normal. La normalidad que nos corresponde, por supuesto: la de Cantabria o La Rioja, no la de Dinamarca o Holanda. Yde ahí a la asimetría de la alternancia. Es una cuestión de higiene y salud democráticas que se produzca la alternancia en el Gobierno de la Generalitat, y sólo este hecho es casi un bien en sí mismo. Algo que no es de aplicación para ayuntamientos y diputaciones. Los que hablan de cambio de régimen lo hacen asimétricamente.
3. La asimetría de la superioridad moral. No acabamos de entender que se presenten peyorativamente las decisiones políticas orientadas a conseguir poder. ¿De qué trata, si no, la política? Más bien debiéramos reivindicarla, precisamente porque la lógica del poder en ella es más transparente y está más regulada que, por ejemplo, en la empresa o la universidad. Sin voluntad de poder no hay política. Por eso no es conveniente pretender que determinada posición política es moralmente superior. Sustituir el mito de la superioridad moral de la izquierda por la del nacionalismo nos puede llevar hoy a una asimetría del catalanismo en la que, bajo un efecto tequila a la catalana, se confunda la casa común con una sola habitación. No hay que llevar el problema de la vivienda hasta estos extremos. El catalanismo no puede ser una aldea gala resistiendo al invasor. Y encima sin poción mágica.
4. La asimetría del sucursalismo. Se ha cuestionado estos días la decisión del PSC, tanto desde Barcelona como desde Madrid. Algo sorprendente, porque no era posible otra opción, ya que nuestro ordenamiento jurídico prohíbe el suicido asistido. Pero esto se ha presentado como una prueba de no sucursalismo, lo que resulta curioso porque se confunde intencionadamente el no sucursalismo que trata de obtener más poder para Catalunya, con el no sucursalismo que trata de obtener más poder en Catalunya.
5. La asimetría temporal del mientras tanto.Los negociadores en el País Vasco deberían tomar nota de que nada desactiva tanto el discurso independentista como unos años de coche oficial. Y no por oportunismo acomodaticio, sino por la asimetría del mientras tanto: ya que va para largo tener una mayoría suficiente no renunciamos al verbalismo independentista, pero mientras tanto debemos congelar las propuestas que le están asociadas, y concentrarnos en lo que nos hace semejantes a los que no lo son. De la pluja fina pasaremos a la pluja seca, y siempre nos quedará el mientras tanto.
6. La asimetría de la transparencia. Hay un acuerdo generalizado en atribuir la mejora de IC-V a su apuesta pasada y futura por el tripartito. Pero la asimetría de la transparencia confirma que lo que beneficia electoralmente perjudica en las negociaciones. Como ya sabemos que apuestas de entrada por estar en el Gobierno, los demás negociamos y te llamamos a la hora del café para ofrecerte la conselleria lenteja: si te gusta la tomas, y si no lo dejas...; y ya sabemos por tus compromisos electorales que no lo vas a dejar. El lenguaje claro se paga en los despachos.
8. La asimetría de la adscripción. En tiempos de confrontación política se impone la contraposición con nosotros o contra nosotros,y se reduce todo a un problema de adscripción. Este artículo también se leerá en esta clave. Y así aumentan el voto en blanco y la abstención que responde a una opción consciente. Por eso proponemos que la ley electoral permita que si los votos en blanco superan el 3%, los correspondientes escaños queden vacíos. Así, al menos, no se preocuparán de la participación sólo entre la noche electoral y la constitución del Parlament.
ÀNGEL CASTIÑEIRA Y JOSEP M. LOZANO, profesores de Esade (URL).

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