Dioses y monstruos
Tengo una emoción que no me cabe en el pecho, y eso que desde que el wonderbra me dejó holladas las paletillas, voy como lady Godiva. Liberada, grácil... pero decente. A ver, ¿Qué os ibáis a pensar? ¿Que soy una Britney Spears cualquiera que va por ahí grabando vídeos y chupando cosas? Menos mal que esta chiquita alardeaba de que era mocita. Menuda la hicieron sus padres cuando a los 16 años le compraron dos prótesis de pecho. No me extraña nada lo de esa peli porno y menos que se haya paseado por todos los baños públicos norteamericanos. Yo, en cambio, sigo entera. Sin suje, pero entera. Es que hay una facilidad en este país por crear bulos sobre la gente... Recurriendo a un clásico de Chábeli: «Esa gente son gentuza». Yo, de verdad, no lo entiendo. Yo un rumor, tal y como me llega, le doy salida. No estoy ahí como una urraca, ocultando, malmetiendo, intrigando... Yo soy transparente. ¿Que resulta que se dice que Javier Rigau se aprovecha presuntamente de señoras en su senectud? Pues yo lo digo. Quizás optaría por el lenguaje no verbal, aunque estaría intranquila. No quisiera yo que no se entendiera bien el concepto de 'presuntamente' y a la que hablo de Javier Rigau, se me entienda: Cayetano Martínez de Irujo sólo comía Muffins durante su estancia en Amsterdam y nunca probó ni un misero porrito. Además, yo no tengo por qué meterme en esos líos de desmentidos, que esas señoras, siguiendo con el ejemplo aleatorio, no son ni mis primas, ni mis hermanas, ni mis charcuteras de referencia. No tengo yo obligación de abrir los ojos a nadie. Es como si os indicara el tono fresquilla mediterránea del pómulo de Julio José Iglesias mientras juega a balón prisionero con su novia, con la cara lavada, en ¡Hola! Pero ¿esa chica no ve a Julio José? ¿Ni un colorete, todo para él? Eso a mí no me va a suceder en la portada de mi libro. Saldré pintada como una puerta. Con gotelé si hace falta. Yo ya le he dicho a mi editora: «Niña, conmigo no escatiméis en gastos. Como si fuerais talmente Mary Donaldson». No sé si os habéis enterado de que la australiana ha decidido pulirse el PIB del país en un día tonto de shopping. O sea, ha cambiado la piel del ornitorrinco por varios Chaneles, Guccis y Pradas... Ya he llamado yo a Margarita de Dinamarca. «Oye, Marga, hija, tómate un ansiolítico y ya le puedes decir a la Mari que se aguante con unas tarjetitas regalo de 40 euros de Zara» Y ella, qué me iba a decir: Que estaba muy preocupada, que si sus hijos, que si su nuera, que si Mette Marit por qué no se queda en su país, que si el correcto ordeño diario de las vacas del reino... Pensando en su futuro. Lo mismito que estoy yo con mi libro: Mi vida en un grito.
© Mundinteractivos, S.A.

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