Todo parece indicar que las acusaciones del diario francés 'Le Monde' al Barça, Real Madrid, Valencia FC y Real Betis Balompié sobre una supuesta relación de estos cuatro clubes españoles con el médico Eufemiano Fuentes, terminará en los Tribunales. Al menos, así lo han dejado entrever de manera oficial el FC Barcelona y el Real Madrid en sendos comunicados en los cuales piden una rectificación de esta información y el reestablecimiento del buen nombre para el bien de sus socios y aficionados, o de lo contrario emprenderán acciones legales.
Aparte del tema netamente judicial en que puede desencadenar todo este caso, lo que deja muchos interrogantes es la manera como el diario 'Le Monde' ha manejado la información que ha causado revuelo y la consiguiente 'duda' en el mundo del deporte.
Según los 'documentos confidenciales' a los que el diario dice haber tenido acceso en exclusiva y de los cuales no tiene conocimiento ni siquiera la Guardia Civil, ni otro tipo de autoridad, sólo se remiten a "una simple hoja de papel din A-4", donde no consta ningún nombre en concreto y donde sólo se consignan unas notas manuscritas del doctor Fuentes similares a las que descubrió la policía en su momento sobre los planes de preparación del equipo de ciclismo Liberty Seguros.
Esto es para asombrarse, pues no se concibe que un diario tan importante y con el renombre de 'Le Monde', haya podido caer en los riesgos de una posible difamación. Ante una información de este calibre donde se señala y se acusa con nombres propios, lo mínimo que espera el lector común y corriente es que este tipo de noticia esté respaldada por una investigación minuciosa, unas fuentes fidedignas, una documentación fehaciente, indiscutible e irrefutable, además de un trabajo riguroso de un equipo de juristas.
'Le Monde' justificará que a lo mejor todo esto se ha dado, pero lo que hasta el momento se ha conocido, incluso por boca del mismo reportero del diario francés, Stéphane Mandard, en respuesta a las entrevistas que ha concedido a medios impresos y radiales, es que las 'supuestas pruebas' están en la misma noticia que se publicó y que se limitan a la "simple hoja de papel din A-4".
Este hecho revive los famosos debates y las controversias sobre la libertad de expresión y de Prensa que tenemos los periodistas y comunicadores sociales, violentada en muchísimas ocasiones por la 'prensa rosa'.
La 'Enciclopedia de Periodismo y Comunicación' de Maveco de Ediciones S.A., le dedica un capítulo entero a "Los peligros de la difamación" y hace énfasis sobre el tema de la "responsabilidad de informar".
Sobre "la libertad de palabra y de Prensa aplicada a un periódico, significa que dicho periódico puede publicar todo lo que le plazca, pero luego será responsable del resultado". Frente a este tema tan delicado, la enciclopedia añade más adelante que "los periodistas son tan imputables de libelo o difamación como los editores y directores de periódicos. Esto significa que si el reportero, primer eslabón en la cadena de Prensa, viola la ley con el pretexto de reunir y redactar noticias, debe estar preparado para defender sus palabras ante el juez".
El texto no puede ser más claro sobre la "responsabilidad de informar" exponiendo el siguiente ejemplo: "Una manifestación perjudicial, publicada por un medio de comunicación bajo su propia responsabilidad, debe ser genuinamente cierta. Si 'A' dice que 'B' es un ladrón, y 'C' publica una declaración donde se dice que 'A' acusó a 'B' de ladrón, en cierto modo la noticia es veraz. 'A' lo dijo. Pero en el Juzgado, 'C' -en este caso el medio de comunicación- debe demostrar que 'B' es realmente un ladrón, y no sólo que 'A' lo calificó de tal. Por lo tanto, el periodista no está siempre libre de culpa y cargo cuando reproduce una afirmación calumniosa formulada durante un discurso o entrevista, y el hecho de que la información provenga de una agencia de noticias no libra al medio de comunicación de su responsabilidad".
No busco sentar cátedra sobre este tema, lo único claro de todo esto es que 'Le Monde' sabía perfectamente lo que hacía. Si se equivocó tendrá que rectificar más temprano que tarde. Si mantiene su versión, deberá aportar las suficientes pruebas para defenderla.
Los Tribunales tendrán la última palabra.

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