ZAPATERO y Rajoy se entrevistarán el viernes en La Moncloa en lo que será el sexto encuentro de ambos dirigentes desde que están en sus actuales responsabilidades, el uno como presidente del Gobierno y el otro de líder de la oposición.
Aunque en la vida política hay muchas vicisitudes, en líneas generales suelen ser los líderes de la oposición los más interesados en participar en esas cumbres de hombres de Estado. Fotografiarse con frecuencia en las escaleras del palacio presidencial da estatus de alternativa al dirigente opositor llamado a contemplar el transcurso del mandato desde la sede de su partido. A los cuatro días de anunciar los encapuchados de la organización terrorista ETA el alto el fuego permanente, Zapatero y Rajoy se reunieron durante dos horas y media. Rajoy dijo que apoyaba el proceso de paz y un mes más tarde aceptó algo inaceptable: debatir sobre el estado de la nación sin aludir a la negociación con ETA. Le salió tan mal aquel cambalache con Zapatero que no ha vuelto a hablar con el presidente.
En los nueve meses transcurridos desde la última entrevista, el llamado proceso de paz se ha ido convirtiendo en una materia viscosa sobre la que sonríen los feroces asesinos que fueron juzgados en la Audiencia Nacional en este tiempo. Nadie sabe nada. Nos queda agarrarnos a la frase del ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba: «le está costando mucho arrancar al proceso».
Mientras tanto, el PP ya igualó al PSOE en las encuestas. En esta coyuntura es a Zapatero al que le urge la entrevista con Rajoy. Seguro que el viernes le recibe con la mejor de sus sonrisas. La mejor prueba de lo que digo está en la fecha del encuentro: 22 de diciembre. En la mañana del sorteo de la lotería de Navidad, Zapatero acepta realizar la entrevista, cuando el protagonismo natural de la jornada está en una de esas localidades del Mediterráneo a las que siempre les toca el 'gordo'. Pese a lo inoportuno de la fecha, Zapatero pretender estar en la cabecera de los informativos para recuperar imagen concertando con la oposición.
Más allá de operaciones de marketing, a ambos les debería interesar ponerse de acuerdo en dos cosas básicas: el tratamiento al terrorismo y el modelo territorial del Estado. PSOE y PP llevan muchos años enfrentados y el daño que produce a España esta división es palpable.

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