Muchos son los comunistas de convicción y sentimiento, hondamente preocupados por la situación a la que se está llevando a su partido en Asturias. Muchos son también los votantes de IU que ven comprometida su opción electoral por la crisis en que han sumergido al PC, que siempre ha sido la espina dorsal de Izquierda Unida, tal como hasta hoy la conocemos.

¿Qué está pasando? Se preguntan. Y la respuesta casi siempre es sesgada.

Esa respuesta simple y llena de tópicos se resume en unas pocas ideas destinadas a ganar fácilmente la conciencia confiada de militantes sencillos y de buena fe.

Sostiene el grupo de antiguos dirigentes regionales que el congreso celebrado en marzo fue espejo de transparencia y democracia. ¿Cómo pudieron entonces presentarse ciento once impugnaciones a las asambleas locales y al propio congreso? ¿Por qué, si estaban tan seguros de su buen hacer y de su sólida mayoría, no aplazaron el congreso siquiera un mes, como les pidió varias veces la dirección federal, para resolver bien las reclamaciones? ¿Por qué el Comité Federal del PCE, ante la intransigencia de Noemí y su equipo, estimó la mayoría de las reclamaciones y dispuso la repetición del congreso? ¿Por qué la Comisión Federal de Estatutos, órgano imparcial encargado de garantizar la correcta interpretación de los mismos, dio la razón al Comité Federal? ¿Pura arbitrariedad? ¿Se volvieron locos o son meros títeres las decenas de dirigentes comunistas que representan el 87% de la militancia del Estado español? Da qué pensar.

Sostiene el grupo de Noemí que hay una malquerencia de «los de afuera» contra el sufrido PCA, inocente víctima de una especie de conjura exterior. Dicen que no permitirán que catalanes y andaluces nos arreglen las cosas. Hablan de la soberanía del PCA por mor de la estructura federal del PCE.

Y uno se pregunta: ¿pero los comunistas no éramos internacionalistas? ¿No excluyen nuestros estatutos las declaraciones xenófobas? ¿No es el PCA parte integrante del PCE? ¿Qué significa que el PCA esté federado en el PCE como consecuencia de un acuerdo libre y voluntario? ¿No significa precisamente que el PCA, al federarse en su día, acordó voluntariamente acatar la cohesión política y los acuerdos del PCE? ¿No sabe Noemí Martín que el PCA no tiene personalidad jurídica y que hasta carece de un CIF propio e independiente? ¿No fue por eso por lo que urdieron un borrador de contrato de arrendamiento leonino para levantarle al PCE 'de facto' el dominio de su sede central en Asturias, ya que no podían comprar ni vender a su antojo? ¿Y, por lo demás, de qué soberanía hablan? ¿Quién les ha dicho que una parte federada se relaciona con el conjunto del partido de igual a igual, es decir, como si el PCA, al relacionarse con el PCE, no fuese parte de éste, sino otro partido diferente, como el Partido Comunista francés, el portugués o el chino? También da que pensar.

Sostienen los hasta ahora dirigentes del PCA que todo se reduce a la inquina de la Dirección Federal del PCE contra Izquierda Unida. ¿Pero no es al revés?¿No era precisamente uno de ellos, Valledor, quien se alegraba de la «oportunidad» de «soltar lastre», refiriéndose a los comunistas? ¿No ha aprobado el XVII Congreso del PCE que IU sigue siendo su proyecto político? ¿No parece lógico pensar que el PCE lo único que sí quiere legítimamente es reconducir la deriva derechizante del llamazarismo, expresada en su posición favorable a ante unos presupuestos del Estado neoliberales y militaristas, en su voto favorable a una LOE, con concesiones a la Iglesia, en su relativista «comprensión» de la reforma laboral, etcétera? ¿No estamos asistiendo a una palpable deriva subalterna y destructiva de la Izquierda Unida de los tiempos de Anguita y a un deslizamiento hacia unas izquierdas econacionalistas periféricas y confederadas tipo Iniciativa per Catalunya-Els Verds o Ezker Batúa? Sigamos pensando.

Sostiene, finalmente, Noemí y sus afines que estamos en presencia de un «golpe de Estado». Pero, ¿ese concepto no es de aplicación cuando se trata de obtener el poder por medios contrarios a Derecho? ¿Y qué otra cosa es montar un congreso en el que se ocultó sistemáticamente el censo de votantes inflando el de los adictos y amputando el de los desafectos, negando la participación a decenas de afiliados, prohibiendo a los ponentes de un documento aprobado en el Comité Central defenderlo en las asambleas; rellenando el quórum con miembros natos de su confianza? ¿Qué otra cosa es hoy la persecución y las purgas contra los disidentes, al más viejo estilo sectario, como contra el portavoz municipal de IU en Llanes y secretario local del PC; como contra el Consejo Político electo en Asamblea por IU de Lena, sustituido hoy arbitrariamente por una gestora; como contra los afiliados que, en votación democrática, obtuvieron los puestos 3º y 6º de la candidatura autonómica, a quienes se pretende descabalgar de la lista, al antojo de los de siempre?

Merece la pena reflexionar serenamente sobre estas cosas, contrastar información de varias fuentes y no instalarse en la comodidad de dar por buenas las explicaciones del 'aparato'.

Además, hoy el problema no se da entre unos 'críticos' irredentos atrincherados en Oviedo y el resto del PCA. Cientos de militantes, cuyo peso sólo un congreso limpio podrá medir, proclaman sus razones en Gijón, Avilés, Mieres, Langreo, Lena, Siero, San Martín, Laviana, Llanes, Grado, Noreña, Cudillero, Luarca, Tineo, Villaviciosa, etcétera. Y sus razones son, además, las mismas que las del 87% de los comunistas españoles representados por su Comité Federal en pleno. Frutos y Alcaraz, de quienes se decía -una mentira más- que estaban desunidos, vinieron juntos a Asturias para proclamar esas razones en nombre de todo el partido.

La Federación comunista asturiana no tiene la culpa del inmovilismo de unos cuantos dirigentes locales y regionales más atentos a sus propios intereses que al interés colectivo de un partido al que están debilitando y desuniendo, tratando de utilizarlo en su guerra particular contra el resto del Partido Comunista de España. Pena da ver cómo en su desesperación echan mano de 'papá' Llamazares o del abuelo Carrillo, traidor donde los haya y conspicuo enterrador -afortunadamente sólo en grado de tentativa- de las ideas comunistas.

Permanece, sin embargo, la confianza en la toma de conciencia de una gran mayoría, hasta ahora silenciosa, de camaradas que a medida que vayan conociendo los datos de la realidad apostarán, como siempre lo han hecho, por la unidad del Partido Comunista sin más apellidos territoriales. El camino no es otro que el de participar -¿qué miedo hay?-. En un congreso abierto, transparente, democrático y participativo que supere la actual crisis, haciendo del partido un instrumento útil para los trabajadores, y que dote a los comunistas asturianos de una dirección, sea la que sea, plural, dialogante y auténticamente representativa.

FRANCISCO DE ASÍS FERNÁNDEZ. CORDINADOR GENERAL DE IU DE OVIEDO.