Fenández&Gutiérrez, el equipo del Partido Socialista que más hace por el candidato Ovidio Sánchez, del Editorial en El Comentario
El conflicto emergente entre las "familias socialistas" que forman el complejo conglomerado de relaciones que se teje en la calle Santa Teresa de Oviedo poco tiene que ver ya con la tradición discreta que han venido jugando los secretarios generales del Partido Socialista en Asturias, puesto que Javier Fernández, que no quiso sustituir a Vicente Álvarez Areces al frente de la lista para las elecciones autonómicas, desarrolla una intensa actividad como bombero pirómano que sorprende muchísimo al observador más desapasionado, puesto que desde el punto de vista de la ortodoxia partitocrática, su labor, a pocos meses de unas elecciones autonómicas y locales, parece más propia de un apoyo inesperado para la candidatura de Ovidio Sánchez, que la de un dirigente de los socialistas.
No resulta necesario recordar sus mayores y más recientes errores, como los que protagonizó en Oviedo, poniendo contra las cuerdas al presidente de la Confederación Asturiana de la Construcción, Serafín Abilio Martínez, uno de los más firmes puntales de la política de vivienda de la coalición PSOE-IU, como muñidor de las cinco hermanas (la oligarquía de la promoción-construcción en Asturias), al que formaron un buen escándalo a cuenta de su actividad como promotor en el occidente de Asturias, al prometer a un intermediario que le zurzirían algunos descosidos en sus fincas de Pola de Laviana, si les entregaba unas cintas en las que el abogado del senador Javier Sopeña, y el propio senador, mantenían conversaciones con el tal intermediario, sobre algunas de las muchas fincas sobre las que se agitan las alas del presidente de la patronal ladrillera en el occidente.
Fernández tuvo que escuchar de todo, menos lo de guapo, que es una de las cosas que más le complacen según afirman quienes le conocen bien, a cuenta de la singular decisión de adquirir mediante un trueque de favores unas grabaciones de Regino Cantelí -que así se llamaba el intermediario-, porque esas grabaciones, que acabaron colocando en el disparadero al alcalde de Laviana, Marciano Barreñada -porque a él le tocaba la zurcidorería de las fincas de Canteli-, lo único que vinieron a demostrar, es que la costa asturiana es un volcán en erupción, puesto que al lado de donde Abilio hacía un trato para un solar a través de sus intermediarios, el portavoz del PSOE de Navia, Juan Pablo Unibaso, negociaba una comisión por la venta de otro solar, y por allí patrullaba el alcalde de Navia Manuel Bedia, preparando trozos de queso y resortes mecánicos para aplastar al portavoz del PSOE en el ayuntamiento del occidente, que tuvo que dimitir cuando la trampa de Bedia se soltó con todo el estruendo, y la Federación Socialista Asturiana se encontró con que el único cargo público que pagó los platos rotos urbanísticos en la zona fue su portavoz naviego.
Javier Fernández y Jesús Gutiérrez fueron a buscar lana a Navia, con lo que se suponía que era material de primera para aplicarle fuego a la mecha de Javier Sopeña, y Bedia los trasquiló. Bedia es todo un clásico de la política asturiana, que expulsó los dientes de leche en la UCD que manejaba con singular precisión inmobiliaria su amigo Serafín Abilio en los tiempos de la sacrosanta Transición. El naviego consiguió destripar al portavoz de su oposición, en una de las jugadas más curiosas de la historia de la torpeza política, pues encima, todos los actores de esa tragicomedia occidental, Fernández, Gutiérres, Abilio, Bedia, Sopeña, Unibaso, y hasta la grabadora de Canteli, dirán, por activa y por pasiva, que nada tiene que ver lo uno con lo otro, salvo que todo ocurrió a la vez y las fincas objeto de compraventa se encontraban situadas en la golosa llanura de Puerto de Vega, cuyas expectativas crecen al ritmo con el que el Miniserio de Fomento facilita el viaje a los compradores de segundas residencias.
La jugada de Puerto de Vega, con todo su corolario de indiscutible comicidad, protagonizada por los ínclitos Fernández&Gutiérrez, tenía como objetivo lograr un rebote en Oviedo, que facilitase el inicio de la demolición de la red de bastiones, casamatas y murallones, con los que Gabino de Lorenzo tiene debidamente fortificado el núcleo capitalino, desde el que administra el sitio de oro que vive en lo que bautizó, ya al inicio de su legislatura, en afortunada metáfora bélica, como el Cerco de Oviedo. Convirtiendo en a Sopeña en cloratita, Fernández&Gutiérrez sembraban las consistoriales ovetenses de sustancias explosivas y hacían un boquete en la fortaleza gabiniana, por donde entraría, como una tromba, Paloma Sáinz, llevada de la mano de su asesora Angelina Álvarez. Por el hueco humeante abierto por la bomba Sopeña, quedaba paso libre para la invencible armada femenina que había de poner el enorme gruyere ovetense en las manos de este tándem singular. Desde la distancia, Fernando Lastra, el "cerebro", animaba a uno y a otro con sus sabios consejos y con esas altisonantes y belicosas declaraciones con las que suele inflamar los ánimos flaqueantes de la tropa, cuando la voluntad se achica y el espíritu decae.
No hubo manera de barrenar la muralla gabiniana con el sopeñazo. Todavía estaban vivos los ecos del trallazo del resorte con el que Bedia cazó a Unibaso, cuando Fernández&Gutiérrez y el cerebro Lastra decidieron lanzar la operación Paloma, en la que tenían puestas todas sus complacencias, sin pararse a pensar que en la Agrupación Municipal Socialista de Oviedo había más gente que, como Dolores Riesgo, tenía ganas de jugar al juego que durante años se jugó desde el Partido Socialista, el juego de la democracia interna, algo muy razonable en una ciudad, en la que, tal y como se viene recordando por muchos de nuestros contertulios, ese juego se utilizó para destrozar electoralmente las posibilidades del entonces portavoz socialista en Oviedo, Leopoldo Tolivar, cuando desde la FSA no hubo inconveniente en permitir que Vicente Álvarez Areces intentase colocar al frente de la candidatura del PSOE oventense, en unas primarias, a Eugenio Prieto, que durante muchos años fue titular fiduciario de las acciones del Real Oviedo, por cuenta del abogado allerano Celso González, íntimo colaborador en los negocios más torpes del Presidente Vicente.
Fernández no estaba para bromas. Las cosas se estaban poniendo feas, y ante el fracaso de la descubierta del comando Canteli, organizada por Gutiérrez con la grabadora del xateru, su asalto a Oviedo sólo podía ejecutarse ya con una "operación de imagen" con brindis con champán, capañas de anuncios, vallas y banderolas, en las que su candidata saliese al terreno de juego cargada de expectativas, lista para una carga femenina de caballería ligera sobre el enclave gabiniano lastrado por una acendrada masculinidad. Pero a las "bases" del PSOE de Oviedo se les ocurrió preguntar por qué, si Fernández permitió que Areces organizase unas primarias para deshacer un candidato como Tolivar, porque se le había ocurrido mantener unas charlas imprevistas con José Ángel Fernández Villa, esta vez no podían dirimirse las mismas cuestiones mediante los mismos procedimientos. La respuesta fue clara: "porque no me sale de los cojones" les contestó Fernández, harto de tantos problemas, él que pensaba que administrar el gobierno de un partido político era mucho más fácil de lo que la realidad le estaba demostrando. Y desde su chalé de Somió, Fernández, junto con sus cuates Gutiérrez y Lastra, organizó la mayor carnicería que se recuerda en la historia democrática de Asturias, expulsando del Partido Socialista, uno tras otro, a todos aquellos a los que se les ocurrió sugerir que se votase a la hora de elegir candidato, petición más que razonable en un sistema basado en un Constitución que dice que los partidos políticos tienen que ser "democráticos". A esas alturas de la película, las cosas iban francamente mal.
Lo que vino después está más que reciente. Brillantísima operación en Siero para sustituir a Juan José Corrales, el alcalde que más tocó los huevos a Vicente Álvarez Areces y a Red Eléctrica Española, a su paso, ora por Valdesoto, ora por Carbayín, de la línea de alta tensión por la que ha de salir la electricidad producida por los innumerables ciclos combinados, que a su vez han de quemar el gas, que a su vez ha de salir de la regasificadora, que a su vez tiene que construir la Duro Felguera. A Gabriel Pérez Villalta no tienen más narices que permitirle que apoye la Plataforma Lada-Velilla, pero lo de Corrales era demasiado, para quien se había permitido aceptar que una sociedad cultural polesa impusiese una medalla en sus dominios al más odiado de todos los políticos a los que odian Areces y Fernández, Francisco Álvarez-Cascos. Igual que utilizan a un ecologista en Aller, Roberto Hartasánchez, en Siero intentaron utilizar otro ecologista para desbloquear la alta tensión, Faustino Álvarez, el diputado del PSOE que perdió en Siero la votación para la designación de candidato a alcalde, que no lograron las víctimas de la matanza de Oviedo, con lo que se vino a demostrar que en el reino de Fernández&Gutiérrez, la democracia no es una cuestión de principios, sino de indios y vaqueros.
Y por detrás de todo, siempre José Ángel Fernández Villa. En Siero apoyando a Corrales y en Oviedo a Susana Pérez Alonso, porque este secretario general del PSOE, al que él pidió que se presentase a unas primarias para sustituir a Areces, pretendió aguantar al frente del PSOE, con un Areces debilitado en el gobierno, un Antonio Trevín enrocado en la Delegación del Gobierno, en un equilibrio inestable que mantuviese a la Pantera de Tuilla arrinconada en su despacho de la plaza Dorado de Sama, mientras él, Fernández, consolidaba su poder tomando Oviedo definitivamente a través del boquete que iba a abrir en el cerco gabiniano con la bomba Sopeña, para dar entrada a Paloma Sáinz. Ese es el camino por el que se llega a la penúltima batalla que puede darle la mayoría absoluta a Ovidio Sánchez, a cuenta de los Fondos de la Minería del Carbón, gracias a un equipo dirigente de la FSA que pretende controlar toda la política asturiana sin presentarse a las elecciones, a base de voladuras sin cuento, aplicando la dinamita aquí y allá. Pero en cuestiones de dinamita nadie gana al arrinconado Villa, que todavía cuenta con el apoyo de sus menoscabadas legiones mineras, muy reforzadas por su entendimiento con el lider de CCOO, Maximino García, que no está dispuesto a tolerar que Areces les quite el control de las inversiones de la última gran remesa de fondos que queda en Asturias, gracias al apoyo de Fernández ante José Luis Rodríguez Zapatero, que no ha dudado en apoyar a Fernández en todo lo que le pidió, incluida la carcnicería antidemocrática de Oviedo.
Así pues, y tal y como van las cosas, Javier Fernández se puede convertir en el secretario general del PSOE que logró perder las elecciones ante Ovidio Sánchez, en lo que empieza a tener más culpa, a ojos de todo el mundo, que el mismísimo Presidente Vicente. Luis Martínez Noval, su antecesor en el cargo, sonríe desde su magnífica canonjía del Tribunal de Cuentas del Reino, contemplando cómo su sucesor, y aprendiz de brujo, está logrando acabar con lo que era una maquinaria política que funcionaba con la precisión de un reló suizo.
