Javier Belderrain, uno de los periodistas más queridos del grupo de profesionales que en los años sesenta inició la renovación del periodismo económico en España, acaba de fallecer en Madrid víctima de un infarto y tras luchar con entereza durante muchos meses con los problemas de su quebrantada salud.

Hasta el último momento, Belderrain no renunció a estar en el día a día de la información económica, a cuyo impulso tanto aportó como promotor entusiasta y directivo fundador de la Asociación de Periodistas de Información Económica (APIE) y como accionista, también fundador, de Cinco Días, el periódico decano de la prensa económica.

Belderrain conoció en los años sesenta un periodismo económico trufado de intereses personales ajenos a la información, y fue uno de los rebeldes que impulsó la creación de una asociación profesional que albergara exclusivamente a los periodistas que se sentían sólo periodistas. Él fue el principal redactor de los estatutos iniciales de aquella APIE que, en 1973, supuso una ruptura total con las corruptelas del pasado.

También fue de los que pensó que España estaba ya madura para contar en sus quioscos con un diario económico estable y, consecuente con esa idea, estuvo en el grupo de seis periodistas que en 1978 arriesgaron su dinero para fundar Cinco Días, siendo durante siete años secretario general del consejo de administración de la sociedad editora y el principal editorialista del periódico.

El mundo de la comunicación ha cambiado espectacularmente en las dos últimas décadas y a Belderrain le tocó batallar en una etapa en la que la información económica era un bien escaso, casi en las antípodas de la superabundancia de hoy, aunque dotada de más atributos intelectuales o éticos que la mayoría de las noticias que se publican hoy en día.

En su época, los géneros periodísticos no habían iniciado el proceso actual de difuminación que han impulsado las nuevas tecnologías de la información y Belderrain conoció un periodismo más tranquilo y menos inmediato, aunque no menos fácil y arriesgado, con algún que otro expediente de la censura del Estado, como recordaba la información publicada ayer en este periódico.

En 1997, cuando Belderrain formaba parte del grupo promotor de Cinco Días, el presidente de Digital, Ken Olsen, declaraba que “no hay ninguna razón para que una persona tenga que tener un ordenador en su casa”, lo que, además de demostrar la dificultad de predecir el futuro, nos ilustra sobre el cambio espectacular que el mundo de la comunicación ha conocido en muy pocos años.

Sin adscripciones ideológicas y con un bagaje extraordinario de profesionalidad y sentido común, Belderrain colaboró con múltiples medios de comunicación, destacando su presencia en Cinco Días y Actualidad Económica, donde contribuyó a prestigiar este semanario como el medio económico más influyente en España.

Su especialidad era la economía industrial, pues, aunque de familia vasca, él había nacido en La Felguera, en junio de 1940, y allí mamó la incipiente industrialización de Asturias, a la que contribuyó su propio padre que al poco de terminar la Guerra Civil se había trasladado al Principado a trabajar como directivo en Duro Felguera. En dos sectores, el siderúrgico y el del motor, Belderrain se convirtió en una auténtica enciclopedia viviente y en fuente de referencia para todos sus colegas periodistas.

Belderrain había estudiado con los Hermanos de La Salle y en Madrid, donde estuvo como residente en el Colegio Mayor Moncloa, terminó las carreras de Ciencias Políticas, Económicas, Empresariales, Periodismo y Derecho. En aquellos años pudo presumir de ser uno de los pocos estudiantes con coche propio, fruto del bien dotado premio que ganó concursando sobre la vida de Giuseppe Verdi en un programa de Televisión Española. Su extraordinaria memoria para los datos y para los números hermanaron en esa ocasión con dos de sus pasiones: la ópera y las cuatro ruedas.

Belderrain estuvo vinculado a la comunicación empresarial durante una etapa de su vida, como responsable de comunicación de Hunosa, y en los últimos años reinició esa actividad encargándose de las relaciones con los periodistas para Renault Vehículos Industriales y, posteriormente, para Delphi. Ésa fue la última etapa de la vida profesional intensa de este pionero de la información económica en España.