En catalán y en castellano, de Joan de Sagarra en La Vanguardia
LA TERRAZA
A principios de este mes, el día 6, Esther Tusquets publicó un artículo en este diario que presumí iba a hacer mucho ruido, pero me equivoqué: el artículo de la señora Tusquets tan sólo suscitó unas pocas cartas, menos de media docena, de los lectores de La Vanguardia. El título del artículo era un tanto llamativo y, si me apuran, un pelo provocador: "Catalanismo en castellano". Al final del texto, la señora Tusquets nos desvelaba la razón que la había llevado a escribirlo: al parecer, una tendera la había increpado diciéndole: "Señora, ¿por qué demonios le habla usted en español a su nieto?" (en catalán, claro está, y "en tono de gran inquisidor", puntualiza la señora Tusquets). Y la señora Tusquets, que es una escritora y editora harto conocida, terminaba su artículo diciendo que estuvo a punto de replicar a la tendera con una rotunda grosería, "en catalán purísimo también, claro", pero que finalmente optó por "decidir no volver a pisar su tienda y escribir este artículo".
El artículo de la señora Tusquets es una defensa del bilingüismo, del derecho a utilizar indistintamente el catalán y el castellano cuando a uno le plazca, donde le plazca y con quien le plazca, y al mismo tiempo una denuncia del "carácter impositivo que adopta la cuestión: la obligatoriedad de utilizar el catalán sin alternativa posible". Estoy totalmente de acuerdo con ella, pero debo decirle una cosa: si hoy, en mi barrio, decido salir a la calle y expresarme tan sólo en catalán, lo voy a tener mucho más difícil que si decido expresarme sólo en castellano. Le diré más: lo voy a tener más difícil que hace sesenta años. En los años cuarenta, cuando yo era pequeño y vivía en el barrio de la Bonanova, podía ir a cualquier tienda, a cualquier bar, a cualquier quiosco y ser correctamente atendido en catalán (aunque, claro está, siempre podía encontrarme con alguien grosero, como la tendera de la señora Tusquets, que me soltase aquello de "niño, habla en cristiano", pero, por lo general, los comerciantes de mi barrio se expresaban correctamente en catalán).
En mi casa hablaba en catalán con mis padres y en castellano con las chicas del servicio, que eran de Burgos, de Cáceres, de Soria..., y alguna que otra acabó hablando catalán, como una sevillana que se hizo novia del chico de la lechería. En el colegio (los jesuitas de Sarrià) me educaron en castellano, pero con algunos padres (como el padre Caballería, que había sido compañero de mi padre en los jesuitas de Casp) hablaba en catalán. Al igual que con un montón de alumnos, que eran de familias catalanas como yo. Con mis compañeros de familias castellanoparlantes me expresaba en castellano, y algunos de ellos, al principio, no me llamaban Sagarra, sino Segarra, con e, no porque fuesen unos expertos en filología catalana (el apellido Sagarra, en realidad debería escribirse con e porque viene de la comarca de la Segarra), sino porque me asociaban con los calzados Segarra o con el futbolista del Barça.
Volvamos a mi barrio (en la Dreta de l´Eixample). Frente a mi casa tengo un chino en el que nadie habla en catalán y una tienda de productos rusos en la que ocurre lo mismo. Un poquito más allá, hay una tienda de muebles en que todo está escrito y etiquetado en correcto catalán, salvo el pesebre del escaparate. El pesebre es el típico pesebre catalán, con caganer incluido, pero junto a los tres Reyes Magos montados en sus respectivos camellos hay un cartelito en el que se puede leer: "... Les desea Felices Fiestas y un próspero Año Nuevo", en correcto castellano. Unos pocos metros más adelante hay un bar en el que si pides un whisky amb gel te puedes llevar la desagradable sorpresa de que te sirvan un whisky con Coca-Cola (me ha ocurrido en otros sitios). Y luego está el Morrysson. La terracita del Morrysson es algo extraordinario. Los propietarios del local, gente de Cuenca, muy buena gente y amigos míos (hablamos en castellano), han colocado en la entrada uno de esos Papá Noel de tamaño natural, tirando a gigantón, que mueven los brazos y dicen o cantan algo incomprensible en un idioma incomprensible. El Papá Noel en cuestión se halla frente a una pizarra rematada con el rostro de un chef con su gorro blanco, unos señores bigotes y que empuña en su mano derecha una botella de La Casera. En la pizarra suelen escribir el menú del día (8 euros, pan, vino, postre y... La Casera). En el menú del pasado viernes había, entre otros platos, un caldo gallego, una fideuà (sin acento) y una "vadella amb bulechts" (sic). Pero aquí no acaba la cosa. Al lado del chef de La Casera hay un buzón de Correos. El año pasado, ese buzón tenía la segunda o de Correos decapitada, de modo que se pudiese leer Correus y los términos "ciudad" y "otros destinos" tachados, de modo que sólo se pudiese leer su equivalente en catalán. Pues bien, este año no han tachado ni decapitado nada, tan sólo han añadido en ambos buzones, el de la ciudad y el de otros destinos, dos frases: "Love letters" y "Herat core". Está visto que esto del inglés como tercera lengua de Catalunya empieza a funcionar. Durante muchos años yo he alternado en esta ciudad el uso del catalán y del castellano y sigo haciéndolo, pero insisto en que si quisiera expresarme tan sólo en catalán tendría más problemas que si lo hiciese en castellano. Se me podrá decir que esos problemas son gratuitos, porque si puedo cambiar tranquilamente de lengua, como hago en realidad, ¿por qué me obstino en hablar tan sólo en una de ellas, el catalán? Pues muy sencillo, podría responder: porque me da la real gana y porque tengo todo el derecho a hacerlo así. En este país uno debería poder ser atendido, correctamente atendido, tanto en catalán como en castellano. Aquí hay mucha, muchísima gente que llega sin saber una palabra de catalán ni de castellano y que termina aprendiendo (es un decir) el segundo idioma por la sencilla razón, dicen, de que en castellano te entiende todo el mundo, y si te entiende todo el mundo, para qué tienes que aprender el catalán.
En su artículo, la señora Tusquets dice: "Si el catalán sobrevivió al franquismo, sin prensas, sin apenas libros, ni radio, ni espectáculos, ni lugar en las escuelas, ¿por qué va a desaparecer ahora?". Mire, mi buena amiga señora Tusquets, yo no soy ningún lingüista y no puedo decirle si el catalán corre o no peligro de desaparecer, pero puedo asegurarle que el catalán, hoy en día, y en la ciudad de Barcelona, desde los bares hasta los juzgados, pasando por algunos comercios "de toda la vida" del paseo de Gràcia, se halla en inferioridad de condiciones con respecto al castellano. Yo no soy partidario del monolingüismo. Cuantas más lenguas se hablen y se dominen tanto mejor, y permítame que le diga que me sabe muy mal que el francés, que fue una lengua de cultura para muchos catalanes, haya prácticamente desaparecido. Y ya que usted habla del franquismo en su artículo, permítame también que puntualice alguno de sus términos. Me sorprende que diga usted que el catalán sobrevivió al franquismo sin espectáculos y me sorprende que ningún lector de este diario no haya escrito cuatro líneas desmintiendo tal afirmación. Señora Tusquets: el teatro catalán volvió a los escenarios en 1946. Hemos tenido 29 años de teatro catalán con Franco. Las obras de teatro de mi padre se estrenaban en el Romea y luego recorrían todo el territorio catalán. Año tras año, desde 1946. Y esas mismas obras luego se emitían por Radio Barcelona (¿qué se ha hecho de aquellas grabaciones con las voces de espléndidos actores y actrices?). Sí hubo, no lo dude, señora Tusquets, teatro en catalán durante el franquismo. Otra manera de "salvar el mots".
P. S.
Parece ser que la empresa Balañá está en tratos con el Ayuntamiento para que éste se quede -¿venta, alquiler?- con la Monumental. Dicen que en el 2008 podrían terminarse las corridas de toros en Barcelona. Lo escribí en estas páginas: "Mucho me temo que los Balañá acaben cerrando la plaza antes que Portabella y los antitaurinos acaben prohibiendo las corridas en este país". Dicen que pierden dinero (dan más los cines y los teatros). El viejo Balañá no lo hubiese permitido. Ojalá salga un empresario mexicano, un tío con muchos millones, y se quede con la plaza. Podría organizar vuelos de aficionados de todo el mundo para ver excelentes corridas. Como otro de los atractivos de la gran encisera turística. Buenos toreros los hay, siempre los habrá. Y si me apuran, toros también. Barcelona sin toros, sin putas, sin tabaco, sin alcohol, sin... la mare que l´ha parit!

Hasta las narices dijo
Así que al señor Sagarra le parece que las putas dan ambiente a Barcelona. Pues abra usted un burdel en su casa para que los que tengan una urgencia entren a follarse a su madre y a su hermana, previo pago, no faltaba más.
28 Junio 2007 | 02:33 PM