Protesta

Medio millar de personas se concentraron ayer en la Puerta del Sol para exigir que todos los seres vivos tengan los mismos derechos. Once activistas se desnudaron y representaron los distintos maltratos practicados por el hombre

Cerca de 500 personas acudieron ayer a la Puerta del Sol de Madrid para reivindicar que el Día Internacional de los Derechos Humanos sea también «el Día Internacional de los Derechos Animales». La manifestación fue convocada por varias organizaciones de todo tipo: promotoras de una dieta totalmente vegetariana, en contra de la caza y las corridas de toros, o dedicadas a reclamar el fin de la utilización de animales como vestimenta, entretenimiento o material de laboratorio.

A las 11.00 horas comenzó el acto de la fundación Ecuanimal, que exigió la reforma del artículo 337 del Código Penal para que no sea necesario el ensañamiento a la hora de encarcelar a los maltratadores de animales. Tras extender una pancarta que reproducía dicho artículo, la rociaron con sangre artificial e iniciaron una marcha silenciosa hacia la plaza de Tirso de Molina.

Dos horas después se inició el acto que congregó a más gente, el de la organización Igualdad Animal. Un grupo de 11 activistas, cuatro hombres y siete mujeres, accedieron a representar los distintos maltratos que, a su entender, sufren los animales por parte de los hombres. En un principio se había anunciado que iban a salir desnudos, pero finalmente se optó por que lo hicieran tapados con ropa interior color carne. Pese a que algunos de los asistentes mostró su decepción diciendo que lo hacían «por pudor», desde la organización matizaron que se hizo únicamente para «no desviar la atención de los espectadores y evitar cualquier tipo de connotación sexual».

La protesta comenzó con varios cánticos centrados en la necesidad de que la gente se sensibilice con el dolor de los animales. «Capar es asesinar, tu indiferencia es violencia» o «zoos y circos, disfrute de otro siglo» fueron algunos de los lemas más repetidos. Todos ellos surgían de Sara, la activista encargada de cargar el megáfono y ejercer de maestra de ceremonias. El acto estuvo dividido en tres partes. La primera tuvo como fin concienciar a los presentes de que deberían hacerse veganos, o lo que es lo mismo, vegetarianos totales. Un chico y una chica se acurrucaron en el interior de dos bandejas de plástico similares a las utilizadas para envasar la carne y los pescado en las tiendas de alimentación. Luego fueron rociados con sangre artificial, cubiertos con plásticos y etiquetados.

La segunda acción consistió en que cuatro personas se introdujeran en dos jaulas en batería para escenificar el escaso espacio del que disfrutan las gallinas que son alimentadas en granjas factorías. En la tercera parte, cinco chicas se metieron en una red de pesca.

Los distintos pasos eran seguidos atentamente por los asistentes, en su mayoría mujeres. Una de las que más protestaba era Conchi, que aseguraba que «cada día hay más maldad con respecto a los animales». «No tenemos arreglo», explicaba, «y lo sé de primera mano porque provengo de la familia Pimentel, que en su tiempo tuvo varios negocios relacionados con las carnicerías y la crianza de toros de lidia. Por eso yo he dedicado toda mi vida a acoger a animales en una huerta que tenía junto a una iglesia en Vallecas Villa. Y ahora, trasladada a la fuerza a un piso de alquiler, sigo dedicando mi vida a ellos», concluyó.

Otros miembros de la organización se unieron a la protesta disfrazándose de viviseccionistas, de cazadores (escopeta incluida) o tirando al suelo un visón rodeado de fotos de animales hacinados, heridos y mutilados. La reunión de gente también fue aprovechada por otras organizaciones como Anima Naturalis, Peta o el Partido Antitaurino contra el Maltrato Animal, que lucieron pancartas y folletos.

Pese a que los activistas de las bandejas, las jaulas y la red daban muestras de que el frío hacía mella en ellos y alguno que otro no paraba de temblar, el acto no acabó hasta que Sara leyó un extenso discurso. En él se habló nuevamente de la necesidad de que el 10 de diciembre se instaure el Día de los Derechos Animales; se aclaró que la especificación, la discriminación de los animales por ser de otra especie, «es esclavista y no tiene justificación» y se hizo hincapié en los principios de Igualdad Animal.

«Nuestra lucha es por la abolición de toda utilización animal», repetía Sara. «No son ni propiedades de ningún tipo, ni siquiera con condiciones. No nos conformamos con nada que no sea el fin de la esclavitud animal. Demandamos un mundo vegano, un mundo más justo». Finiquitado el discurso, hubo un minuto de silencio en honor a los «miles de animales» que en ese momento estaban «muriendo injustamente» y que acabó con el aplauso de los asistentes y el reparto de chapas de www.diadelosderechosanimales.org.

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