La Coctelera

Caffè Reggio

Un lugar de encuentro, para leer juntos

13 Diciembre 2006

Un asesinato de ETA sería el paso seguro para rehacer el frente común PSOE-PP, de Antonio Casado en El Confidencial

ETA parece a punto de romper el llamado ‘proceso’, haciendo más caso al PP que al Gobierno. Y no por la tan manida rendición de Zapatero sino justo por todo lo contrario: la firmeza mostrada por el Gobierno al negarse a avanzar mientras la banda terrorista sigue utilizando la violencia. Esa y no otra es la explicación inmediata al pesimismo reinante. La mediata sigue estando en el mal planteamiento inicial, a mi juicio, de una operación cuyos elementos son el trato con asesinos, los equívocos objetivos del diálogo y la falta de sintonía con el PP.

Pero vamos a lo último, sin olvidar la experiencia acumulada a lo largo de cuarenta años. Después de tanto tiempo, ETA se ha hecho bastante previsible para nuestros servicios de inteligencia y analistas policiales. Creen que no volverá a las andadas sin avisar. Más bien cuentan con el anuncio a corto plazo de la ruptura del alto el fuego. Pero no hay acuerdo político-policial respecto al alcance o la agresividad de las acciones que prepara para la fase siguiente a la ruptura.

Ahí estamos. No hace falta ser ministro del Interior para llegar a la conclusión de que ETA puede matar aunque esté debilitada y lleve en el cogote el aliento policial. Cuando Rubalcaba nos propone como algo verosímil la vuelta de la banda terrorista a los atentados mortales, se pone en lo peor. Hace bien. Pero puestos a discurrir, tampoco es difícil desembocar en la conclusión de que una nueva animalada, cuarenta y tres meses después de la última sangre (Sangüesa, mayo 2003), sería el camino más rápido para forzar el retorno de los dos grandes partidos al Pacto Antiterrorista (octubre 2001). O a una simple recomposición del frente común PSOE-PP que nunca debió haberse quebrado. Para el caso, es lo mismo.

Lo normal es que ese mismo análisis lo haya hecho la dirección de la banda terrorista, donde también discurren. Y mucho, al decir de nuestros expertos de la Policía y la Guardia Civil. Por tanto, la pregunta viene sola: ¿Le interesa a ETA en estos momentos poner un muerto encima de la mesa? No parece, aunque, como ustedes pueden comprender, uno no apuesta sobre las intenciones de una banda de criminales.

Como elemento genérico del análisis, en Moncloa sigue viva la convicción de que ETA no tiene alternativas y que el camino hacia la desaparición del terrorismo en el País Vasco es irreversible, aunque puede cometer alguna barbaridad que, en todo caso, vendría a acelerar la descomposición de la banda o la pervivencia de un grupo residual sin cobertura política. Es lo que los expertos llaman la "grapización" de ETA.

Más que un atentado mortal, lo que esperan los expertos es alguna acción de fuerte repercusión mediática que, desde la perspectiva etarra, sirva para mantener la amenaza de volver a matar, mucho más rentable para Batasuna que el mismo hecho de matar. Por ejemplo, un coche bomba con aviso previo para evitar víctimas mortales pero con la ocupación de espacios asegurada en los medios de comunicación.

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