Si hay que ir se va, pero ir por ir es bobada. La popular muletilla de Cruz y Raya le viene pintiparada a Mariano Rajoy. A pesar de eso, irá. Y escuchará a Rodríguez Zapatero con banda sonora de niños del colegio San Ildefonso. Sin la menor esperanza de que el presidente cante un premio gordo.

De lo del viernes en Moncloa, ni la pedrea. Ir por ir, hablar por hablar, para las cámaras, para que Zapatero pueda presumir de haber mejorado el trato al jefe de la Oposición, para que Rajoy pueda desmentir a quienes le acusan de despreciar al presidente del Gobierno. Y poco más.

Ayer lo dejó claro Mariano Rajoy: "Si no se rompe la negociación con ETA-Batasuna, yo no puedo apoyarle". Por si había dudas, el PP difundirá mañana un comunicado fijando de antemano esta posición. Nada nuevo. Será una repetición de su último cruce parlamentario. Zapatero a Rajoy: "Vuelva usted a donde siempre ha estado la Oposición para acabar con ETA". Rajoy a Zapatero: "Vuelva usted al Pacto Antiterrorista, suspenda los tratos con ETA-Batasuna, impida que vuelvan a sentarse en los Ayuntamientos y dígale al fiscal que no cambie de criterio en función de la temperatura del proceso".

Entonces ¿para qué quiere Zapatero entrevistarse con Rajoy? Para tenerle al lado en la foto navideña si ETA rompe la baraja. Para que se suba en marcha al proceso si ETA no lo rompe. O simplemente para demostrar a la opinión pública que sigue buscando el acercamiento y no es culpa suya si no se logra.

Pura simulación. La hay en el gesto de Zapatero tomando la iniciativa del encuentro y también en el gesto de Rajoy prestándose al juego, cuando ambos saben que es inútil. Ninguno de los dos puede ni quiere bajarse del tigre. Cada uno cabalga en el suyo y los dos esperan ganar la carrera a costa del descalabro del otro. Eso es lo malo, que el ganador nunca tendrá el reconocimiento del perdedor porque en semejante juego las reglas no se respetan desde hace mucho tiempo.

Este PP que arrastra el peso muerto del 14-M nunca reconocerá con deportiva lealtad institucional el derecho de este Gobierno a intentar el fin de ETA, en función del mandato recibido en las urnas para dirigir la política interior y exterior de España. Aunque se pueda equivocar. Y el Gobierno nunca reconocerá al PP que, aunque sus dirigentes se equivoquen de estrategia, representa un sector de la soberanía nacional cualitativa y cuantitativamente ineludible a la hora de elegir el modo de acabar con la banda terrorista.

En todo caso, los ciudadanos se lo demandarán en las urnas. A los unos o a los otros, en función de los resultados. También puede que se lo demanden a los dos a la vez. Porque los ciudadanos más sensatos, por la izquierda y por la derecha, coinciden en lamentar el espectáculo de la división de las dos grandes fuerzas políticas nacionales a la hora de afrontar un gran problema nacional.