De la Vega escuchará esas 'chorradas', de Víctor de la Serna en El Mundo
LA POLÉMICA NACIONAL: SEMANA DE CONSTITUCION Y DE BANDERAS
Ni se saludaron, pero puede que Zapatero y Rajoy hayan abierto al fin algún -tortuoso y arduo, sin duda- camino a unas reformas constitucionales que quizá hasta refuercen a España en vez de desmembrarla.
Dos días después de que el egregio 'Pepe' Blanco definiese como «chorradas» las propuestas de reforma constitucional hechas por Mariano Rajoy, va el Gobierno del PSOE y anuncia -titular a todo trapo en El País- que «acepta negociar una reforma más amplia de la Constitución», y además hace saber a través de su órgano oficioso que será María Teresa Fernández de la Vega la que abrirá la negociación escuchando «con especial atención» esas propuestas del PP; aunque sea haciendo de tripas corazón ante ese partido con trastornos de personalidad, doble moral y demás.
Así que ya tienen servida la polémica nacional de la semana: Blanco frente a Fernández de la Vega, el secretario de Organización frente a la vicepresidenta... El PSOE frente a sí mismo, vamos. Nada podría ilustrar mejor el estado de desconcierto, entre la temblequera y la catalepsia, en que se encuentra el más viejo partido político español ante el caos creado por él mismo con su espasmódica dirección de la nave del Estado, en su recorrido hacia ninguna parte, desde hace 32 meses.
La Constitución, reformada de facto por textos legales como el Estatuto de Cataluña, llegaba muy tullida, la pobre, a su 28º cumpleaños el miércoles pasado. En La Razón se resaltaban, con acierto, las palabras del ex presidente Leopoldo Calvo-Sotelo en el acto institucional: «No estamos aquí para celebrar el aniversario de la Constitución, sino para defenderla».
Exactamente por ahí (En defensa de la Constitución) iba el titular del editorial de ABC, que resaltaba la «discordia» que han promovido los socialistas, quienes -para más inri- han «puesto de umbral a este último aniversario constitucional un documento que reivindica la Constitución de la II República y la laicidad como las fuentes del actual ordenamiento».
Por su parte, El Periódico de Catalunya, portavoz oficioso del tripartito, prefería recordar ausencias pasadas en la fiesta de Madrid y subrayar la «dosis de normalidad» que suponía la presencia de José Montilla, que «debe entenderse como un rechazo hacia quienes han visto en Cataluña a un adversario».
EL MUNDO alababa el mensaje de Rajoy porque «criticó el Estado autonómico que está auspiciando el PSOE aprovechando las reformas de los estatutos, ya que, en el fondo, lo que se está haciendo es redefinir España 'en contra de la voluntad de muchísimos españoles'».
En El País, el habitual silencio editorial. Pero Máximo, en su Diario Regio, expresa así una de las urgencias constitucionales: «Por un lado no tienen prisa. Por otro se extiende la pausa...Imaginemos que sin prisa, sin prisa, nos llega una tercera hija de los Príncipes... ¡Estupendo! Pero ¿y si, en esta deslizante pausa de lago de los cisnes, nos nace un varón? ¿Sonarían en ambas cámaras campanillas de retroactividad? El presunto niño, ¿se disputaría con Leonor el derecho a un trono? ¿Asistiríamos a un anacrónico combate de legitimidades excelsas, legalidad transpuntual y cuento de hadas? No se sabe y nadie contesta».
Y todo con el trasfondo bien simbólico de las banderas que ondean o dejan de ondear en Cataluña. Como observa Sacha Baron Cohen en Borat, refiriéndose a una tienda de antigüedades del sur profundo de Estados Unidos, ¡hay que ver la cantidad de banderas por doquier! Aparte de que aquéllas son las aspadas de la Confederación sureña y éstas llevan rojo y amarillo en dosis variables, el nivel de obsesión por la tela de colores al que hemos llegado aquí, y por los mismos motivos que allá -el nacionalismo decimonónico- es similar. Por cierto: es curioso que, salvo algún parlanchín radiofónico, nadie haya insistido en que la que al final colgó Puigcercós -tres bandas sin más- no era la legal, la de la ley 39 de 1981: ¡Le faltaba el escudo!
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