La Coctelera

Caffè Reggio

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10 Diciembre 2006

"¿Será también el sol fascista?", de Plàcid García-Planas en La Vanguardia

Carrasco de la Rubia, único redactor fusilado en la historia de ´La Vanguardia´

En el Coliseum, la Paramount proyectaba Cogido en la trampa,con Gertrude Michael y George Murphy. En el Capitol, la Warner Bros estrenaba La que apostó su amor,con Bette Davis y George Brent. En el Fémina, la Metro Goldwyn Mayer presentaba Rose Marie,el musical de Jeanette Mc-Donald y Nelson Eddy.

A mediados de julio de 1936, el crítico de cine de La Vanguardia escribía sobre todo eso y sobre el fabuloso avance técnico y creativo que Pat Sullivan había logrado con Félix el Gato. Porque los primeros cartoons eran como el preludio de una libertad sin límites, una libertad casi libertaria.

"Los dibujos animados - comentaba fascinado Francisco Carrasco de la Rubia- han conseguido algo más que un regocijante perfeccionamiento en la técnica cinematográfica: es la consecución de un gran anhelo imposible de realizar, un anhelo formado por muchos anhelos pequeñitos que viven y han vivido siempre en el fondo de nuestros espíritus".

"Pat Sullivan - escribía- descubre un mundo novísimo del que han sido deportados, por cavernícolas, doña Lógica, doña Ley de Gravitación y todos los tiránicos conceptos de penetrabilidad de los cuerpos, elasticidad limitada, flotabilidad... ¿Cuántas veces hemos visto en las hazañas de Mickey Mouse la realización feliz y perfecta de un deseo que largamente atormentó nuestro espíritu?"

Diez días después de estas fantasías animadas se iniciaba el alzamiento militar, el choque fratricida. Y el crítico de cine fue enviado al frente de Aragón como corresponsal de guerra: de Félix el Gato a la columna Durruti en sesión continua, sin intermedio.

"Entre Bujaraloz y Gelsa nos dicen que tengamos cuidado, que desde las avanzadas de Quinto hacen fuego de cañón a los coches - narra en su segunda crónica desde el frente-. Efectivamente, cuando aún no hemos recorrido tres kilómetros una granada enemiga estalla a más de sesenta metros de nosotros. ¡Hay que tirar mejor, cobardes! Si no sabéis más que eso, me parece que podré seguir escribiendo tranquilamente estos reportajes. Bastante más miedo le tengo al chófer, que siempre me lleva cerca de los cien por hora, y muchas veces los rebasa. ´Eres un bárbaro´, le digo. Pero él se sonríe y pisa el acelerador a fondo".

Carrasco de la Rubia partió hacia el frente con espíritu fílmico pero sin cámara fotográfica para captar la lucha, y a finales de agosto regresó a Barcelona a por una cámara y un coche para moverse más a su aire por los Monegros y sus trincheras.

"Es probable - explica con una jeta de película- que el dueño del coche, que tras grandes esfuerzos logramos requisar, diga entre sus amigos que le han requisado un coche nuevo. Pero la verdad es que tenía las bujías podridas y oxidadas, el carburador obstruido, el disyuntor de la magneto quemado, el condensador estropeado... ¡Ah!, eso sí, el coche estaba lleno de medallas de San Cristóbal y otros santos por todas partes. Por lo visto, el conductor se encomendaba a ellos antes de salir de viaje, y los diez caballos trotaban lindamente...".

Nuestro reportero se pasó un par de meses recorriendo el frente aragonés con el coche requisado y la cámara fotográfica, que suponemos suya. "Vuela el coche por la carretera blanquecina - escribe un día-, y el aire que se cuela por las juntas de las puertas resbala por mi piel y la hace temblar. Son las cuatro de la madrugada, el día y la noche luchan, y el alba hace su aparición. Nuestro coche, que rueda a más de ochenta, va cortando la espesa niebla que a nuestro paso queda hecha jirones. Nos detenemos en los puestos de guardia, damos la consigna y seguimos adelante. Nos han dicho que a nuestras avanzadas ha llegado un perro con una carta y periódicos fascistas, y queremos ser los primeros en informar a nuestros lectores..."

A mediados de octubre dejó definitivamente el frente y regresó a Barcelona para seguir con sus críticas de cine.

Primero le tocó comentar el estreno del filme soviético La Patria te llama."En estos momentos de amarga realidad - escribía Carrasco de la Rubia-, después de haber sufrido la pérdida de Málaga, San Sebastián y Toledo, esta cinta nos recuerda que para ganar la guerra es necesario un ejército poderoso y disciplinado (...) Ahora bien, esta cinta nos demuestra la falta de preparación técnica de los cineastas rusos. Cuando los americanos, cansados ya de grabar el sonido con absoluta perfección, logran magníficos ensayos de color y realizan notables experiencias para conseguir la tercera dimensión, los rusos continúan filmando películas silenciosas, anticuadas, artísticamente mediocres".

Luego le tocó hablar del estreno de la película alemana Rosas negras. ¡Un grito de libertad!

"¿Un éxito de libertad filmado bajo la égida de Hitler?... - se preguntaba- Es una historieta de amor absurda y grotesca entre una bailarina pretuberculosa y un pseudorrevolucionario... Ya es hora de que las producciones alemanas no vuelvan a aparecer en nuestras pantallas. Eso estará bien en las ciudades que viven bajo el signo fascista. Pero en la Cataluña libertaria no tiene justificación posible. ¡O somos o no somos!".

Exactamente lo mismo decían los nacionales, que había que ser o no ser, y acabaron siendo ellos: ganaron la guerra y entraron en Barcelona el 26 de enero de 1939.

Carrasco de la Rubia, crítico de cine y reportero de guerra ocasional, optó por quedarse en la ciudad: estaba comprometido con una idea, pero no había participado en ningún tipo de violencia, ni había tenido cargos sindicales ni políticos. El 15 de febrero, sin embargo, fue detenido por los agentes del Servicio de Información y Policía Militar.

Fue juzgado y sentenciado a muerte.

En la causa militar se subrayaron bien subrayadas las crónicas que escribió desde los Monegros. "Fue voluntario al frente de Aragón como corresponsal de guerra - destacaba el tribunal-, haciendo con sus artículos una constante labor de envenenamiento, falseando la realidad, haciendo elogios de Durruti y otros jefes anarquistas, atacando el Movimiento Nacional e injuriando al Caudillo (...) ocupó un cargo en la Subsecretaría de Propaganda roja, sección de cine, en la que también desarrolló gran actividad en favor de la causa roja".

A Francisco Carrasco de la Rubia no lo mató la guerra. Lo mataron sus crónicas de guerra. Y su cine de guerra.

Fue ejecutado el 13 de mayo de 1939, junto a 18 personas más, en el Camp de la Bota de Barcelona. En el espacio que hoy ocupa el Fòrum. Tenía 34 años y fama de guapo.

Fue fusilado en la playa, con la extraña luz de la primera alba. Un fulminante The End contra toda lógica y toda gravitación. Como su admirado Pat Sullivan dibujando a Félix el Gato sobre celuloide... El sueño de la penetrabilidad de los cuerpos, la elasticidad ilimitada, la flotabilidad...

"Al producirse el milagro de la proyección - escribía sobre los dibujos animados en julio de 1936- vemos sobre la lona, prácticamente alcanzados, todos esos viejos deseos que nuestro cerebro rechazó siempre por atentar contra las inmutables leyes de la naturaleza y por anárquicos".

La luz de Hollywood en la pantalla y la luz de agosto en los Monegros.

"A la una de la tarde - relata un día desde el frente- el coche camina hacia Bujaraloz sobre una carretera de plomo derretido y bajo una lluvia de fuego que el sol proyecta implacablemente sobre nosotros. ¿Será también el sol fascista?, me pregunto calándome las gafas oscuras y cubriéndome la cabeza con sombrero de tela".

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