La Administración ha iniciado una lucha sin tregua contra la obesidad infantil. En este camino ha apuntado contra las maxi hamburguesas y los anuncios de pizzas. Pero hay una industria muy poderosa contra la que aún no se ha atrevido: las bebidas refrescantes. Expertos en nutrición alertan con vehemencia de los perjuicios de la enorme cantidad de azúcar y la toxicidad de los aditivos que componen tanto los refrescos como los zumos ‘de bote’. Ingredientes que inducen a la diabetes y que pueden generar reacciones alérgicas. Sanidad mira para otro lado mientras la industria sigue creciendo a muy buen ritmo y se generalizan los casos de consumidores adictos que han sustituido por completo la ingesta de agua por estas otras sustancias.

Los casos más extremos se dan en las personas jóvenes. La adicción no es producida por sustancias ilegales –la coca de las colas desapareció hace muchos años- sino por algo a priori tan inocente como la cantidad de azúcar que contienen. Por internet circulan informaciones que lo explican de manera simpática (ver ejemplo), sin embargo, médicos nutricionistas consultados por este diario afirman que ya no es extraordinario encontrar a individuos que beben única y exclusivamente refrescos u otro tipo de bebidas industriales: “El azúcar gusta”, explica Marta Castells, doctora en Farmacia y experta en Nutrición, “es una sensación agradable que llega al cerebro. Los refrescos y zumos proporcionan un bienestar que hace que, sobre todo, los niños quieran cada vez más”.

Las consecuencias de esta adicción no hay que tomárselas a broma. La obesidad amenaza con superar al tabaco como causa principal de muerte en Estados Unidos. The Journal of the American Medical Association publicó un estudio realizado por la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard cuyas conclusiones evidenciaban que el excesivo consumo de bebidas gaseosas azucaradas era la causa del aumento brusco de la diabetes y la obesidad.

Castells corroboraba a este diario las conclusiones de esta investigación. “Es el azúcar de los refrescos y zumos no naturales lo que es más perjudicial, una bebida de 33 centilitros equivale a siete terrones de azúcar, un azúcar que muchas veces no es el de caña como el que utilizamos para el café, sino una mezcla química”. En España está aumentando cada vez más el consumo de este tipo de bebidas, “los padres las sustituyen por la leche y el agua cuando lo correcto es consumirlas de forma ocasional”.

Los nutricionistas se enfocan en la alimentación infantil porque es en esta edad cuando se adquieren los hábitos nutricionales que luego resulta harto complicado reconducir. Se hace hincapié en que, por ejemplo, un zumo no puede sustituir a la fruta y siempre hay que comer con agua. Además, no hay que olvidar la importancia de masticar en el proceso digestivo: “El mecanismo de la digestión comienza con la masticación, si lo suprimimos lleva a comer más porque no quedamos saciados”, explica la doctora.

El uso de determinadas bebidas refrescantes es útil, eso sí, “cuando hay una bajada brusca de azúcar”. Un remedio casero que no debe aplicarse para contrarrestar un vómito o una diarrea como es habitual. En el primero de los casos, “hay que encontrar la causa del vómito y acudir a la farmacia”, recuerda la nutricionista, “en el caso de la diarrea se puede fabricar en casa un suero con agua, limón, bicarbonato y sal y, siempre que sea posible, acudir igualmente a la farmacia”.

Falta de contundencia desde Sanidad

La Agencia Española de Seguridad Alimentaria, dependiente del Ministerio de Sanidad, confirmó a El Confidencial la ausencia de normativa o acción alguna para concienciar del peligro del abuso de las bebidas refrescantes. “Tan sólo se dan algunos consejos”, apuntan. El Ministerio regido por Elena Salgado, en cambio, sí se ha puesto serio con el incumplimiento de la Estrategia NAOS contra la obesidad y la diabetes, por parte de alguno de sus ‘abajo firmantes’ como Burger King y sus anuncios de hamburguesas XXL.

En los países anglosajones han sido mucho más contundentes. El pasado 18 de noviembre el Reino Unido anunciaba la prohibición de promocionar, entre otros productos industriales, las bebidas gaseosas en horario infantil consideradas “nocivas” para los niños y este mismo mes la junta de Salud de Nueva York (EEUU) ha dado de plazo hasta junio para eliminar todo rastro de grasas hidrogenadas, conocidas como grasas trans, vinculadas al desarrollo de enfermedades cardiovasculares.

Las asociaciones de consumidores tampoco han tomado determinaciones decisivas. Apoyan, eso sí, la Estrategia NAOS respaldando cualquier actuación del Ministerio dentro de este marco. Pero de las bebidas refrescantes no se sabe nada y los eslóganes de sensación de vivir, el descúbrela y disfruta la fruta sana y natural de conocidas marcas se perciben a todas horas y por todas partes.

El poder de la industria de refrescos

La producción de bebidas refrescantes en España en 2005 fue de 4.887 millones de litros, un 2,5% más que el ejercicio anterior. Y estos datos son fiel reflejo de las ventas porque se consume prácticamente el 100% de la producción. Anfabra (Asociación Nacional de Fabricantes de Bebidas Refrescantes Analcohólicas) (ver miembros) argumenta en su defensa que “muchas de las informaciones en contra de los refrescos están basadas en opiniones y no en datos contrastados en estudios científicos”. Además, “existen investigaciones que contradicen esos datos”.

Sin mencionar la excesiva cantidad de azúcares en la composición de los refrescos, Anfabra asegura que estas bebidas no engordan “porque del anhídrido carbónico (gas) no se puede extraer ninguna energía, ninguna caloría”. Es más, “algunas personas consideran que la ligera sensación de saciedad que proporciona el gas les ayuda a controlar la cantidad de alimentos que ingieren y, por otra parte, existen las variantes light para aquellos que tengan un especial preocupación por cuidar la línea”.

Ciertamente, las bebidas light contienen edulcorantes artificiales con un contenido de calorías muy bajo. Sin embargo, las personas que están siguiendo una dieta las consumen de forma desmedida. A esta conclusión llegó la Sociedad Norteamericana de Diabetes. Este trabajo se suma a otro análisis que se realizó en Gran Bretaña, donde la misma firma Coca Cola destacó que en la actualidad se consume más cantidad de su versión dietética que de su producto tradicional. En la actualidad, según las estadísticas de Anfabra, las bebidas refrescantes light representan el 25% del total en nuestro país.

Anfabra apunta otros estudios que avalan a los refrescos: “Está demostrado que el sabor es uno de los factores que facilitan completar una óptima hidratación”. (ver estudio adjunto). Con respecto al aporte energético, en el caso concreto de niños y adolescentes, un estudio de la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid concluye que del total de las calorías que ingieren los niños madrileños, sólo un 1% proviene de las bebidas refrescantes.

El verdadero veneno

El misterio que rodea a la composición de algunas bebidas, con la fórmula de la Coca Cola como paradigma, no hace más que levantar sospechas sobre la bonanza o perjuicio de las sustancias químicas que albergan. Anfabra habla de la existencia de falsos mitos y leyendas urbanas como que algunos refrescos consiguen eliminar el óxido de metales. Pero muchas personas han podido contemplar en su propia casa el común experimento que los profesores encargan a sus alumnos: un trozo de carne en un vaso de cola que desaparece transcurridos dos días.

Una de las sustancias que condenan los médicos del contenido de los refrescos es el exceso de ácido fosfórico. El organismo mantiene un equilibrio entre el fósforo y el calcio. Según expertos consultados por este diario, si la balanza se desequilibra mediante el consumo excesivo, en este caso, de fósforo esto puede provocar la menor asimilación de calcio y, por tanto, la descalcificación de los huesos.

La médico nutricionista Claudina Clos, por cuyas manos pasan destacados personajes de la vida pública, es tajante: “No existe investigación científica completa y a largo plazo del daño de las bebidas refrescantes por presiones de la industria, hay mucho dinero y muchos puestos de trabajo en juego, pero desde el punto de vista sanitario habría que terminar con todo lo que es alimentación industrial”. La industria de bebidas refrescantes emplea, directa e indirectamente, en España a 25.000 personas. Nuestro país ocupa el tercer puesto en producción total, por detrás de Alemania y Reino Unido (ver estadísticas).

“La ley industrial establece que el fabricante registre su patente con secreto y no se puede publicar pese a que estamos hablando del sector de la alimentación”, continúa Clos, “se conocen los ingredientes, sí, pero no las proporciones y cómo se prepara”.

Clos enumeró para El Confidencial algunos de los aditivos típicos de las bebidas refrescantes que resultan nocivas para la salud. En primer lugar, el glutamato monosódico, un potenciador de sabor “totalmente contraindicado para niños pequeños”, provoca alergias, urticaria, angioedemas y ‘síndrome del restaurante chino’. Entre los antioxidantes más comunes se encuentra el butilhidroxitolueno (bht) que produce alergias y afecciones hepáticas. El butilhidroxianisol (bha) también está relacionado con distintos tipos de alergias y alteraciones en la relación lípidos-colesterol. El edulcorante sorbitol produce flatulencias, diarreas e intolerancias alimentarias, así como el antioxidante lactato sódico (E-326). En contacto con otros aditivos y conservantes también se han observado procesos de asma y trastornos psicosomáticos. Todo ello, por supuesto, tomado en grandes cantidades. Situación a la que se puede llegar, según los expertos, debido a la sistematización del consumo de este tipo de bebidas.

Escándalos sonados

La industria de refrescos no ha podido ocultar algunos escándalos que minan considerablemente su imagen. Entre los más sonados fue el reconocimiento por parte de Coca Cola en marzo de 2004 de que con la marca de agua mineral Dasani lo que realmente vendía era agua del grifo. Concretamente procedía de la fábrica de Coca Cola en Sidcup (sureste de Londres) a través de las cañerías de la Thames Water, una compañía británica de distribución de agua.

Pero en países con menores recursos para el control alimentario surgen los casos más esperpénticos. El llamado ‘escándalo de la Pesti-Cola’, el pasado agosto, tuvo lugar en la India. El Centro para las Ciencias y el Medio Ambiente (CSE) encontró niveles de residuos de pesticidas en once refrescos tanto de Pepsico como de Coca Cola. Una botella de Coca Cola comprada en la ciudad de Calcuta excedía el nivel permitido del pesticida Lindane en 140 veces, mientras que en otra botella distribuida en Bombay los niveles de Neurotoxina Clorpirifos eran 200 veces superiores al límite establecido.

Las bebidas refrescantes más consumidas tienen tras de sí a las grandes multinacionales que cuentan con sus poderosos mecanismos para capear las embestidas de investigaciones médicas y escándalos como los apuntados. Según aconsejan los médicos, evitar que nos hagan daño es tan sencillo como restringir el consumo de refrescos y zumos no naturales para ocasiones especiales y enseñar este hábito a los más pequeños. Está en nuestras manos ponérselo difícil a la diabetes y todas las afecciones derivadas del abuso de la alimentación industrial.