La disputa entre el SOMA y la FSA en Siero ha dado paso a la pugna en el Nalón por el 'tren-tran'
LA batalla de los socialistas en Siero, al competir por la candidatura municipal una lista respaldada por la FSA y otra sustentada por el SOMA, marca un antes y un después en la dinámica interna del socialismo asturiano. Desde el congreso socialista del otoño de 2000, las distintas familias del PSOE habían entrado en un proceso de convergencia que acabó con el juego de mayorías y minorías en que se había movido el socialismo regional en los últimos veinte años. Luis Martínez Noval había sido secretario general de la FSA, apoyado en la alianza entre el aparato y el SOMA, mientras que los renovadores de las agrupaciones costeras y la tercera vía de Trevín y el metal, formaban la oposición.
Esa situación quebró en la primavera del 2000, durante la crisis política de la Ley de Cajas, en la que Noval se implicó en una solución que no fue luego respetada por la mayoría. A partir de ahí el enfrentamiento entre los dos sectores, oficialista y opositor, conducía a la desestabilización institucional del Principado, al estar el presidente Areces alineado con el grupo minoritario; entonces surgió un factor imprevisto, al apostar el nuevo secretario general de la FSA, Javier Fernández, por una política de integración en la familia socialista.
En los seis años transcurridos desde la llegada de Fernández a la Secretaría General no escasearon las tensiones internas, motivadas casi siempre por los enfrentamientos entre el SOMA con el Principado y la FSA. El reparto de los fondos mineros fue el principal argumento para las discrepancias. Hasta ahora el enfrentamiento se había mantenido dentro de unos límites soportables, pero la disputa de Siero provoca un salto cualitativo porque se trata de una lucha por el control político del territorio, que ha caído del lado del SOMA. La confección de las próximas listas electorales dará pie a nuevos episodios en esta lucha, que ya continúa en otros escenarios.
En efecto, el reparto de los fondos mineros para el bienio, 2006-2007, el primero del nuevo plan del carbón, ha supuesto la ruptura del Principado con los sindicatos mineros, porque estos no aceptan incluir el tren tranvía ('tren-tran') de la comarca del Nalón en el listado de proyectos a financiar con fondos de la minería. La FSA mantiene la misma postura que el Principado, al considerar al 'tren-tran' como un proyecto de carácter estratégico porque mejorará sustancialmente la comunicación en el corredor del Nalón. Pero lo más revelador no es ya que el SOMA discrepe de la FSA y del Principado, sino que el tren ligero sea un proyecto de los ayuntamientos del Nalón, como el de San Martín del Rey Aurelio, y que el SOMA dé la espalda a esa iniciativa.
Lucha interna
A la vista está que la controversia sobre 'tren-tran' responde a la lucha interna en la familia socialista. El SOMA ve positivo el soterramiento de las vías de Langreo, pero no valora de la misma forma la supresión de la barrera ferroviaria entre San Martín del Rey Aurelio y Pola de Laviana, porque una cosa es el municipio en el que tiene clara mayoría el sindicato y otra el feudo del consejero de Industria del Principado, Graciano Torre, político muy ligado a Javier Fernández, al igual que Benigno Enríquez, responsable socialista de El Entrego. La disputa por la hegemonía política del Nalón se libra pueblo a pueblo, entre los partidarios de la FSA y el sector duro del SOMA, que no perdona a Javier Fernández el giro introducido en la política asturiana al respaldar la acción del Principado, en vez de aprovechar el poder del aparato para desestabilizar o condicionar los planes del Gobierno regional.
Los fondos mineros siempre fueron un instrumento de la lucha por el poder en la región. Bien es cierto que hay que reconocer su especial naturaleza, derivada de una conquista sindical en el marco del plan de la minería, mientras que su aplicación territorial otorga protagonismo a los gobiernos (Estado, comunidad autónoma y ayuntamientos). Es lógico que los sindicatos de la minería quieran tener un claro protagonismo en la gestión de esos fondos, pero no pueden sustituir a las Administraciones territoriales, porque carecen de competencia para decidir qué carreteras se deben construir.
Lo lógico -lo que ocurre en otras regiones- es que los sindicatos consensúen sin ninguna dificultad los proyectos a realizar con el gobierno de la comunidad autónoma. Esto nunca ha sucedido en Asturias, porque el SOMA siempre ha interpretado que constituyen una excelente oportunidad para hacer política. Durante los gobiernos de Aznar, los fondos mineros sirvieron para desgastar al Principado, al desarrollarse una alianza permanente entre el Gobierno central y los sindicatos mineros que dejó al presidente Areces arrinconado. El hecho más espectacular fue la negación de fondos mineros para los enlaces de la autovía minera, produciendo un daño que todavía no se ha paliado enteramente.
Adicionalidad
Una de las disculpas que utilizan los sindicatos para prolongar las interminables controversias con el Gobierno regional es la llamada adicionalidad de los fondos, que impide dedicarlos a objetivos que ya constan en las Administraciones. En realidad, se trata de una polémica bizantina, porque cualquier proyecto ('tren-tran', centro de discapacitados, campus de Mieres, autovía minera) entra dentro del campo de las obligaciones del Principado, del Gobierno central, o de los ayuntamientos. Nada es adicional, todo pertenece al campo ordinario de las competencias administrativas. Ovidio Sánchez dice que el 'tren-tran' no debe ser apoyado por los fondos mineros porque se pierde el carácter adicional, pero lo mismo cabría decir de cualquier otro proyecto.
Con Zapatero en La Moncloa, el presidente Areces no debe perder el tiempo: los proyectos se pactan con el Ministerio de Industria y si los sindicatos mineros no quieren participar, el problema es de ellos. No hay nada más negativo que alargar las polémicas, porque producen desgaste para los gobiernos. El Principado debe cambiar de estrategia y exponer el proyecto del tren ligero a la gente de la cuenca del Nalón, a ver si la disciplina sindical es tan rígida que obliga a rechazar lo que se desea.

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