ANIMALES Y RACIONALES
Los adictos a las compras llegan al paroxismo durante estos días
La sociedad percibe todas las adicciones como negativas. Pero no todas en igual medida. Las que mayor rechazo social concitan serían aquellas que además son delito: el exhibicionismo, por ejemplo. En la mitad de la escala se sitúan las que se equiparan a una enfermedad, como la ludopatía. Mientras que las mejor toleradas son las que se ven simplemente como un mal hábito. Y en este apartado se sitúa la adicción a las compras.
Lo que no deja de ser un problema añadido. Lo explica Vega González, psicóloga clínica y miembro del equipo terapéutico de AIS (Atención e Investigación de Socioadicciones). "Las personas que padecen este tipo de patología pierden el control sobre sus actos, llegan a sufrir síndrome de abstinencia y entran en una espiral de riesgos tan peligrosa como en cualquier otra dependencia". Así que el hecho de que la sociedad las perciba como un riesgo bajo las vuelve invisibles e incrementa su peligro.
Sin embargo, los adictos a las compras se encuentran inmersos en un mundo irreal. No les importa sacrificar sus necesidades básicas y mucho menos las de los demás. Lo que acaba provocando situaciones de enfrentamiento familiar, deudas, ruina económica, ansiedad, depresiones o incluso suicidio. Y, al igual que ocurre con el alcoholismo o la ludopatía, resulta muy difícil salir de esta adición sin ayuda. A pesar de ello, son muy pocas las personas que acuden a una consulta para tratar un problema de compras compulsivas, ya que la mayoría de las veces lo consideran una conducta normal o simplemente temporal.
La adicción a las compras - denominada también oniomanía- podría definirse como una conducta no planificada, irreflexiva y repentina que se lleva a cabo sin una adecuada evaluación de las características del producto que se adquiere o de las consecuencias futuras de la compra, en la que predomina la emocionabilidad en vez de la racionalidad, que se experimenta en un estado de descontrol o desequilibrio psicológico y que, en definitiva, produce satisfacción inmediata de necesidades.
De esta forma, los oniomaniacos se encuentran inmersos en una espiral que da comienzo con fuertes pasajes de ansiedad que sólo logran calmarse al realizar cualquier tipo de compra de artículos que no desean y que no cumplen con ninguna necesidad personal, sin poder controlar lo que gastan.
Después viene el arrepentimiento de haber adquirido cosas inútiles y del derroche efectuado en ellas. Finalmente, se termina el ciclo sumido en una fuerte depresión y ansiedad, que incita de nuevo a ir a las tiendas y comenzar de nuevo el círculo vicioso.
Eva es el nombre supuesto de una mujer casada de 53 años que en su desmesurada preocupación por sus hijos, a los que quería que no les faltara de nada, se vio inmersa en una espiral de compras de cientos de objetos para ellos. Primero lo hacía personalmente y después por catálogo. Cuando los paquetes empezaron a llegar a decenas se puso en tratamiento.
¿Qué le sucedía a Eva? Aunque la causa que provoca la adicción a las compras se desconoce, los especialistas en este tipo de trastornos afirman que es una mezcla de causas biológicas y sociales. Como mecanismo biológico, se encuentra la falta de control sobre los impulsos, provocada por las anomalías cerebrales relacionadas con la función de la serotonina. Pero esta patología tiene como desencadenante principal el tipo de sociedad consumista en la que vivimos, donde el ir de compras se convierte en una actividad de ocio más que en una necesidad. Los psicólogos argumentan que la publicidad muestra aun individuo cuyo poder se mide por la cantidad y la calidad de bienes que tiene.
¿Retrato robot? Vega González traza el perfil de una persona insatisfecha, inmadura y con baja autoestima. "Hemos ayudado a mujeres que recurren a la compra de ropa ante la sensación de que lo que tienen que decir es muy poco importante y necesitan un vestido nuevo para suplir este hecho.
RAÜL Se trata en muchos casos de personas con pocas habilidades sociales. Hasta el punto de que confunden el papel de las dependientas que las atienden y llegan a pensar que son sus amigas, las únicas que las entienden. En todo caso no se trata de heroinómanas, pero sí de personas que presentan una mezcla importante de problemas familiares y económicos y que aunque no muestren un deterioro físico, sí que llega a ser muy importante el deterioro psicológico".
Los estudios recientes sobre el tema establecen que entre el 60% y el 80% de los adictos a las compras son mujeres. La edad de inicio se sitúa en la adolescencia, pero no será hasta llegar a los 30 o 40 años cuando la persona verá la necesidad de pedir ayuda y someterse a tratamiento. La adicción disminuye a medida que aumenta la clase social y la media de episodios semanales de compra ronda las tres veces. El índice de prevalencia de esta adicción se sitúa, según países y estudio, entre un 2% y un 8% de la población. Un informe europeo elaborado por la Unión de Consumidores de España (UCE) señala que una de cada tres personas reconoce que compra mucho más de lo que necesita.
Javier Garcés, psicólogo y colaborador de la UCE, señala que esto significa "un problema moderado en el descontrol del gasto. Se puede hablar de adicción patológica en torno al 3% de la población". Otro informe elaborado por el Gobierno de Castilla-La Mancha habla de un 3% de personas con dependencia severa y un33% que abusa irreflexivamente. En ocasiones es difícil delimitar cuándo el ambiente, una época o una situación propicia una conducta adictiva, a sabiendas de que el problema no es la droga o en este caso el comprar; el problema está en la persona.
Por eso, los adictos a las compras, oniomaniacos o, en inglés, shopaholics,lo son todo el año. Aunque los dos meses que duran las campañas de Navidad y las rebajas son un momento propicio para que estas tendencias alcancen el paroxismo. José Manuel Otero, profesor de Psicología Clínica en la Universidad de Santiago de Compostela y autor de un estudio pionero sobre esta adicción, considera que este periodo constituye "un contexto muy atrayente para los compradores impulsivos, porque se sienten especialmente atraídos por el ambiente que se genera a su alrededor, el ruido, la animación, las gangas...".
Autoimagen y apariencia
¿Y qué es lo que compran? Entre los artículos más recurrentes, según Otero, se encuentran "aquellos que se relacionan con la apariencia física, sobre todo ropa de moda y complementos de vestir. Habría que sumar también la música, antigüedades y los coleccionables". En el caso de los hombres, los objetos preferidos son el material informático, vídeos y DVD, equipos de música y accesorios de coches, todos ellos relacionados casi siempre con el ocio y el tiempo libre. En el caso de las mujeres, por el contrario, son cosmética, ropa, zapatos y bolsos, lencería y joyas. Objetos todos ellos relacionados casi siempre con la autoimagen y la apariencia. Habitualmente se pierde interés por los objetos adquiridos una vez hecha la compra, de manera que el destino final de los objetos suele ser acabar escondidos, acumulados sin desenvolver, regalados, devueltos o destruidos. Tanto ellos como ellas prefieren ir a comprar solos.
¿Cómo conjurar esta pulsión? La mayoría de expertos coinciden en recomendar reflexión. Pues aunque la oniomanía no siempre tiene por qué convertirse en un trastorno patológico, lo cierto es que sucumbir al consumo impulsivo es algo que nos afecta a la mayoría. Lo primero es no comprar nada sin pensar antes sobre la necesidad o utilidad del objeto. Lo ideal, señalan, "es planificar las compras antes de acudir al comercio, llevar una lista con lo que necesitamos y no salirse de eso". Por otra parte, evitar el pago con tarjeta, dudar de la publicidad y buscar una alternativa menos onerosa para una tarde de ocio forman parte de la batería de consejos de los especialistas.

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