Gómez Navarro es el último rostro visible del PSOE que ha apoyado la ampliación de la vida de las centrales

La propuesta anti nuclear de José Luis Rodríguez Zapatero se complica a medida que avanza la legislatura. Desde principios de enero, numerosos responsables políticos y empresariales -dentro y fuera de España- han roto una lanza en favor de la energía atómica. O lo que es igual, en contra de los planes de Moncloa, que incluyó en su último programa electoral la promesa de clausurar progresivamente los reactores. El último colectivo que ha dado un paso al frente es el Consejo de Cámaras de Comercio. El pasado viernes 24 de noviembre, su presidente, Javier Gómez Navarro, apostó de manera pública y explícita por la construcción de nuevas centrales.

La declaración ya está levantando ampollas en el edificio más emblemático de la madrileña calle Ferraz. La postura de Gómez Navarro, ex ministro de Comercio y Turismo con Felipe González, es un botón de muestra de la división -cada vez más profunda- que existe en las filas socialistas sobre el polémico debate nuclear. El presidente de las Cámaras no sólo representa a buena parte de los empresarios españoles. Gómez Navarro es una voz respetada en amplios círculos del partido, por lo que su planteamiento pro energía atómica no dejará a nadie indiferente en el PSOE.

A medio y largo plazo, las Cámaras proponen «el impulso de nueva potencia nuclear». A corto, «ampliar la vida útil de las centrales». En la actualidad, los ocho reactores repartidos por la Península tienen una fecha de caducidad de 40 años. El tope lo impone el programa electoral con el que Rodríguez Zapatero ganó las elecciones generales de 2004: «Mantendremos nuestro compromiso de sustitución gradual de la energía nuclear por energías más seguras, más limpias y menos costosas».

Fuentes del sector energético consideran que Gómez Navarro está abriendo un complicado camino para el partido. El ex ministro no es el único miembro de la avanzadilla. En los últimos meses, otros pesos pesados del PSOE han exigido un debate valiente y decidido: desde el comisario europeo de Asuntos Económicos, Joaquín Almunia, hasta el Alto Representante para la Política Exterior de la UE, Javier Solana, pasando por el ex presidente del Gobierno, Felipe González.

Si José Luis Rodríguez Zapatero revalida su triunfo en las urnas en 2008, no tendrá más remedio que adoptar una decisión firme sobre la vida de los reactores. Hasta el momento, no ha tenido excesivos problemas para escurrir el bulto. El pasado 30 de abril -dos años antes de cumplir cuatro décadas- cerró Zorita, pero su potencia era casi insignificante para la producción nacional (160 megavatios frente a una potencia total instalada de 79.205). En 2009, expira el último permiso de Garoña (466 megavatios), que alcanzará los 40 años en 2011. Algunos expertos creen que el Gobierno podría, incluso, eludir el debate y cerrar la central burgalesa sin poner en peligro el suministro a corto plazo.

Sin embargo, a juicio de los empresarios consultados, sería una irresponsabilidad no pronunciarse sobre la ampliación de la vida de las centrales más potentes (con una potencia superior a los 1.000 megavatios), ni tomar una decisión sobre la construcción de nuevos reactores. Poner en marcha una central requeriría un mínimo de siete años. Mientras tanto, la dependencia exterior de España en materia energética, cifrada hoy en el 80%, seguiría aumentando, puesto que el retroceso de la generación nuclear se suplirá fundamentalmente con gas natural.

Fuentes del sector energético creen que el Gobierno tendrá mayor o menor margen de maniobra en función de los escaños que logre en las próximas elecciones. A lo largo de la presente legislatura, algunos responsables del Ejecutivo ya han transmitido a los empresarios su voluntad de extender la duración de los reactores. Antes del pasado verano, tras las conversaciones mantenidas con el Gobierno, las principales eléctricas daban por hecho que podrían seguir operando sus centrales a partir de los 40 años (obviamente, siempre que la seguridad esté garantizada).

Sin embargo, los mensajes de calma dirigidos al sector se han topado con la dura oposición de los grupos ecologistas. Y las críticas de las asociaciones verdes más prestigiosas -como Greenpeace- pueden tener un nada desdeñable desgaste para el PSOE de cara a los comicios de 2008.

Los socialistas también tienen en contra a Izquierda Unida. En el último Debate sobre el Estado de la Nación, el Grupo Parlamentario IU-ICV reclamó el cierre de todas las centrales antes de 2018. En respuesta a la petición, José Luis Rodríguez Zapatero prometió difundir un calendario con las fechas de clausura de cada reactor antes del final de la legislatura.

No ocurre lo mismo con el PP. El partido con sede en la calle Génova no plantará batalla en este terreno, puesto que la gran mayoría de sus responsables defienden -algunos en privado y gran parte públicamente- la necesidad de potenciar de nuevo la energía nuclear.

Defensores de la energía atómica

Carlos Solchaga, ex ministro de Industria, fue el primer 'peso pesado' socialista en mostrarse públicamente partidario del «aumento de la participación de la energía nuclear» en el mix de generación eléctrica.

Joaquín Almunia, comisario europeo de Asuntos Económicos. «Yo, que soy muy reticente a la nuclear, creo que ahora sería suicida no analizar de nuevo en qué condiciones, bajo qué supuestos y con qué garantías puede considerarse esa hipótesis».

José María Fidalgo, secretario general de CCOO. «Es imprescindible a corto y medio plazo en el mix energético de España. (...) «Todas las fuentes de energía tienen riesgos y todas tienen sus oportunidades, por lo tanto, todas las fuentes son necesarias». Cándido Méndez, secretario general de UGT. «Se tiene que mantener el mix energético con la composición actual y este aspecto hay que trasmitirlo a la sociedad a través de un debate energético, en el que se incluya a la energía nuclear».

Joan Clos, ministro de Industria. «Comparto las conclusiones de la Mesa Nuclear y creo necesario debatir las posibles estrategias para alcanzar soluciones equilibradas y eficientes en relación a la política energética». Felipe González, ex presidente del Gobierno. «Es imprescindible reabrir el debate de la energía nuclear, cuyo desarrollo parece imparable».

Javier Solana, Alto Representante para la Política Exterior de la UE. Europa necesita abordar el debate «tanto por razones de seguridad de suministro como por el cambio climático».

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