SEÑALES DE HUMO
La propuesta del PP para cambiar la Constitución y quitar poder a las autonomías constituye una tremenda irresponsabilidad
¡Menos mal que Mariano Rajoy iba a afrontar las próximas elecciones legislativas desde el centro, la templanza y el liberalismo! El sábado de la semana pasada el PP volvió a demostrar por qué la española es una de las derechas menos modernas de Europa occidental.Ese día Rajoy presentó su propuesta sobre las autonomías, una propuesta que, si en el caso de Blair y Gran Bretaña se llamó devolution, en éste la podríamos etiquetar como involution. Para el cruzado de la Constitución del 78 resulta que ahora ésta sí puede subvertirse de arriba abajo. Reescribirla para convertir a las autonomías en unos puros figurantes de una España centralista y centralizada. Se trata de dar marcha atrás porque, según le parece ahora al líder del PP, durante la transición se pecó de «ingenuidad». Ello, junto con la pésima actuación de Zapatero, habría otorgado demasiado poder a «los nacionalistas». Al hablar del Estatuto acusó a los catalanes de «disfrazarse de nación» y denunció la carrera por «exaltar prejuicios, atributos míticos, identidades ratificables y nacionalismos de oropel». Remató Rajoy afirmando que lo ocurrido era como ponerse a «otear el futuro con el catalejo al revés».
La propuesta del PP -que debe ser un partido no nacionalista- constituye un ataque frontal a la España autonómica, con la pretensión de situar el listón muy por debajo del 78. Si en la Transición se apostó por el café para todos, los populares sueñan hoy con vaciar las tacitas. La reforma constitucional que pide Rajoy, maniobra que busca continuar con la agitación y la propaganda, pues tiene nulas posibilidades de prosperar, es mucho más agresiva que la LOAPA, norma impulsada tras el tejerazo y anulada después por el Tribunal Constitucional. Si los cambios no pudiesen hacerse en la Carta Magna, explicó el presidente del PP, deberían reformarse o impulsarse una batería de leyes destinadas a quitar poder a las comunidades autónomas.
Lo que pretende hacer el PP con la Constitución (¿dónde ha quedado su «patriotismo constitucional» y su cacareada lealtad a la ley de leyes?) sintoniza perfectamente con su negativa absoluta al empleo del catalán en el Congreso de los Diputados. Los populares, en el marco de la discusión del nuevo reglamento de la Cámara, ni siquiera admitieron el pasado martes la que era la última y muy modesta demanda de CiU y ERC sobre el asunto, a saber: que la web se tradujera al catalán, que se admitiera y tramitara correspondencia escrita en esta lengua y que se instituyera un uso puntual del catalán en las intervenciones orales, siguiendo la regla de cortesía adoptada por el presidente Manuel Marín en esta legislatura. Incluso eso les pareció un exceso, con lo que el Congreso seguirá estando, en cuanto a uso del catalán, por debajo del Europarlamento. Cabe recordar también que el PP se ha mostrado partidario de modificar la ley electoral a fin de reducir el peso de formaciones como CiU o el PNV en las Cortes españolas.
Lo que asusta no es sólo el viaje en el tiempo, retrocediendo varias décadas, en el que se ha embarcado el PP desde la mayoría absoluta de Aznar y, en especial, tras la derrota del 11 de marzo de 2004. Sino la tremenda irresponsabilidad, el poco amor a España, que llegado el momento exhiben quienes más alardean de quererla.Aparecen fatalmente atrapados en una espiral de la que nada bueno se puede esperar.
© Mundinteractivos, S.A.

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