VII GUERRAS EN LA MEMORIA DE LA VANGUARDIA
"Lleva una mochila llena de bombas y quiere marchar hacia el enemigo"
Ninguna guerra da más noticia al corresponsal que la guerra muerta.
El tiempo deshuesa el campo de batalla y aparece la más profunda de las informaciones, y pocos campos siguen tan de cuerpo presente como Belchite, comarca del Campo de Belchite. Ninguna ruina viva está tan muerta... ¿o será que ninguna ruina muerta sigue tan viva?
La Vanguardia, que tantos finales ha descrito, escribió este primer estertor.
"Desde poco antes de medianoche comenzaron a oírse los estampidos roncos y secos de los cañones que vomitaban fuego y metralla sobre el enemigo - relataba en verano de 1936 nuestro corresponsal en el frente de Aragón-. Al amanecer se intensificó el fuego de nuestra artillería sobre Belchite, y un poco más tarde vimos pasar una escuadrilla de aviones que bombardeó las posiciones de Quinto a su paso hacia Belchite".
Setenta años después, los "estampidos roncos y secos" de una wagneriana tormenta de verano reciben a este corresponsal de guerras muertas, y aquí empieza la noticia: una lluvia torrencial deshace el ladillo de las altas torres mudéjares como helados lamidos por una fuerza que no podemos abarcar.
La inmensidad lamiendo la torre de San Agustín, que vio morir a cientos de brigadistas internacionales. Lamiendo la torre de San Martín, que soportó las descargas de la artillería republicana.
Aparte de las descargas, esta tarde celestiales, por aquí no hay nadie, sólo un chico y una chica. Se acercan.
- En la carretera hemos visto que vendían un chalet adosado por reformar y hemos entrado - ironiza él bajo los arcos del convento de San Agustín, donde el batallón Lincoln perdió la mitad de sus hombres y con los muros adosados hoy a la desaparición-.
Él viene de Zaragoza y es diseñador gráfico. Ha venido para enseñarle Belchite a ella, y es una pena que la pareja se esfume sin que me dé tiempo a preguntarles el nombre - y demostrar que no son espectros- porque ella es del sitio ideal para cuadrar este reportaje: de Benidorm, que es - con Marina d´Or, ciudad de vacaciones todo el año- lo más antibelchite de la ibérica península. O quizá no: bien pensado, quizá sea todo un mismo empastado de ruinas.
"Antes del amanecer comenzaron los disparos de cañón y ametralladora - relataba Francisco Carrasco de la Rubia-. Los hombres del general Ortiz, cuyo espíritu combativo es algo inenarrable, lucharon bravamente en la toma de Belchite, causándole al enemigo numerosísimas bajas y haciéndole huir desordenadamente, abandonando armas y heridos, presos del mayor terror. Los que no tuvieron tiempo de emprender la retirada se refugiaron en el Seminario y en la cárcel, en donde sólo les espera la muerte. Ellos mismos se han metido en la ratonera".
Ya antes de que la guerra terminara, el bando franquista decidió mantener las ruinas de Belchite intactas, sin arrasarlo con la piqueta ni conservarlo como monumento.
"Cuando la guerra acabe - afirmaba un clérigo natural de Belchite-, se impondrá en las escuelas nacionales una obligada excursión de los niños mayorcitos y una conferencia de sus maestros sobre el simbolismo de tan santas y preciosas ruinas".
El resultado es intensamente extraño, un chocante monumento al paso del tiempo y la desidia, porque la guerra destruyó un tercio de Belchite y ahora las "tan santas y preciosas ruinas" devoran todo el pueblo.
- Esta dejadez es muy de Aragón - afirma el diseñador de Zaragoza-.
La chica de Benidorm no abre la boca ante el espectáculo, tan irreal visto desde su costa inmobiliaria.
¿Y si no es dejadez? ¿Y si hay una intuición baturra e inexplicable? ¿Y si lo mejor para explicar todo no es congelar las ruinas sino dejar que la naturaleza las consuma en un radical acto de vanguardia patrimonial?
Al fin y al cabo - dicen los científicos- dentro de cinco mil millones de años el sol estallará y se llevará por delante todo su sistema, planeta tierra incluido.
De momento, y para ir avanzando en el futuro, desde las ruinas se contempla el campanario del nuevo Belchite - obra del arquitecto Manuel Martínez de Ubago- y la torre parece un auténtico minarete.
Pero regresemos al verano de 1936.
Camino de Belchite, Gelsa y Quinto, y entre Gelsa y Quinto, el Ebro. "Marchamos por las avanzadillas para tomar una foto del puente - explicaba nuestro corresponsal-. Tomando mil precauciones, arrastrándonos por entre las cañas de maíz y por los bordes de las acequias, entramos en terreno enemigo. Llevamos los cañones de los fusiles hacia abajo para que no puedan ser heridos por el sol y denunciarnos con su brillo: también nos quitamos los cascos que nos protegen las cabezas, y nos los colgamos del brazo. Avanzamos lentamente. Antes de dar un paso oteamos cuidadosamente a nuestro alrededor para evitar una emboscada. Frente a nosotros divisamos varios nidos de ametralladora. Con los prismáticos vemos grupos aislados, soldados y paisanos tocados con la boina roja. El puente, lo que queda del puente, está a nuestra derecha. Sólo quedan en pie dos pilares. Arrastrándome, avanzo unos metros y preparo la cámara. Pero los facciosos, que deben haberme visto, disparan con fuego de fusilería contra mí, tocando las balas el suelo a unos cinco metros. Quizá imprudentemente, me arrodillo sobre la tierra y hago otra foto más".
La misma imprudencia que adoptan hoy los turistas del día tomando fotos y los paraturistas de la noche grabando psicofonías en la oscuridad de unas bellísimas torres mudéjares que en cualquier momento pueden caer abatidas por la más fascista, anarquista y demócrata de las artillerías: el tiempo que no se detiene.
Nadie hace caso de los carteles que prohíben entrar y advierten del peligro de que te caiga encima no sé, un arco barroco, por poner un ejemplo arquitectónico.
Curioso país España: hay más empeño en grabar las voces de gente muerta que no sabemos si alguna vez existió que grabar las voces de gente viva que sí sabemos que un día morirá y se llevará a la tumba sus historias de Belchite.
"En el frente hace mucho frío, mucho - explicaba nuestro corresponsal-. Este airecillo que viene del Moncayo, fino y agudo como una daga florentina, atraviesa la piel y escuece como una quemadura".
Los gestos heroicos, rayando el fanatismo, abundaron en los dos bandos.
"Durante unos instantes - escribía Francisco Carrasco de la Rubia- hablo con un joven que lleva una mochila completamente llena de bombas, un joven que a toda costa quiere marchar hacia el enemigo, que se está haciendo fuerte en Belchite. Como él, todos quieren marchar hacia Belchite".
Suena como muy actual: mochilas llenas de bombas.
Yes que pocas embestidas hay en esta piel de toro tan jamona y psicofónica - la frase me sale un poco larga, pero llegados a este punto la deconstrucción narrativa es ya irreversible-... pocas embestidas, decía, como entrar en la iglesia de San Martín de Tours empapado bajo una brutal tormenta de verano, ver el cielo de la iglesia consagrada a las fuerzas de la intemperie y leer la copla escrita en la puerta con brocha gorda y letras que se deslizan como hielo por el espinazo...
Pueblo viejo de Belchite ya no te rondan zagales ya no se oirán las jotas que cantaban nuestros padres...

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