CANELA FINA
Lo escribí hace muchos años: «Umbral es el mejor de todos nosotros». Desde que le conocí en mi despachito de subdirector del ABC verdadero, he seguido con asombro su vuelo de águila sobre las letras españolas, de paloma torcaz, a veces. Para resarcirle de su primer intento en la Academia, le presenté al Cavia. Era el mejor y un jurado independiente le premió. También le presenté al Príncipe de Asturias. Y le fiché para ABC, a escondidas de Pedro J., en una operación galdosiana y divertida. Mi admiración por Francisco Umbral viene de lejos, más de 40 años la contemplan.
Un simpático columnista, con el que suelo coincidir, salvo en su manía de ponerse calcetines blancos y cortos, ha escrito que Umbral es «la marca» de EL MUNDO. Pues no. La marca de EL MUNDO es Pedro J. Ramírez. Ningún columnista ha sido nunca la marca de ningún periódico. No lo fue Azorín en su época gloriosa en ABC. Ni siquiera lo fue Pemán, primer articulista del siglo XX español, 40 años ocupando la tercera del periódico fundado por Torcuato Luca de Tena. En 1982, con el espléndido Jaime Campmany escribiendo todos los días en ABC junto al chiste de Mingote, el periódico se hundía irremisiblemente. Conozco bien la operación que hubo que hacer para, con un excelente equipo de profesionales, sacar a flote el barco y evitar el naufragio.
Un columnista, por magnífico que sea, no define a un periódico. La experiencia demuestra que las grandes firmas ni siquiera se llevan los lectores de un diario a otro. Ése es un error muy frecuente en editores bisoños y prepotentes. Los lectores cristalizan poco a poco, con el tiempo, la seriedad y la coherencia del medio. El periodismo es una larga paciencia, el trabajo nuestro de cada día.
La marca de EL MUNDO es Pedro J. Ramírez, como saben todos los que conocen de verdad el periódico, como la marca de El País fue Juan Luis Cebrián. Los que han venido detrás se han beneficiado del éxito obtenido por el periodista que es, hoy, académico de la Real Academia Española. Umbral, que escribió durante varios años en El País, contribuyó con otros muchos a la operación periodística dirigida por Cebrián. Negar a Pedro J. Ramírez o a Juan Luis Cebrián la marca de EL MUNDO o El País es negar la evidencia. Pedro J. levantó un Diario 16 hundido. Juan Tomás de Salas, con la prepotencia propia del empresario ignorante, creyó que podía prescindir de él y complacer al ministro Semprún. Los lectores saben lo que ocurrió después.
Entre los cuatro o cinco grandes escritores del siglo XX está Francisco Umbral, que no es la marca ni el signo de identidad de EL MUNDO, pero que incendia todos los días las páginas de este periódico con su escritura deslumbrante. Ayer dedicó al doctor Abarca, al que me referí en una carta a Cayetana, un artículo deslumbrante. He seguido la reciente enfermedad de Umbral con zozobra. Almorcé un día con el doctor Abarca, que sería un colosal ministro de Sanidad, para que me informara de la salud del autor de Mortal y rosa. Hablamos los dos con España y celebramos su mejoría, debida en gran parte a los cuidados del hospital Montepríncipe. Pero, como decía Luis Calvo, «lo cortés no quita lo cavanillas», y dejemos, pues, la marca de este periódico donde ciertamente está, al margen de los ditirambos sonoros y los fugaces inciensos.
Luis María Anson es miembro de la Real Academia Española.
© Mundinteractivos, S.A.

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