Desde que tomó el testigo de su padre, el ex presidente asesinado en 1973, Isabel Allende es un símbolo de la defensa de la democracia en Chile. Fuera de su país algunos le confunden con su prima, autora de obras como La Casa de los Espíritus o Paula, por llevar el mismo nombre, pero en su país es un referente de la política nacional.
Sus palabras sintetizan el sentir de la mayoría de los chilenos: “Espero que los tribunales sigan trabajando, no basta el hecho de que Augusto Pinochet haya desaparecido. Las causas están abiertas y los procesos deben continuar. Hay que mostrarle al mundo que, si bien no tuvimos la capacidad de llegar a una sentencia condenatoria, al menos iniciamos el proceso, gracias a la intervención del juez Baltasar Garzón y el posterior arresto en Londres. Chile aprendió la lección y los tribunales empezaron a funcionar en la línea correcta. En definitiva, los chilenos seguiremos esperando una respuesta de la Justicia”, señala en una entrevista con EXPANSIÓN.
Los jueces habían despojado al desparecido jefe de Estado de su escudo de inmunidad ante la ley, para procesarle por crímenes durante la dictadura y el hallazgo de cuentas secretas que escondían una verdadera fortuna ilícita en el extranjero.
Isabel Allende considera el fallecimiento del dictador una buena noticia para la democracia chilena, aunque señala que “es una lástima que no haya habido una sentencia condenatoria contra Pinochet”. Sin embargo, reconoce que “por lo menos, se inició el procesamiento y se le quitó el fuero, una inmunidad que se había convertido en impunidad”.
“Augusto Pinochet encabezó la dictadura más feroz que haya conocido mi país: mucho dolor, muerte y persecución”. Este negro periodo de la historia de Chile (1973-1990) acabó con la vida de más de 3.000 opositores de ideología izquierdista. La coincidencia de la muerte de Pinochet con el día universal de los derechos humanos, el pasado domingo, es todo un símbolo para Allende.
“A veces el destino tiene sus propias ironías. Me parece increíble que Pinochet muera el día de la declaración universal de los derechos humanos, un tema que le molestaba profundamente. Decía que era una invención marxista, que no sabía a qué se refería porque nunca quiso reconocer la existencia de los derechos humanos”.
Para la directora general de la Fundación Salvador Allende, “con la desaparición de Pinochet se acaba su existencia física, pero más allá de que haya muerto, para mí queda el recuerdo de una persona que no cumplió su juramento constitucional al traicionar al presidente Allende, que lo había nombrado comandante en jefe del Ejército”.
La muerte de Augusto Pinochet sorprendió a Isabel Allende en Madrid, donde acudió a la presentación de un informe sobre discapacidad de la Fundación ONCE para América Latina (Foal). Tras conocer la noticia, se reunió con el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, para intercambiar impresiones.
España ha sido un actor fundamental en el enjuiciamiento del dictador, por entonces senador vitalicio, tras su detención en Londres en 1998 por una petición del juez Baltasar Garzón, un hito que impulsó a los jueces chilenos abrir una investigación contra una figura hasta entonces intocable.

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