La ministra de Fomento, Maleni Álvarez —Maleni tiene nombre de tango—, no sabe hablar. Es asombroso, pero la ministra de Fomento no sabe hablar, y por eso le tiene pavor a los micrófonos, las entrevistas y no digamos una rueda de prensa si antes no le dan las preguntas por escrito para que le escriban las respuestas, porque Maleni no sabe hablar. Lo que no sabemos es si esta prenda que vino de Sevilla sabe pensar, o si sabe sumar, dividir, multiplicar y escribir, porque lo normal es que los niños empiecen por decir algo y luego van al cole. Pero Maleni habla muy poco, y en los últimos años lo único que sabía decir desde que llegó al Ministerio es: “Cascos malo, Cascos malo”. En referencia al anterior ministro de Fomento, que dejó tras de sí una ingente obra, mientras Maleni lleva casi tres años y sólo se dedica a inaugurar tramos del tiempo de Cascos, pero no termina nada de una vez.
Pero lo malo de Maleni es que tampoco sabe volar, cosa que parece más fácil, porque mire usted la que ha liado con Air Madrid sin control, sin previsión, sin eficacia y casi sin seguridad. Y ahí sigue la ministra en su Ministerio, cuando Zapatero la debería enviar a su casa sevillana en un vuelo de Air Madrid, en compañía de la ministra de Cultura, la Carmen Calvo, otra que no sabe hablar y que se hizo famosa por lo de Pixi y Dixi, entre otras muchas lindezas, a sabiendas de que las dos se llevaban a matar, aunque lo de Maleni es todavía mucho más grave, porque la Calvo por lo menos se ríe de vez en cuando y se viste como si estuviera en Carnaval; pero la Maleni lleva una cara de susto que no se lame, y si ve un periodista ni te cuento. Porque una vez se encontró a solas con Marcello en los pasillos del Congreso y nuestro reportero le preguntó por el AVE de Valladolid y ella respondió: ¿pero cómo me hace usted esas preguntas, no ve que no llevo los papeles? O sea, que sin papeles la ministra está perdida y no puede hablar.
Lo grave del asunto es que lo de Maleni, sin tener ni idea de nada de lo que administra, se veía venir, estaba al caer, y llegó y menos mal que no cayó, porque se nos ponen los pelos como escarpias —que le gusta decir a Rosa Montero— cuando nos hemos enterado de que a ocho aviones de Air Madrid se les pararon los motores en pleno vuelo, y menos mal que volvieron a arrancar, porque de lo contrario podía ocurrir que, haciendo honor a su nombre, los pobres pasajeros iban a ir directamente y para siempre de Madrid al cielo, en el peor sentido del dicho.
El caso es que Maleni nos ha dado las Navidades, después del caos que organizó en el aeropuerto de Barcelona meses atrás, o de los líos del AVE y las autopistas que no sabe cómo solucionar, o el follón del túnel de la risa en la Puerta del Sol, o lo del otro lío de la operación Chamartín, que se quiere quedar con la pasta de la ampliación de la avenida de la Castellana, suponemos que para pagar los billetes de Air Madrid. Aunque lo más entrañable de todo lo que le ha ocurrido a la ministra de Fomento fue aquello de cuando fue a México y pidió una suite en un gran hotel y cómo no había cogido una llave y se fue tan campante a una habitación donde estaba un charro con sus largos bigotes y pistola al cinto, no sabemos bien si con o sin pantalón. Y encima la ministra tiene malas pulgas y dicen que se pelea con todo quisque y que por eso Chaves, que estaba hasta el gorro de sus broncas, la mandó a la primera ocasión hacia Madrid y aquí está la doña, muda como una estatua porque no sabe hablar ni qué decir.

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