La Coctelera

Caffè Reggio

Un lugar de encuentro, para leer juntos

8 Diciembre 2006

Fiestas y mas fiestas, de Mario Bango en La Voz de Asturias

Como los españoles dejamos todo para el final, la semana que viene es la de más trabajo del año porque entre tantas fiestas el mes de diciembre queda reducido, en la práctica, a esos pocos días en los que hay que cerrar balance, gastar lo que quede de remanente en los presupuestos, organizar las cenas con los amigos, con los compañeros y con otros compromisos adquiridos y prepararse para los apuros de Navidad. Por eso hay que proponer a la comisión esa que estudia el horario de los españoles para adaptarlo a Europa, que en realidad lo que tenían que hacer los europeos es adaptarse a España, el país con más días festivos por año. Días que además no cuadran igual en todas las comunidades en función de los criterios de cada una, aparte de los dos días anuales que cada municipio puede declarar festivo también con cualquier motivo por peregrino que sea.

Si había alguna duda que el nuestro es uno de los mejores para vivir y disfrutar, aunque de vez en cuando y en un momento de despiste haya que soportar la bronca política de los telediarios entre Zapatero y Rajoy, Acebes y López Garrido, Carod Rovira y Artur Mas, Otegui e Ibarretxe, la amplia cobertura de días exentos de trabajo confirma que es verdad. Ya quisieran en Islandia, el paraíso de los nuevos ricos, o en Suecia, tan modernos, o en Alemania, trabajadores ellos, disfrutar de este calendario que te da respiros cada poco y te propone puentes tan largos como el de esta semana. Y eso sin contar que los lunes llega el personal agotado del fin de semana y el viernes escapamos en cuanto podemos camino de esa segunda casa en la sierra, en la costa o en el pueblo del suegro o la suegra.

NO ES de extrañar que con una organización festiva tan acabada a los europeos les parezca esto jauja y compren apartamentos, villitas y lo que se les tercie a la vera del mar Mediterráneo, donde la temperatura y el sol rozan la perfección, para abandonar lugares tan aburridos como fríos, aunque, eso sí, mucho más productivos. Pero aparte de los topicazos sobre quienes trabajan más o menos, sí es cierto que en España vivimos por encima de nuestras posibilidades. Eso es tan obvio como que cada día estamos más endeudados y que la economía parece boyante gracias al consumo interno y a la construcción, no a nuestra capacidad de innovación, ni a la venta de royalties, ni a una industria extraordinariamente competitiva. Y a eso hay que añadir que nuestro mejor producto es el turismo que, en realidad, depende de las condiciones naturales y que, a pasos agigantados, estamos ahogando con tanta presión urbanística sobre el sobreexplotado Mare Nostrum.

Pues bien ese país que se pasa medio año de fiesta, que vive por encima de sus posibilidades, que tiene una tendencia natural a la chapuza, en el que la corrupción es cada día más evidente, donde las mafias viven con comodidad, en el que se malgasta el dinero público con una alegría que da vértigo, parece también capaz de lo mejor. Hoy hay millones de españoles muy bien preparados que trabajan con intensidad y con honradez, pese a lo mal vistas que están ambas cosas en un lugar en el que defraudar a la hacienda pública era tenido como una conquista y no como una desgracia. En el que los especialistas en el escaqueo --muchos de ellos amparados bajo unas siglas que le permita liberarse de la pesada carga de ir día a día al curro-- reciben homenajes. en el que muchos prefieren impedir avanzar a los demás por pura envidia antes que ocuparse de progresar por sí mismos. En el que unos cuantos de los que se dedican profesionalmente a la política son el mejor ejemplo de la incompetencia, la mediocridad y la cara dura y además reciben entusiasmados apoyos por ello desde púlpitos y papeles impresos. Un sitio en el que la mentira organizada es un éxito casi siempre para desesperación de la mucha buena gente que soporta todo eso con buena cara y con la esperanza de que algún día seamos homologables a nuestro entorno.

La España de la pandereta parece que se impone aunque la gente sensata y razonable nos advierta de que vamos camino del estrelladero a toda velocidad y sin que nadie se ocupe del rumbo. Quién va a pensar en el mañana cuando somos los menos ahorradores del mundo occidental? A quién le preocupa que dentro de unos años estemos como Argentina por deudores y malgastadores? Todos damos por supuesto que nuestra pertenencia al club de los nuevos ricos es irreversible y que la Unión Europea nos arropará, pero casi nadie cae en la cuenta que hemos sido históricamente pobres y periféricos salvo en periodos muy escasos y algo me da que estamos viviendo uno de ellos pero que como todos los ciclos, tendrá su fin.

MENOS MAL que incluso en los tiempos más negros, en aquella España del XIX y del XX, atrasada y analfabeta, la simpatía y las ganas de fiesta fueron siempre incorregibles. Por lo tanto ahora que pasamos por una época boyante, que tenemos a nuestro Solana bien colocado en Bruselas y a nuestro Rato en el meollo del capitalismo, que aspiramos a ser algo más que una mera referencia divertida en los periódicos del mundo por los toros, la sangría, la vitalidad, es el momento de plantearse el futuro con un poco más de seriedad, aunque sea en el medio de las fiestas.

Mario Bango. Periodista.

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