SEXO EN BCN

Todos los que formamos parte del amplio club del DPV (Divorciados Por Voluntad) sabemos que a nuestros amigos/as biencasados les preocupa con quién nos apareamos de nuevo. Cuestionan sin piedad a las nuevas parejas: que si demasiado mayores, que si demasiado jóvenes, que si tiene un trabajo cutre, que si escasa culturilla...

En el campo masculino hay cuestiones más permisivas que en el femenino. Una es la diferencia de edad con la nueva novia. Entre mis amigos del DPV está Luismi. Ha superado de largo los 50, tiene un magnífico aspecto, un montón de visas doradas, conduce un BMW y usa toallitas de autobronceado.

Su historia es típica: matrimonio de 25 años, dos hijos, unas cuantas infidelidades sin descubrir, y fin de la historia por pasarse de la fecha de la tapa. Hubo poco lío en el final porque Luismi es rico y generoso. Con una pensión compesatoria que tumba de espaldas, su ex siguió en solitario y poniendo precio a todo lo que le interesaba. Por cierto, la vi hace poco en la barra de Semon y está espléndida.

Luismi, curiosamente después del divorcio y no antes, se enamoró de una chica 30 años menor que él. Era poquita cosa, poco evolucionada intelectualmente y apenas informada. Trabajaba en una empresa de televenta. Ninguno de sus amigos despiadados apostó por la relación. «¿Qué haces con esta chica?», «Le interesa tu pasta», «Debe bajarse al pilón como dios o no se entiende», fue lo mínimo que Luismi oyó. Pero se enamoró.

La chica tuvo el buen sentido de seguir con su trabajo, algo que desmontaba la teoría de «ella busca pasta». Además, cuando le apetecía tomarse un respiro desaparecía del panorama y él andaba loco para hacerla volver. Nunca vestía adecuadamente, nunca sabía cuándo debía callarse y cuándo hablar, nunca sabía nada de nada. Él estaba cada día más demacrado, consecuencia del sobreesfuerzo sexual al que estaba sometido y de la angustia permanente por no perderla de vista.

Terminó el día que ella se volvió loca por un bailarín de flamenco.Luismi se sumergió en una depresión de la que un año después todavía no le han sacado ni el Prozac ni el Diacepán. Pero como lo de estar solo le produce terror, está con una ejecutiva brillante con la que se lleva 20 años y de la que no está enamorado en absoluto. Lo están sus amigos, ellos sí. Es inteligente, guapa, informada Luismi sigue pensando en la chica imprudente de la televenta con la que me topé hace un par de días de la mano del bailaor, y lo entendí todo. Aquel nuevo pilón, de piel morena y ojos castaños, pelo negro largo y rizado, jeans ajustados, cinturón de tachuelas y botas cartujanas, merecía doblar la espalda.La chica imprudente se convirtió en mi ídolo. «Ya tendrá tiempo en la vida para dedicarse a las inversiones» pensé.

anna.alos@yahoo.es

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