No tiene ningún sentido discutir sobre la necesidad o la oportunidad de debatir sobre la memoria histórica cuando ya el Gobierno ha es decidido remitir un proyecto de ley sobre esta materia a las Cortes Generales.

¿Qué sentido tiene, en este momento, hurgar en nuestra historia para recordar lo que pasó en un bando o en otro? El sentido no debería ser otro que el de que un país que no conoce su historia tiene muchas posibilidades de repetir los mismos errores del pasado. Avivar ahora un ejercicio de recordar lo que hemos sido, lo que hemos vivido y lo que hemos protagonizado colectivamente sólo puede tener como finalidad que, sabiendo y conociendo, no queramos volver a las andadas.

Si la memoria se recupera para dirigir y confrontar, será un grave error. Si la memoria nos sirve para recordar lo que pasó y así comprometernos a que no vuelva a pasar jamás, ésta será una buena causa. Porque, ciertamente, hubo vencedores o vencidos; pero en un lado y en otro hubo muchos más derrotados. Los que no comprendían que la razón y el diálogo debían sucumbir frente a la intolerancia y la violencia eran muchos más. Los que perdieron la guerra desde el mismo día en que ésta empezó era una inmensa mayoría. Para ellos también tiene que haber un espacio dentro de la memoria recuperada.

Ciertamente, nuestra historia se ha hecho sin memoria. Se ha escrito partiendo de parámetros ideologizados que se negaron a aceptar la realidad. Tuvimos una dictadura que se prolongó durante cuarenta años gracias al temor que generó una espantosa, cruenta y bárbara Guerra Civil. Y no queremos que la ignorancia nos conduzca de nuevo al secuestro de nuestra libertad.

Y éste fue el gran mérito de la transición. No se olvidó de lo ocurrido con anterioridad; pero porque lo tenía presente, se preocupó más de sentar las bases del futuro en libertad que de perseguir las barbaridades del pasado.

Y quizás gracias a ello nadie se atrevió a intentar volver a las andadas.Y los que se atrevieron fracasaron, porque los que no querían eran más, muchísimos más. Y éstos fueron los grandes protagonistas de la transición; y, hoy, resulta imposible evitar reconocerlo así. Cuando se habla de los más de veinticinco años de inédita convivencia civil en España, la memoria histórica también debería acercarnos al porqué de todo ello.

Lo importante no es lo que finalmente va a ocurrir en la posible anulación de sentencias judiciales. Eso no es negligible ni carece de trascendencia, pero lo importante es explicar que todo este ejercicio de memoria tiene su causa en la voluntad de no repetir los mismos errores que se cometieron con anterioridad.

Loada sea la memoria que, de verdad, persigue no olvidar. Es la gran garantía de no repetir.