Han vuelto a subir los tipos de interés en la zona euro, otro cuarto de punto adicional. Era lo esperado, aunque esta vez lo veía con menos claridad un sector algo más amplio del colectivo de analistas que en ocasiones anteriores, en las que la unanimidad estaba más alineada con las autoridades monetarias. El 3,50% de interés, tras la sexta subida en unos pocos meses (alrededor de un año), no es del todo mala para España, con una economía algo recalentada y un mercado inmobiliario desbocado y con signos todavía tenues de moderación.

El 3,50% de interés en las base de la pirámide monetaria no asusta a casi nadie, excepto a los novatos. Decía hace poco un alto cargo de la Administración que buena parte de los españoles que tienen hipotecas vivas, y que las tomaron hace algunos años, han atravesado sin problemas de pago situaciones anteriores al año 2002 en las que los tipos de interés estaban en torno al 5% y, en años anteriores, aun por encima.

También hay que considerar el hecho de que algunos de esos españoles aprovecharon las posteriores rebajas de los tipos de interés para incrementar su endeudamiento posiblemente manteniendo las cuotas mensuales más o menos estables, tras mejorar la vivienda (es decir, asumiendo una hipoteca de mayor cuantía) o incrementando sus gastos mediante una mayor financiación al consumo. En cualquier caso, un punto y medio de subida del coste financiero en unos pocos meses es una llamada de atención suficientemente creíble y significativa como para que la gente, en especial aquellos que están cerca de los límites de sus posibilidades de pago, se lo tome en serio.

La subida de tipos no parece que vaya a ser la última, pero el final de la escalada no debe estar lejano. En Estados Unidos, la escalada de tipos ha llegado al 5,25% en junio y ahí se ha quedado. Los responsables del banco central norteamericano se esfuerzan en asegurar que estos niveles de tipos de interés son susceptibles de aumentar, con lo que tratan de ahuyentar esas expectativas que manejan desde hace unos meses muchos analistas que llevan pronosticando el inicio del camino de retorno, es decir, de bajadas de tipos, de forma más o menos inminente.

El hecho de que Estados Unidos haya llegado al 5,25% de tipo básico no significa que ésa vaya a ser la frontera a la que se enfrentan los tipos de interés en Europa. No necesariamente. La economía europea atraviesa aún una fase de clara debilidad, con crecimientos del PIB en alza pero muy alejados de los que alcanzaron en Estados Unidos durante la fase de tipos en mínimos históricos. Parece probable que el Banco Central Europeo extreme las cautelas a la hora de subir los tipos de interés por encima de los niveles actuales, no sólo debido a la modesta tasa de crecimiento de la economía sino al hecho de que la inflación se mantiene baja, por debajo del objetivo del 2%, y sobre todo a la más reciente fase de fortaleza del euro.

No pocos analistas han subrayado en las últimas semanas que la subida del valor del euro frente al dólar (un 4% en las últimas semanas) era de por sí un argumento más que suficiente para aconsejar un aplazamiento en las subidas de los tipos de interés. La subida del euro frente al dólar se ha convertido en un instrumento muy válido de lucha contra la inflación en la Eurozona. El máximo responsable del BCE ha dicho en los últimos meses que subiría los tipos hasta el nivel actual. Pero, vista la evolución del euro, quizás nadie le obligaba a mantener unas promesas que el desarrollo de los acontecimientos más recientes en los mercados de cambios habían invalidado en buena medida. No hubiera habido una pérdida de credibilidad en el mensaje del Banco Central Europeo si se hubieran aplazado las subidas de tipos, al menos esta última. Los mercados de divisas, bastante autónomos en su trayectoria, son lo suficientemente eficaces para modelar las políticas monetarias sustituyendo las decisiones de las autoridades. Aunque sea de forma temporal. Siempre hay tiempo para corregir.