TRIBUNA
Una de las referencias míticas de mi generación es el filme de Stanley Kubrick 2001 odisea del espacio,basada en un relato de Arthur C. Clarke. Aunque los grandes temas sean sobre todo las relaciones entre los humanos y un destino tal vez guiado por alguna fuerza superior respecto a la cual caben múltiples hipótesis, por un lado, y por otra las interacciones entre humanos y máquinas de creciente complejidad y sofisticación, siempre me ha llamado la atención cómo se escenifica la presencia del designio del destino:en la primera escena aparecen dos grupos tribales de simios peleando por el control de un activo tal valioso para la supervivencia como una charca de agua, y una de las tribus recibe la inspiración para crear las armas y dominar el acceso al agua... y luego el mundo y el espacio.
Hace unas semanas, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) presentaba su habitual edición de los cálculos acerca del índice de desarrollo humano (IDH), en que, además de documentar tendencias hacia una creciente desigualdad no justificable en diferencias de talento o productividad, se presentaba un completo, complejo y preocupante análisis de la situación del agua en el mundo. Desde su disponibilidad con relación a una creciente demanda, a las dificultades y desigualdades enormes en el acceso a ella en condiciones de salubridad y calidad y su papel como mecanismo que, según como se hagan las cosas, puede ser promotor o retardador del desarrollo, afectando tanto a la calidad de vida - a menudo sencillamente a la vida- y a la viabilidad de explotaciones o empresas. Desde los mecanismos para su eficaz administración, a menudo vinculadas a sabios y cooperativos sistemas ancestrales, hasta las ineficiencias y despilfarros asociados a improvisaciones irresponsables, dinámicas de enriquecimiento insostenibles, o a asimetrías en el control del agua que, a menudo, son un ingrediente importante de posiciones de poder utilizadas con más frecuencia para reforzar intereses minoritarios en detrimento de los más generales del conjunto de la sociedad.
Nosé si será exagerado afirmar que desde hace tiempo estamos en una situación mundial de conflicto difuso o guerras de baja intensidad que se cuentan por decenas y que no siempre reciben atención mediática más allá de los episodios más dramáticos en que el factor de fondo es el agua, además de los asociados a control de hidrocarburos u oleoductos. Prueben a buscar las localizaciones de determinados asentamientos o la evolución de la disponibilidades hídricas en África.
El informe del PNUD es especialmente amargo cuando contrapone las enormes dificultades sociopolíticas para gestionar adecuadamente el agua en nuestro planeta - como reconocimiento de su importancia para la vida- con los grandes recursos destinados a proyectos de vuelos espaciales en la próxima década para detectar vestigios de este preciado elemento en las lunas de Júpiter... en el mismo entorno en que transcurre la parte final de la Odisea de Kubrick.
La humanidad tiene ahora la enorme odisea de pasar a una economía y una sociedad globales que puedan generar riqueza y bienestar y distribuirlo razonablemente. Se habla mucho, con razón, del potencial de eficiencia, del papel creciente de la innovación y de las tecnologías modernas y de la virtualidad.Pero no debemos olvidar la base material más elemental, como el agua si no queremos que vayan in crescendo conflictos que pueden tener el riesgo de acabar de la misma forma en que empezaba la película de Kubrick.

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