La Coctelera

Caffè Reggio

Un lugar de encuentro, para leer juntos

8 Diciembre 2006

Ahora, Ovidio Sánchez dice que va a apostar por un Estatuto de máximos, del Editorial en El Comentario

Ovidio Sánchez aprovecha el parántesis de la Constitución Inmaculada para darle vueltas al Estatuto, y al paso que vamos, pronto podremos seguirle el juego a los dirigentes de Izquierda Unida, que tras convertir el Comité Central del Partido Comunista de Asturias, en Comité Nacional del Partido Comunista de Asturias, se fueron a un restaurante de la capital de la nueva Nación -Oviedo por el momento- y decidieron la lista para las próximas elecciones, en un ejercicio de democracia sin precedentes.

Podemos asegurarles que ningún motivo de orden metafísico nos mueve, cuando nos cabreamos con estos ex comunistas asturianos pasados al culto al ladrillo, porque se convierten en nacionalistas, y se dedican a intentar pescar votos en ese sector de la política asturiana, que a base de invocarlo, acabará por lograr carta de naturaleza. En general, la idea que tenemos al respecto, es que en la era de las multinacionales, cuanto más pequeño sea un Estado, más débil es ante las pretensiones de los grupos de poder del capitalismo globalizado, y si resulta difícil para la aún inexistente -políticamente hablando- Unión Europea, resistirse al poder de la Mitsubishi o de Microsoft, si España es un ente cada vez más débil, qué no ocurrirá cuando seamos una más de las pequeñas naciones independizadas de la Nación Española, una vez que José Luis Rodríguez Zapatero haya conseguido que los partidos vascos hayan consagrado el famoso derecho "a decidir", del que también hablan ahora los excomunistas asturianos, como es el caso del escribidor oficial del churruquismo llamazariego, el estalinista José Ángel del Valle Lavandera, que ayer mismo se refería a estas cosas, en un artículo en La Nueva España, en el que decía lo siguiente: Resultaría absurdo defender en nuestro proyecto del nuevo Estatuto de autonomía la capacidad de la libre decisión de los asturianos, y tener un Partido, que es el que junto la sociedad civil asturiana tiene que llevarlo adelante, incapaz de entender este proceso. Igualico, igualico que Arnaldo Otegui, igualico que Iósiv Zissariónovich Dzugahsvihli, "Stalin", que encontró muy interesante darle impulso a las tesis de Vladimir Uliánov, sobre la necesidad de un fuerte partido, en el que él tuviese el poder absoluto, a pesar de que la revolución fuese ya un sueño imposible, una vez que se demostró que el mundo no iba en esa dirección, y a los ex revolucionarios que se quedaron con el partido de Lenin, les legaba el momento de decidir que hacían con aquella herencia imposible, con León Trotsky, el único defensor ya de la idea de la revolución mundial, en fuera de juego. Había nacido el nacionalismo-socialista que inspira hoy la "revolución vasca" de Otegui y los suyos, que en nada, salvo en los símbolos, se diferenciaba del nacionalsocialismo germánico. ¿Alguien olvidó ya la persecución de los judíos o los georgianos en la Unión Soviética de Stalin? Muchos se olvidan de la limpieza étnica que emprendieron los nacionalistas-socialistas vascs.

Sólo la pluma más cínica, puesta al servicio de los intereses más inconfesables, puede hablar del "derecho a decidir" de los lituanos, los vascos, los kurdos o los asturianos, y luego adoptar las resoluciones sobre su propio grupo político en una taberna, entre los cuatro caciquillos que controlan el gallinero, al margen de cualquier debate democrático, es decir, colectivo. Pero desgraciadamente esto es siempre así. Se habla de europeos, españoles, asturianos y yerbatos, con una alegría impresionante, cuando de lo que se trata es de tomar el control de los recursos de la administración, y ponerlos al servicio del poder personal, con una alegría que impresiona, porque en el fondo lo que se hace es utilizar las pasiones nacionales, como un mecanismo para barrer al oponente en una peligrosa marea de irracionalidad, y así mejor imponer los intereses particulares sobre los generales.

Los más denostados tiranos del siglo XX, Adolfo Hitler, Benito Mussolini, Francisco Franco o el propio José -Iósiv- Stalin, tuvieron muchas cosas en común: convirtieron la nación en el sujeto metafísico de decisión que se apoyaba en las pasiones populares más elementales desde el punto de vista intelectual, para cimentar un poder eminentemente personal, que se consolidó con una enorme represión de cualquier atisbo de discrepancia. Ninguna tiranía es absoluta -pues hasta en la alemania de Hitler había órganos deliberantes- y ninguna democracia es tampoco absoluta, pues las imperfecciones de cualquier sistema democrático como la democracia de partidos que en España se administra en las tabernas, son también evidentes, pero en el debate entre ambos modelos, está el camino hacia la mayor participación posible de los ciudadanos en la toma de las decisiones que les afectan, lo que no garantiza que sean las mejores, pero sí las más democráticas. La democracia es, por lo tanto, una aspiración, no un fin en si mismo que resulte realizable en el mundo de la realidad; un camino hacia una sociedad mejor, que también puede serlo hacia otra peor, si los propios ciudadanos se automarginan del control de las cuestiones que les afectan.

El rumbo que adoptó la política en la España de hoy, hace que el debate democrático en las comunidades autónomas como la nuestra, resulte imprescindible, pues la fuerza que está tomando el "derecho vasco" a decidir independizarse de lo que queda de España, el "derecho catalán" a decidir quedarse con una gran parte de los recursos del Estado a cuenta de su Estatuto que impone condiciones económicas al Estado, el "derecho andaluz" como "realidad nacional" a recibir financiación priveligiada por su población, y hasta el "derecho gallego" a adpotar un huso horario que les sitúe en la hora portuguesa, debe llevarnos a concluir que el retraso asturiano en el debate de nuestro propio Estatuto de Autonomía, resulta mucho más preocupante de lo que hasta ahora ha querido reconocer el lider asturiano del PP, más volcado en disfrutar de la envidiable posición que le otorga la vida en una situación como la suya, en la que puede gozar de varios sueldos y no pocas sinecuras, sin tener que enfrentarse a incómodos compromisos, como tener que defender a los asturianos de los planes del gobierno para la "regasificación" generalizada, reclamar que el AVE que Francisco Álvarez-Cascos planificó para Asturias pueda llegar algún día por los túneles de Pajares o adoptar una posición seria y elaborada sobre el Estatuto de Autonomía que necesita el Principado, para que los asturianos podamos sobrevivir, de alguna manera que resulte razonable, en medio del desconcierto español.

Hablemos claro, nada tiene que ver el buen gobierno, ni con la cultura, ni con el folklore ni con el "espíritu primiegenio" -el Urgeist- que alentaba las pulsiones nacifascistas de Hitler, Mussolini, Franco o Sabino Arana. El buen gobierno tiene que ver con otras cosas. Pero la realidad es la realidad, y el "espíritu primigenio" de Cataluña, el País Vasco, Valencia, Baleares, Andalucía y Galicia se ha cobrado ya como primera víctima, la posibilidad de una España unitaria y bien gobernada, que administre los recursos en función de las necesidades de la población que habita en los diversos territorios, como el asturiano, en donde se están acabando las últimas aportaciones extraordinarias que deberían haber paliado las consecuencias de la transición de la economía del carbón y del acero, a una sociedad desindustrializada. Carecemos del modelo de futuro que garantice una convivencia razonable entre los ciudadanos del Principado, puesto que las decisiones estratégicas, como las de carácter urbanístico o la construcción de una aberrante modelo energético, nos vienen dadas por los cuatro amigos de las cúpulas del PSOE, del PP y de IU que están tomando estas decisiones también en las tabernas, en comandita con la oligarquía económica y los intermediarios clandestinos, y no en la Junta General del Principado, ante el conjunto de la ciudadanía.

Por eso, y más allá de las declaraciones huecas y retóricas de Ovidio Sánchez sobre el Estatuto, que recoge hoy La Nueva España -los populares ya anunciaron que apostarían por una reforma «de máximos» tras las elecciones-, debemos exigir que ese partido político, como los demás, nos expliquen en qué consisten sus propuestas en general, y en el caso del PP en partícular, en qué consiste esa "reforma de máximos", para que todos sepamos de qué están hablando, él y los demás, para que electoralmente podamos tomar nuestras decisiones, que pueden ser muy variadas.

Los asturianos estamos hartos de tanto engaño y tanto juego con nuestro futuro, y harían muy mal nuestros actuales dirigentes, en ignorar que una ciudadanía cansada de comprobar cómo se nos engaña sistemáticamente, cómo se nos hurta el debate sobre las cuestiones esenciales, puede dar grandes sustos a sus dirigentes, pues en Asturias, y ante las próximas elecciones, pueden suceder muchas cosas, tal y como se demuestra con la proliferación de manifestaciones cívicas que se están sucediendo al margen de la política establecida.

Enlace

servido por caffereggio sin comentarios compártelo

sin comentarios · Escribe aquí tu comentario

Escribe tu comentario


Sobre mí

Lector de artículos de opinión, sobre política y economía, que cree que este mundo podría tener arreglo si dialogásemos más

Estadísticas

Fotos

caffereggio todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera