Navarra y sus matices, desde el café Iruña, de Enric Juliana en La Vanguardia
Si aceptásemos un órgano común entre los gobiernos del País Vasco y Navarra, pronto veríamos a ETA abandonando las pistolas aquí enfrente, en la plaza del Castillo. Navarra es la cuestión, no le quepa ninguna duda. Ellos saben perfectamente que la independencia no es posible, de manera que la anexión gradual de Navarra, aunque sea muy lenta, es lo único que puede justificar su rendición", dice la Unión del Pueblo Navarro tras los visillos del café Iruña.
Pese a que estamos en Pamplona y los navarros son gente más bien directa, el diputado foral prefiere dejarlo aquí. Podría añadir, por ejemplo, que las poderosas cooperativas de Arasate (Mondragón) y las tres cajas de ahorros vascas, en estos momentos muy cerca de la fusión, tienen en Navarra un fenomenal campo de expansión. Sumando los cuantiosos fondos de la Caja de Navarra al nuevo polo financiero vasco - sólo falta el acuerdo de la Caja de Álava-, un órgano de coordinación entre las dos comunidades tendría a su alcance un poder económico extraordinario, blindado por el privilegio foral: adiós Neguri, adiós Banco de Bilbao, adiós Banco de Vizcaya, La Caixa del Norte, que no de Euskal Herria, os saluda.
Podría decir algo más el diputado foral. Podría añadir que el órgano común también tendría en sus manos el equilibrio de fuerzas entre la Compañía de Jesús (Deusto, Comillas, Esade) y el Opus Dei (Universidad de Navarra, IESE) en el campo de la formación universitaria.
Pero éste es un asunto tan delicado que con sólo mencionarlo uno ya siente algún escalofrío. Basta recordar lo que representa Deusto en la historia de las elites españolas y comprobar en Pamplona el empuje del Centro de Investigación Médica Aplicada de la Universidad de Navarra, el más moderno núcleo de alta investigación en la Península. Estamos hablando de cosas muy serias: bajo el pontificado Ratzinger aún no está del todo claro si el Opus baja un poco, sólo un poco, y la Compañía de Jesús supera del todo la tarjeta amarilla que le mostró Karol Wojtyla.
El diputado foral quiere matizar: "Ya sé que los navarros tenemos fama de brutos, pero comprenderá usted que nuestro temor no es que ETA se apodere de Navarra. Lo que no aceptamos es que el precio de la rendición sea la subordinación de Navarra a los intereses políticos y económicos vascos. Para ello bastaría con que un órgano de coordinación asumiese competencias estratégicas. Ya existió en 1996 con el nombre de Órgano de Encuentro Permanente, pero fue tumbado en el Senado. No sería necesario ningún referéndum, bastaría con que lo decidiesen los dos gobiernos. ¿Entiende ahora por qué son tan importantes las próximas elecciones autonómicas en Navarra?".
El que lo tiene claro es José María Aznar. Dicen en Madrid que suya es esta frase, gótica y vertiginosa: "España se nos va y todo se decidirá en Navarra". En los años treinta, el general Emilio Mola, el hombre de la Leica,según la reciente biografía del periodista Fermín Goñi, también vio en Pamplona un aura redentora.
Pero ni siquiera en la cuna del requeté la verdad es berroqueña. Hay matices. El grito agónico de Aznar no acaba de gustar a la Unión del Pueblo Navarro, consorciada con el Partido Popular según la fórmula bávara que Mariano Rajoy llegó a proponer a Artur Mas (a cambio de una alianza estable, el PP dejaría de existir en Catalunya), quizá porque Navarra es el Luxemburgo español. Y una región que domicilia fortunas gracias al privilegio foral - plusvalías bajas, testamentos sin legítima- jamás querrá mucho ruido.
Jaleo que tampoco desean los socialistas navarros, perdidos en un bosque de hayas. Sorteando las ambigüedades de Zapatero y las ansias negociadoras de sus compañeros vascos, el PSOE de Navarra intenta levantar cabeza, con la coalición nacionalista Nafarroa Bai pisándole los talones en los sondeos. Dice Fernando Puras, abogado de Tudela, candidato a la presidencia, uno de esos perfectos rostros navarros que podría haber retratado Sorolla en su retablo español: "Yo no voy a vender Navarra, se lo juro. Yo quiero una alternativa al tradicionalismo, porque todos ellos - UPN, Nafarroa Bai y Batasuna-, aunque enfrentados, son tradicionalistas".
Tiene sus matices Navarra. En la plaza del Castillo, unos abertzales reivindican a san Francisco Javier - "¡que fue perseguido por los castellanos!"-, y en el quiosco, la seriedad del Diario de Navarra aboga por un pacto entre UPN y PSOE; una sociovergencia encomendada a san Cernín, que no Fermín. Uno (Cernín: Saturnino, Sadurní) es el patrón de Navarra y el otro se encarga de Pamplona y sus toros.
