EL OYENTE
La radio puede hacer milagros. Si se sabe manejar, si se utiliza bien, si quien controla los micrófonos tiene prestigio y credibilidad, es un medio muy eficaz para movilizar, organizar campañas, reclutar voluntarios para causas nobles y recolectar dinero para víctimas de cualquier desastre natural o humano.
En mi zapping nocturno del miércoles por el dial topé con María Galera en Cinco lunas de Punto Radio. Su voz llegaba suave y nítida desde un Afganistán que visitaba hace pocos meses. Me enganchó al instante. No tanto por lo que decía a Reyes Monforte, sino por lo que sus palabras daban a entender de sufrimiento y desesperación.
Nacida en Palma de Mallorca hace 27 años, emigró a Inglaterra con 18, conoció a Nasrad, emigrante afgano que trabajaba en Land Rover, se casaron y se convirtió al islam. A los pocos meses enfermaron sus suegros, decidieron visitarlos y, entre la guerra y la mala suerte, quedaron atrapados, sin dinero y sin papeles, dentro de Afganistán. Un hijo por año sin atención médica alguna y a punto de dar a luz al tercero.
Fátima Ruiz contaba la odisea en la contraportada de EL MUNDO el 30 de noviembre y Pedro Prieto la había contado con todo lujo de detalles en el diario Ultima Hora de Mallorca cuatro días después. Las preguntas de Reyes se ajustaban al pie de la letra al texto de Fátima: el viaje, el burka, los hijos, la miseria, la casa sin calefacción y sin cristales, el fuego de leña en el invierno, los años sin probar carne, las bondades del Corán, la desesperación por volver...
«He pedido ayuda varias veces a la embajada española y no me han hecho caso», dijo dos o tres veces. Me costaba creerlo, pues España sólo tiene embajada desde hace unos meses. María insistía en que no podía salir del país por falta de dinero y de pasaporte. De Afganistán ninguna mujer, y menos casada, puede salir (aunque tenga dinero y pasaporte) sin permiso de su esposo, padres, hermanos y autoridades.
Algo no encajaba en la historia. Cualquier diplomático español de Kabul podía resolver en horas lo del dinero y el pasaporte. Conociéndolos, estoy convencido de que, si pudieran, lo habrían hecho. Ese no podía ser el problema. Si en ese momento Reyes pide voluntarios para ayudar y da el número de una cuenta bancaria, cosa que no hizo, esa misma noche se había resuelto lo del dinero. No lo hizo, pero tuvo el mismo efecto.
El jueves abría con una exclusiva. El empresario mallorquín Bartolomé Esberg se había ofrecido a pagar los billetes de María y su familia. «Lo importante no es la cantidad sino que una paisana va a ser atendida», dijo tras resistirse a hablar en la radio. «Si necesitan más ayuda, los abogados de nuestro grupo están a su disposición», añadió. En directo de nuevo, desde Afganistán, María le dio las gracias e intercambió abrazos con su hermana Rosa.
«Hay que creer en los finales felices y en la buena gente», concluyó Reyes en la despedida. «Ojalá podamos empezar así todas las noches».
© Mundinteractivos, S.A.

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