Petus Trásea, uno de los personajes más respetados en tiempos de Nerón y Séneca, hizo perder mucho tiempo a los senadores en un detalle que todos consideraban de una mínima, irrelevante importancia. El número de gladiadores en los juegos estaba limitado, para evitar dispendio inútil, pero los siracusanos tenían el derecho excepcional de sobrepasarlo, que el senado ratificó en primera instancia.
Pero Trásea se opuso, y de qué modo. "Con la de grandes asuntos por resolver, sobre la guerra y la paz, los tributos, las leyes, en fin, con tanto como afecta a la vida de los romanos y las provincias, y Trásea nos tiene condenados a discutir la minucia del privilegio de Siracusa... como si en los servicios de la administración del imperio hubiera un orden tan perfecto que fuera, no Nerón sino Trásea quien los condujera... si, además, las cuestiones capitales son despachadas sin preocuparse, con más razón debemos hacerlo con las nimiedades". Trásea, en sus trece, dejó llover la ola de críticas - que sólo le afectaba de modo un tanto indirecto-, para dar a la postre un pase maestro, una singular e irónica lección: "No hago tantas correcciones por ignorancia de la situación actual - dijo-, sino para honrar al Senado, pues así pongo de manifiesto, padres conscriptos, que no debéis ver con indiferencia los asuntos de primer orden, ya que tanta atención dedicáis a los de menor cuantía".
De menor cuantía, en efecto, puede calificarse la propuesta del conseller de Innovació, Josep Huguet, sobre el traslado de festivos intersemanales al lunes. Pero si no la discutimos en pleno megapuente, ¿cuándo encontraremos mejor ocasión? Además, el horno catalán no está para bollos de calibre, así que aprovecharemos el caramelo. Estoy de acuerdo, pero con matices, excepciones y alguna novedad. En primer lugar, y a fin de no forzar tanto las fechas tradicionales, las trasladaría al viernes o lunes más próximo, no sólo al lunes. Luego, movería también, como hacen algunos ayuntamientos, las fiestas fijas que caigan en domingo al lunes siguiente. Con las del sábado, habría que pensar si van al viernes (sobre el particular, encargaría un informe al senador Trásea), o si se quedan como están. Lo que es seguro, o por lo menos muy defendible, es el principio de contrapartida. Si se suprimen los puentes a fin de ser más competitivos, pues se compensa cambiando a laboral las fiestas que caigan en fin de semana o domingo.
¿Habría que hacer lo mismo con la Navidad, o respetar en este punto la tradición? Este año no habría problema, pues Navidad cae en lunes y Sant Esteve en martes. Mirando el calendario, podríamos estar discutiendo el tema navideño hasta el 2010, pues viene bastante rodado. Hasta el año siguiente, que Navidad cae en domingo, no habría que tomar grandes decisiones.
Tampoco hay ocasión de puente hasta el 2012, que cae en martes. En cuanto a la Semana Santa, ahí sí que la previsora prudencia secular de la Iglesia lo puso fácil a los actuales legisladores, pues con la excusa del calendario lunar, el Viernes Santo siempre cae en viernes (sin que haya habido quejas hasta el momento). El resto de las fechas de observancia religiosa no tienen la misma importancia social. Y con el multiculturalismo, cambiar un poquito cada bastantes años la Navidad y Sant Esteve tampoco sería grave. Recordemos que los romanos ya celebraban unas fiestas en las fechas navideñas, naturalmente paganas, de carácter verdaderamente jocoso y desenfadado.
Ahora bien, yendo a lo poco que nos queda fuera del ámbito de los que mandan, ¿qué hacemos con Fin de Año? El San Silvestre que está al venir se porta bien, pues cae en lunes. Sin embargo, avanza un día de la semana por año. Luego, es innumerable la gente que se guarda unos días de vacaciones para esas fechas, y los usa para combinarlos con las fiestas, para así, rellenando huecos, aprovechar al máximo los días de asueto. A todos ellos, la inmensa mayoría, un perjuicio escondido bajo una propuesta de eficiencia. Pero bueno, puestos a ir a fondo en tan fiero asunto, bien podrían nuestras instituciones resarcirse avanzando un poco más allá. Cuando Fin de Año caiga en martes, pues se traslada, al lunes anterior, por poner un ejemplo, la fiesta de la Inmaculada Concepción. A fin de repartir las cargas entre Iglesia y Estado, y entre la Administración central y la autonómica, cuando caiga en miércoles, pues se cambia la Diada de l´Onze de Setembre y la fiesta de la Constitución, al lunes y martes anterior o, todavía mejor, al jueves y viernes posterior.
Al tiempo, puestos a proponer, habría que ir pensando en una fiesta de la Unión Europea, laica, popular, no estatalista. Uno de los secretos del éxito de Roma fue copiar lo más sobresaliente de cada pueblo, de unos el valor, de los macedonios las técnicas militares de la falange, de los griegos la cultura, para así convertirse en suma dominante de virtudes. Trásea recomendaría un día de Europa parecido al americano de Acción de Gracias.

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