Jóvenes de las JERC repartieron condones en una manifestación ante el obispado de Barcelona el pasado 1 de diciembre. El día antes, en una reunión breve y gélida, Josep Lluís Carod-Rovira, deERCy conseller del Departament de Vicepresidència, comunicaba al equipo de la dirección general de Afers Religiosos, que en la etapa final del primer Govern tripartito había mejorado su relación con la Iglesia, que quedaba destituido.

La decisión de Carod implica el relevo del socialista Jordi López Camps. Su gestión ha sido muy bien considerada por las confesiones religiosas como en su día también lo fue la de Ignasi Garcia Clavel, primer responsable de la secretaría general de Afers Religiosos, que fue creada en la presidencia de Jordi Pujol y que aún hoy es un órgano único en el Estado de las autonomías. López Camps ha actuado, según explicó a La Vanguardia antes de su relevo, teniendo en cuenta, entre otros, estos criterios: "Garantizar el derecho constitucional a expresar públicamente la fe. Defender el pluralismo religioso. Promover un nuevo pacto de convivencia. Prestar atención específica al islam en clave catalana y europea. Aplicar una política de igualdad asimétrica que reconozca las aportaciones positivas que ha hecho y hace la Iglesia católica en nuestra sociedad, y también las aportaciones de las otras confesiones".

López Camps sustituyó a la entonces independiente Montserrat Coll cuando ERC dejó el Govern. Después, Coll se afilió a Esquerra Republicana. "Siempre - dijo- me dieron la máxima confianza y libertad. Por eso, cuando nos echaron decidí hacerme militante para devolver al partido esta confianza". Ahora Coll ha vuelto a ser nombrada directora general de Afers Religiosos. Fue el pasado martes, día del lío de las banderas.

Con el retorno de Afers Religiosos al ámbito competencial de Carod resurgen varios interrogantes. ¿Volverá a colocarse Carod una corona de espinas en un hipotético viaje a Jerusalén, lo que provocó malestar en la Iglesia, en el Vaticano e, incluso, en ámbitos agnósticos?

¿Se reabrirá la delegación que el Govern de Jordi Pujol abrió en Roma/ Vaticano y que el primer tripartito cerró mientras Afers Religiosos era dirigido por ERC? ¿Qué tipo de laicismo mantendrá ERC en Afers Religiosos? Esta apuesta predominó, sobre todo, en la etapa inicial de la anterior legislatura. Por ejemplo, ni Pasqual Maragall ni conseller alguno participaron en la beatificación del emblemático médico y sacerdote catalán Pere Tarrés, celebrada en Loreto y que fue muy vivida en Sarrià.

Las respuestas a estas preguntas hay que buscarlas en el genérico programa de la Entesa Nacional pel Progrés. Trata el hecho religioso en el epígrafe Laïcitat.Establece sus objetivos: "La laicidad ha de ser el principio que rija la convivencia ciudadana, impulse la construcción de un espacio público fundamentado en los derechos humanos, los valores de la pluralidad, la tolerancia activa y el respeto democrático para todas y cada una de las opciones filosóficas y religiosas personales". Señala estas actuaciones: "Procurar que el Estado facilite la máxima participación de la Generalitat en los órganos estatales con funciones atribuidas en materia de entidades religiosas, en su gestión y en los recursos; garantizar el respeto a la pluralidad de creencias religiosas y opciones de pensamiento y conciencia como expresión de la laicidad de las administraciones adoptando las medidas pertinentes; presentar al mundo local y al educativo guías de sugerencias de actuación ante la pluralidad de creencias".

Esta laicidad será aplicada con visión de ERC. Declaraciones de sus dirigentes dan luz a este enfoque. Carod pide a las confesiones religiosas que apoyen un pacto de laicidad. Carme Porta cree que la Iglesia católica ha de revisar su discurso. Josep Huguet pide la laicidad de la enseñanza para evitar conflictos. Joan Puigcercós reclama la laicidad del Estado y los valores republicanos. Jesús Maestro abona la laicidad de la Constitución europea. Josep Bargalló califica de regresivo proponer que la asignatura de religión cuente igual que las otras. Teresa Aragonés insiste en que el laicismo es la única garantía de respeto a la pluralidad de creencias y que la enseñanza pública ha de ser laica.