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13 Diciembre 2006

Guerras civiles no virtuales, de Pere Vilanova en El Periódico

LA SITUACIÓN DE ORIENTE PRÓXIMO

Uno de los puntos más débiles del argumento de Huntington acerca del choque de civilizaciones no reside en que su argumento de fondo carezca de sentido. En efecto, muchos de los conflictos del mundo contemporáneo tienen sus puntos de fractura internos en cuestiones culturales, lingüísticas o religiosas. Pero ello no sucede a escala global, en el sentido de que, por poner el ejemplo más común (y erróneo), nada menos que 1.300 millones de musulmanes del mundo entero constituirían un actor en la escena mundial, actuarían con coherencia interna, disciplina de grupo y de modo organizado para ser una amenaza consciente y colectiva contra la cristiandad, Occidente u otras categorías similares.

En cambio, las fracturas de conflicto entre comunidades humanas próximas entre sí, sí que requieren una especial atención por nuestra parte. Y ello no es patrimonio exclusivo del mundo árabe o del mundo musulmán (que, bien vale recordarlo, no son conceptos idénticos): la línea divisoria entre católicos y protestantes en Irlanda del Norte da para una guerra civil de 30 años, pero no para identificar grupos étnicos con diferencias visibles entre ellos.

EN LA ACTUALIDAD, al menos cuatros conflictos significativos tienen curso dentro de lo podemos llamar Oriente Medio y Asia Central: Afganistán, Irak, Líbano y Palestina. Creo que el concepto más adecuado para analizarlos es el de guerra civil: ni conflicto de religiones, ni conflicto étnico, ni conflicto lingüístico, ni de civilizaciones. Es cierto que en todos los casos citados hay actores externos, desde EEUU hasta estados vecinos, como Siria, Irán u otros. Pero esta influencia o interés exterior no basta para explicar las causas últimas de estos conflictos, ni mucho menos para aventurar que, si cambiase la actitud de tal o cual de estos actores externos, el conflicto desaparecería de inmediato y quedaría restaurada una armonía anterior que en muchos casos nunca ha existido.

En la tradición política del mundo árabe y del islam, esto es, no en su dogma religioso sino en la historia de los avatares entre poder político y religioso, existe un término muy explícito: la fitna, o guerra civil entre creyentes. Algunos autores prefieren el término sedición, otros se refieren al combate contra los enemigos interiores del propio islam, otros, por fin, prefieren el atractivo término de maslaha, referido al supuesto en el que el islam se deja llevar por los demonios del extremismo.

LA 'FITNA'es muy antigua: baste recordar que de los cuatro primeros califas, esto es, los cuatro primeros sucesores del Profeta, Abu Baker, Omar, Othman y Alí, los tres últimos murieron asesinados, y siempre por razones estrictamente políticas. La muerte del último, yerno además del Profeta, sella el cisma entre sunís mayoritarios y chiís minoritarios, clave esencial de la actual guerra civil entre iraquís, que la invasión norteamericana ha liberado de las ataduras en que la mantuvo la dictadura de Sadam Husein (al servicio exclusivo de los sunís), pero no ha inventado. Otro ejemplo está en la, a veces, idealizada comunidad kurda, todos no árabes, todos musulmanes sunís y enfrentados entre sí entre 1975 y 2001, en varias ocasiones con las armas en la mano. Lejos están los días de gloria de Salahe-din, el famoso Saladino, que expulsó a cruzados de Tierra Santa, y que no era árabe sino kurdo.

En Líbano, la terrible guerra civil de 1975 a 1990 está a un paso de reabrirse sin contemplaciones, y aquí el papel de Siria e Irán será fundamental para que ello se produzca o no. Pero las fracturas internas de la sociedad libanesa son tradicionales, netas, inmutables. Libaneses todos, se dividen en: árabes y drusos (ahora antisirios, pero no siempre), árabes cristianos y árabes musulmanes, musulmanes sunís y musulmanes chiís. Prosiros y antisirios desde siempre, desde que Francia cumplió el mandato de la Sociedad de Naciones en 1943 y les dio la independencia y la primera Constitución.

EN LA ÚLTIMA y gigantesca manifestación prosiria y contra el Gobierno (democráticamente elegido por todos los libaneses), entre los manifestantes pude ver pancartas y carteles del jeque Nasralá, líder de Hizbulá, y- ¡del Che Guevara!, así como múltiples banderas con- ¡la hoz y el martillo! Hay que saberse la letra pequeña: el partido comunista libanés, que tuvo una fuerza considerable en tiempos, siempre fue prosirio. Pero en Siria ¿está autorizado el partido comunista? No. Misterios de la geopolítica, no de la religión. Y de la lamentable guerra civil intrapalestina ya tuve ocasión de opinar no hace mucho en estas páginas.

Es obvio que algunos líderes (empezando por Bin Laden) están instalados en la maslaha, término acuñado por el jurista andalusí Al Shatibi en el siglo XIV, nada menos, para explicar aquello que habría que prohibir, pues va contra el interés público de los creyentes y del islam. De todo esto el Informe del Grupo de Estudio sobre Irak, dirigido por James Baker, no dice ni una palabra, pero vale la pena informarse al respecto.

Pere Vilanova. Catedrático de Ciencia Política de la UB.

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