AZUL&ROSA / MI SEMANA
La Reina se enfrenta a su nuera
Son reinas pero también mujeres; son mujeres pero también madres, madres que acaban siendo suegras; suegras porque tienen nueras, esa otra mujer que no sólo les ha privado de la exclusividad del amor de un hijo sino que son capaces de desbaratar en un día lo que ella ha construido en años. ¿Cómo comprender a suegras y nueras? Imposible. Ambas desean lo mismo y diferente. Una, manejar al hijo; la otra, manejar al marido. Con armas diferentes. Pero, manejarlo, hasta la más tonta de las madres con cariño absorbente, pero cariño; la nuera, por el contrario, siendo muy hábil, pero, sobre todo, muy lista. Al final, la guerra, la guerra de dos mundos irreconciliables: el de la suegra y el de la nuera.
En España, la reina doña Sofía, como declaró en su día, intenta que la relación funcione. Al principio, más que ahora. Ya no la toma del brazo ni se lo echa por encima. ¿Existe un antes y un después? Después del dichoso chiste, me refiero. Puede. ¡Fue tan desagradable! ¡Fue tan fuerte! Pero la suegra real es una gran profesional y nunca dejará traslucir sus sentimientos. No lo hizo nunca. Ni tan siquiera cuando sus crisis matrimoniales. No le sucede lo mismo a la reina Margarita de Dinamarca. Acaba de enfrentarse, públicamente, a su nuera, la deliciosa y simpática Mary Donaldson, la abogada australiana, reconvertida, por matrimonio con el príncipe Federico, en princesa heredera consorte. Como Letizia Ortiz Rocasolano.
Nadie entiende qué ha podido pasar
La opinión pública danesa se encuentra desconcertada. Ignora los motivos del cambio, tan radical, entre suegra real y principesca nuera. A lo peor, es que Mary no es lo que parece. A diferencia de Letizia, que parece lo que es: una mujer con carácter. Dicen que, al igual que Rania de Jordania, la consorte parece haberse convertido en una fashion victim por su adicción a la alta costura, lo que ha disparado sus gastos personales, unos 2.500 euros diarios en incrementar su fondo de armario, según el periódico británico Sunday Telegraph. ¿Sabemos lo que gasta en ropa Letizia? En un Estado que presume de la transparencia de sus cuentas públicas, también ha irritado a los ciudadanos daneses, según el diario de Copenhague Extra Bladet, el dinero que Mary se está gastando en la remodelación de su residencia oficial. Cierto es que la soberana danesa nunca ha sentido la menor simpatía por las muchachas que su hijo elegía, una tras otra, como prometidas. Si el príncipe Felipe esgrimió como argumento, el día que comunicó a sus padres que se casaba, no estar dispuesto a que le estropearan el tercer noviazgo, a Federico, su madre se opuso no a tres, Katje Storkholm, Bettina Odum y María Montell, sino a otras diez. Es más, a lo largo de tres años, se negó a conocer a la mujer de quien su hijo y heredero se había enamorado de verdad. Incluso, a recibirla en palacio hasta semanas antes de la boda y a que participara en actos familiares por la sencilla razón de que «todavía no es de la familia». Fue tan inflexible que el primer día del 2004 (se casaron en mayo) Mary Donaldson lo pasó sola ante la negativa de la reina a que participara en la tradicional cena familiar. Siguió viviendo hasta el día de la boda en su piso de soltera y sin escolta. Por el contrario, Letizia, como recordarán nuestros lectores, fue acogida como la hija que todavía no era en la propia Zarzuela.
El contrato de la consorte... revisado a la baja
Mientras que en España se sigue desconociendo el contrato matrimonial (si es que existe) que pudo haberse redactado en vísperas de la boda de Felipe y Letizia, en Dinamarca todo el mundo conoce el que se firmó por el príncipe Federico y Mary Donaldson, por el mismo motivo. «Algo debe oler mal en Dinamarca» (Shakespeare) para que la inflexible e intransigente reina Margarita haya obligado a su hijo, el príncipe heredero, y según Carmen Villar Mir, corresponsal de Abc en Escandinavia, a firmar un nuevo contrato con cláusulas que nada tienen que ver con las incluidas anteriormente. Todas ellas referidas a un eventual divorcio de la pareja.
Para empezar, se ha reducido, sustancialmente, la cantidad fijada en el documento firmado en el año 2004 y que la pobre Mary recibiría si se divorciara. Tampoco tendrá derecho a una vivienda elegida por ella sino la que la reina tuviera a bien asignarle. El nuevo pacto incluye otras cláusulas igualmente duras y «que Mary no ha tenido más remedio que aceptar», según la periodista: las referidas a los hijos.
En esto no difieren mucho de las normas establecidas en todas las monarquías en caso de separación: los hijos habidos en el matrimonio quedan, siempre, bajo la potestad de la Corona y no pueden abandonar el país sin la autorización del Rey o la Reina.
Tal sucedió cuando el príncipe Carlos y Diana se divorciaron. O cuando lo hizo el rey Hussein de Muna.
¿Qué habrá hecho Mary Donaldson para que la real suegra haya decidido ser tan poco generosa con ella?
Después de la negativa del rey Carlos Gustavo de Suecia a autorizar la boda de su hija y heredera con su profesor de gimnasia, ¿se habrá arrepentido Margarita de haber consentido que su hijo Federico se casara con una simple abogada? Malos tiempos corren para los matrimonios desiguales en las casas reales.
CHSSSSS...
Sabían ustedes que cuando era cadete de la Academia General Militar de Zaragoza tuvo una novia, Rosa, que era modistilla, con quien se veía en la cafetería Río Club, de la avenida Requeté Aragonés, hoy Cinco de Marzo, y también en la tasca Félix (vinos y cacahuetes), donde les atendía un camarero llamado Pascual. ¿Se acordará? ... El pasado jueves 30, a las 12,30, se la vio en solitario (fuera se quedaron los escoltas) comprando en uno de los establecimientos de la cadena Mango, en la madrileña calle de Hermosilla. «¡Mira, mamá!», exclamó una niña a quien ella dirigió una mirada no precisamente amable. ¿Por qué le molesta que la reconozcan? Son las servidumbres del cargo ... Ya no te vemos comprando el pan como antes, le dijeron unos amigos. Pues no. No lo hago por mi hijo. Desde que se casó con quien lo hizo, no estaría bien ... Cuando le preguntan si se va a casar, siempre responde con las mismas enigmáticas palabras: mi proyecto es tan inmediato como lo puede ser el de un futuro lejano. ¿Está claro?
© Mundinteractivos, S.A.

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