Hace poca más de una semana se constituía el Consejo de Administración de Radio Televisión española. El artículo 10 de la ley de la radio y la televisión estatal aprobada en junio del año pasado estableció respecto a su composición que estará compuesto por doce miembros, todos ellos personas físicas con suficiente cualificación y experiencia profesional, procurando la paridad entre hombres y mujeres en su composición. Pero hete aquí que con el reparto de plazas entre los diversos partidos y sindicatos, esta paridad pretendida legalmente se ha quedado sospechosamente en nada: nueve hombres y tres mujeres han sido finalmente propuestos. Yo me niego a creer que en todo el estado español no haya tres mujeres con la cualificación y experiencia que tienen los tres hombres que han sido designados por encima del cincuenta por ciento de los puestos a cubrir. Luego la cuestión no debe ser el de la competencia para el desempeño de la función.

Algo similar debe estar sucediendo en la vida universitaria. En su edición del lunes, El País publicaba un reportaje sobre los más que escasos nombramientos de doctor honoris causa que recaen sobre mujeres. Tan solo un 3% del total. Y más vale que no repasemos algunos nombres masculinos a los que se les ha concedido tal distinción para no hacer más dolorosa la afrenta. La noticia por estos lares es que los partidos políticos andan algo así como a la caza y captura de mujeres para incorporarlas a las listas en la próximas elecciones municipales. Parece obvio deducir, a sensu contrario, que los nombres y la posición de los varones en ellas los tienen perfectamente claros. Parece ser que tres décadas de democracia basada en la existencia de los partidos políticos, no han dado de si lo suficiente para que las mujeres se hayan hecho visibles dentro de ellos. Y si el medio de participación política por excelencia, según nuestra Constitución, no ha sido suficientemente atractivo para que las mujeres sintamos que debemos formar parte de él, el problema no está en la exigencia legal de paridad, como malintencionadamente dirán algunos. El problema está en cómo se ordenan y trabajan internamente los que dicen representar la voluntad popular. O acaso se conforman con ser la voluntad mediopopular.

Rosario Hevia. Magistrada.