EL APUNTE

El influjo Montilla está marcando la política catalana, no tanto por su dominio de los tiempos, sino por el cansancio generalizado y la cercanía de las Navidades. Desde hace mucho en Cataluña los partidos hacen políticas que no les toca. El PSC es más nacionalista, CiU se muestra contrariada con la derecha, ERC abraza el federalismo como si hubiera sido su cuna, el PP tiene un síndrome de mal querida difícil de superar e ICV-EUiA olvida que su pasado era obrerista. Todos miccionan con el tiesto fuera de lugar. Así llegamos a la política del puntilleo. Unió que le dice a ERC que ya no es la que era y que se están convirtiendo en la sombra del PSC. Y Convergència que se aproxima a la casa de Carod, con los peligros intelectuales que ello le puede comportar. ERC, mientras, se adapta a las circunstancias reconstruyendo su discurso y convirtiéndolo en pragmático. Montilla calla, mientras todos bailan a su son. No es mala estrategia de presente. Pero más de un simpatizante ya no va a saber con quién simpatizar, con tanto embrollo de ideas. El autismo político es malo. Esperemos que todo sea producto del mareo.

alex.salmon@elmundo.es

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